Flora de Rabós

La belleza, al igual que el amor, no puede ser descrita, ni poseída, ni  enseñada, ni pronunciada, ni comprada o vendida, no puede ser aprehendida.  No es una cosa buena, ni es una cosa mala, no es digna ni indigna, no es una forma concreta, no es un algo inteligente o un alguien ignorante, no es un maestro ni es un alumno, no es nada, sin embargo lo es todo.

 

Lo más bello y hermoso de la especie humana, totalmente indescriptible, está en el interior, y se recupera llegando a la raíz.

 

Todas las apariencias de flores, como las de insectos y mariposas que esta consciencia ha visto, con las cuales se ha relacionado y se ha reconocido desde que regresó a sus orígenes, así como la relación íntima que ha mantenido con el Silencio y la madre naturaleza, han hecho posible la metamorfosis que se precisa hacer, de manera intransferible, para salir de la ilusión del yo.

 

No se precisa hacer ningún tipo de esfuerzo, no es necesario comprar o vender ningún tipo de autoayuda o disciplina, ni buscar sacerdotes, falsos maestros o falsos gurús, nadie que venda recetas mágicas, ningún libro, ni acudir a un centro o religión organizada, para ser real. No es preciso buscar ningún autodenominado visionario del sucedáneo New Age, ni inventar un falso dios, para ser original, porque todas las formas de vida y todas las respuestas lúcidas vienen al encuentro del Ser, de manera generosa y gratuita, cuando dejas de buscarlo por todas partes, fuera del sí mismo. Si dejas de pedir, meditar o suplicar favores sólo para tus usos, beneficios e intereses personales y, simplemente, aceptas profundamente tu realidad tal como es, la  belleza o luz amorosa del Ser, totalmente liberadora, viene al encuentro, porque jamás se ha ido, ni jamás se irá. Nadie puede hacer por nadie lo que debe acabar haciendo uno mismo, porque nadie puede meter sus siete sentidos dentro de tan sagrada y maravillosa intimidad. 

 

No hay que hacer tanto circo necio para vivir, ni hay que imitar toda la existencia para explotar la inocencia de nuestro amado Ser, sólo hay que ser valiente y atreverse a ser real, nada más, porque la única función es Ser, y la única verdad que hay en el mundo es que nadie posee la verdad.

 

Para madurar, sólo tienes que observar, escuchar y callar, enamorarte de la vida y volverte como un niño, para recuperar la inocencia perdida, la luz original.

 

¡Gracias!