El drama eterno de la humanidad es conservar y restaurar lo viejo una y otra vez, para que lo nuevo no pueda resurgir ni pueda brillar en la Luz del Ser.  ¡Qué inútil es el sufrimiento humano! ¡Cuántas guerras, resentimientos, violencias y conflictos conlleva no asumir la propia intimidad.  La Vida que se vive a través de mi, me ha hecho el inmenso favor de que pueda ver la perfección en todo.