Si en lugar de preguntar ¿Qué quiero obtener de la vida? hubiese preguntado mucho antes ¿Qué quieres de mí, Vida?, no habría lastimado ni vulnerado la inocencia del Ser.

 

El silencio es silencioso, pero jamás enmudece al corazón. El corazón tiene razones inteligentes que el intelecto no entiende ni entenderá jamás, porque vivir no es cosa de comprender intelectualmente la Vida para usos personales, es cosa de Ser real.