Chipiona (Cádiz)

Chipiona, situada a mitad de camino entre Rota y Sanlúcar de Barrameda, posee originalidades que la hacen distinta en el ancho arco de la costa gaditana. Los corrales es su monumento más preciado, pero junto a ellos se alza el faro, el más alto de España y uno de los mayores del mundo. Tiene una altura de sesenta y nueve metros y fue levantado en 1867 en la llamada punta del Perro. Se erigió con el propósito de indicar a los barcos la entrada al río Guadalquivir y evitar que chocasen con la piedra Salmedina.

 

Junto al faro se halla el santuario de Nuestra Señora de Regla, centro de peregrinación desde hace décadas. La tradición cuenta que fueron los discípulos de San Agustín de África quienes trajeron hasta Chipiona la sagrada imagen, huyendo de la invasión de los vándalos. De hecho, en las inmediaciones del santuario se han hallado lápidas visigodas previas a la llegada de los árabes a la península.

 

Chipiona es conocida por ser la patria chica de la cantante Rocío Jurado, la más grande, tal y como la recuerdan los Chipioneros, cuyo recuerdo sigue presente en plazas y calles de la localidad. Chipiona posee algunas de las playas más bellas y cuidadas del oeste de la provincia de Cádiz. Ricas en yodo, destacan las playas de Regla, del Camarón, de Cuba, de las Tres Piedras, de las Canteras y Montijo, rodeadas por los célebres corrales. Costa Ballena, una exclusiva urbanización situada en el término municipal de Chipiona, atrae cada día a un mayor número de turistas extranjeros atraídos por la autenticidad de esta comarca en la que se percibe la cercanía del Guadalquivir y las brisas frescas que traen los bosques de Doñana.

 

Los corrales de Chipiona constituyen uno de los más singulares monumentos naturales de la provincia de Cádiz. Situados frente a las playas de esta meridional localidad gaditana. Los corrales son recintos cerrados que forman cuadrados irregulares unidos entre sí por algas, conchas y restos marinos que actúan como un cemento natural. Su origen es romano, pero fueron los árabes los que más los utilizaron para la práctica de la pesca. Los corrales actúan como recipientes de agua, como auténticas bañeras que se llenan y vacían al ritmo que marcan las mareas. Cuando el agua queda recogida en ellos los peces y los mariscos entran y ya no pueden salir, momento que los pescadores y los mariscadores aprovechan para recogerlos. Desde hace siglos se practica en ellos una pesca sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Reglado por estrictas normas, su entrada está restringida a unos pocos pescadores y mariscadores que cumplen con escrupuloso respeto un código de buenas conductas que contribuye a la preservación de esta singularidad.

 Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre ahí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

Duda de todo y de todos, menos de ti, porque tu eres Ese al que tanto has andado buscando.