¡Qué inútil es el sufrimiento humano! ¡Que aburridas son las tradiciones para retar y negar al Ser, para comercializar con la Existencia que es de nadie, o para explotar la inocencia de nuestro verdadero Ser. ¡Cuántas guerras, resentimientos, violencias, odios y conflictos conlleva no asumir la totalidad de manera íntima y plena, hasta recuperar la simplicidad. 

 

Si se viese la Existencia tal como ES, con la mirada limpia del corazón que no juzga ni condena, el mundo en el que aparentemente convivimos todos, se convertiría en un lugar apacible para vivir y convivir, con respeto, paz y armonía.

 

Si sólo se investiga para la herramienta corporal, sin hacer nada para reconocer nuestra auténtica naturaleza original, el drama eterno de la separación debe seguir heredándose de generación en generación.