El bosque de “mi vida preconcebida” fue bastante salvaje, caótico, frondoso e impenetrable al principio,  ha sido mi auténtico regalo, un lujo enorme poderlo cruzar con ayuda de la Vida, sin miedos al miedo, sólo con el corazón inocente y puro del Ser ¡siempre presente! Habría sido mi condena, mi cruz o mi sufrimiento inútil no haber tenido el suficiente valor para rendirme al Ser ¡siempre presente!.  Ahora que el bosque se ha liberado de absurdas fantasías o de ilusorias ideas preconcebidas sobre el bien y el mal, puedo disfrutar de la experiencia con una dulce libertad que se me regala, como si yo decidiera.

 

Sin la sabiduría innata del no saber, no habría sido posible la realización del auténtico Yo. Nadie debería enseñarte a vivir, al menos, nadie debería atreverse, ni deberías permitir que nadie le de lecciones de vida a la Vida que se vive amorosamente y generosamente a través de ti.