El bosque de “mi vida preconcebida” (todo lo que muy inocentemente tomé como cierto), fue bastante salvaje, ruidoso, caótico e impenetrable cuando me adentré en él, pero ha sido un auténtico regalo cruzarlo con la ayuda del leñador que transforma el caos en belleza. Sin la ayuda de la Vida lúcida, ¡siempre presente! no hay manera de ver lo simple que es vivir, lo sencillo que se vuelve todo cuando dejas de regalarle todo el poder al mundo de la imagen.