Cuánto más analizamos, cuanto más preguntamos a los demás, cuanto más ayudas buscamos o más favores queremos ofrecer, y cuanto más intentamos comprender intelectualmente lo que no se puede comprender, (la verdad inexpresable revelándose a sí misma, en el siempre aquí, en el siempre ahora) más truenos y relámpagos de tormentas aparentes y caóticas debe soportar la consciencia del Ser. Hasta que uno no se decepciona de sí mismo y del mundo aparente profundamente necio y enfermo, o hasta que uno no se rinda al Ser siempre Presente, no se puede ver con total lucidez, (mucho más allá del personaje ilusorio por el cual nos tomamos) para qué nos sirve ese maravilloso caos aparente de la humanidad.  

 

Hay que ser nada para poder recuperar la visión lúcida.  Mientras haya un personaje que pretenda retar, controlar, enseñar a manipular a Eso que Es, mientras se quiera estar más evolucionado que la Vida, lo más beneficioso que le puede suceder a uno es que le caigan rayos, truenos y relámpagos aparentes en la Consciencia para que pueda abrir los ojos y pueda regresar a la Luz de la Presencia. Eso es el auténtico amor incondicional, que no tiene nada que ver con el pobre concepto amor que hemos heredado o aprendido.  La auténtica sensibilidad es amar la vida tal como se nos presenta, enamorarse de ESO que Es, vivir sin miedos, compartiendo esa enseñanza universal y lúcida inherente a todos, que no tiene nada que ver con la sensiblería del personaje que rechaza o excluye lo que no quiere experimentar, sentir o ver de la Vida tal como Es, tal como se nos presenta de manera íntima e intransferible.

 

Hay que dejar de pedir, rezar o implorar para que se nos aleje de la ilusión del mal. El amor absoluto del Ser siempre presente, no podría vencer sin la divina y bendita ilusión del mal.  El mal no está separado del bien. Precisamente hay bastante maldad en la manifestación de la bondad que predican la mayoría de religiones organizadas o la mayoría de autodenominados maestros iluminados, y hay más bondad de la que imaginamos en la manifestación aparente de la maldad de algunos aparentes personajes distraídos, resentidos, rebeldes o contrariados, soñados por la vida. Todo es la Vida.

 

Además, ¿dónde está el mal o el bien aquí mismo, siempre aquí mismo? Averígualo por ti mismo. En el siempre aquí, en el siempre ahora, en el siempre hoy, lo único que hay es la maravilla eterna de lo que Es. En tan evidente que la felicidad sin causa está siempre presente.