Cada granito de arena contiene la Nada y el Todo.

 

Es imprescindible la inmensidad de granitos de arena para formar maravillosas playas, fabulosas dunas o excelentes desiertos. 

 

Para ver la belleza y la perfección de la Vida en todo, la mente debe volverse simple, muy simple, quedarse silente como la de un bebé, quedarse en el lugar en el que uno está, porque la perfección de la Vida no se puede fotografiar, ni verbalizar, ni enseñar, poseer, retener, definir o aprehender, sólo se puede agradecer, admirar y aplaudir en el fuero interno, porque ya somos Eso, la dicha y todo lo que buscamos.