La manifestación de la energía solar la conocemos como astro Sol, energía que se nos ofrece abiertamente y gratuitamente a todos. El Sol no tiene sentimiento de propiedad, ni es bueno o es malo.  Su apariencia no es más ni es menos que cualquier otra apariencia del universo. Toda manifestación, tanto la que vemos en la naturaleza, como la que vemos en las ciudades, como la que nos sucede en el organismo corporal, es energía inteligente que se manifiesta espontáneamente sin ser propiedad de nadie. Los seres humanos somos seres de Luz, energía totalmente brillante, liberada, pacífica y sabia, la única mente que no lo ve porque siempre está a años luz de donde nos sucede la Luz, es la mente humana que aprendió a personalizar la existencia. No hay nada que no sea Luz, todo es la misma inteligencia bailando al compás de esa danza brillante de luces, formas, sonidos y colores, es la danza de la nada. Todo es un dar y recibir vida espontánea. Cada día, a cada instante, la Vida se renueva, se mueve, cambia y se transforma a sí misma. Cada cosa y cada ser es energía en movimiento, una expresión de lo infinito, una manifestación de la misma Vida, de la misma inteligencia que nos sucede a todos a la vez, en el siempre aquí, absolutamente divina y liberada. La Vida siempre está expresándose silenciosamente en el siempre ahora, jamás se detiene en lo que fue y en lo que será. La memoria colectiva de la humanidad se nos regala a todos para que la vida pueda trascenderla, sólo nos sirve para ir más allá de ella, más allá del personaje ilusorio por el cual nos tomamos, para recuperar de manera personal e intransferible la visión de la Presencia, el don de ver y comprender lucidamente la Vida tal como Es. Ya se nos regala todo, pero la mente que personaliza la existencia  que no agradece nada, siempre quiere más. Ahí está el drama eterno de la humanidad, no ver que sólo hay vida siendo vida, en contraposición a tengo una vida en propiedad.

 

En lugar de preguntar ¿que quiero de la vida? si preguntásemos ¿qué quieres de mí, Vida?, tal vez veríamos la radiante Luz que habita en nuestros corazones, y comprenderíamos que como personajes soñados por la vida no somos propietarios de nada ni de nadie puesto que ni el cuerpo ni un lugar concreto es nuestro auténtico hogar, el auténtico hogar es la Presencia Consciente de sí misma que permite que la existencia sea tal como es. El humano es el único ser de la creación que puede hacerse consciente de que no tenemos una vida por la que se deba enfermar, negociar, luchar, competir o sufrir inútilmente; ya somos la vida sucediendo magistralmente en el siempre aquí, más allá del cuerpo que utilizamos como simple herramienta de uso y disfrute. Somos Vida plena, Consciencia Presente y cósmica, inteligencia inocente, alegre, pura e infinita, totalmente silenciosa, pacífica, lúcida y sabia. La Vida ya nos sucede a la perfección, en el siempre aquí y en el siempre ahora, completamente natural, ordinaria, feliz, realizada, renovada y liberada, es nuestra auténtica naturaleza original, sólo hay que estar dispuestos y abiertos a la posibilidad de recuperar nuestro don innato, la visión.  No tenemos ni que esforzarnos para ver que todo es una manifestación de lo infinito, de lo que en verdad  somos. En cada ser humano habita la realidad máxima, la Luz de la Presencia y el amor absoluto que abraza toda manifestación, porque somos la verdad inexpresable. Encuentra la verdad inexpresable, la maravilla eterna de lo que Es, porque sólo la verdad inexpresable que habita en ti,  te hará libre para siempre.