Si en lugar de preguntar ¿Qué quiero obtener de la vida? hubiese preguntado mucho antes ¿Qué quieres de mí, Vida?, y hubiese dicho con total seguridad: Vida, hazme Nada, hasta que pueda fundirme en Ti, el lobo feroz y embaucador llamado ego, no habría lastimado ni vulnerado la inocencia y la experiencia de mi hermoso corazón.

 

Sólo el silencio puede curar realmente la profunda enfermedad que todos heredamos en la niñez. El silencio es silencioso, pero jamás enmudece al corazón. El corazón tiene razones inteligentes y de sobras que el intelecto no entiende ni entenderá jamás, porque vivir no es cosa de comprender intelectualmente la Vida para usos personales, es cosa de Ser real, es cosa de percibirla y verla por los sentidos.