La Vida nos regala un conocimiento previo, pero no para que nos quedemos anclados en el tiempo, con siglos y siglos de historias, sufrimientos y ridículas metáforas y fantasías, que únicamente podemos imaginar. La Vida nos lo regala todo para que podamos redescubrir el misterio divino de la existencia, lo que en verdad somos. Debemos perder lo conocido para adentrarnos en lo desconocido hasta recuperar la sabiduría innata del no saber, si realmente queremos recuperar nuestro derecho innato, ser felices dentro de este paraíso eterno que se nos regala a todos. ¿Cómo queremos fluir si nos quedamos anclados en la historia, en el pasado que personalizamos por miedo, una y otra vez? Los pájaros fluyen, los peces fluyen, los animales fluyen, los insectos fluyen, los árboles y las plantas fluyen, todos los seres de la creación fluyen sin sentimiento de propiedad, excepto los seres humanos que se quedan anclados en el pasado, sin hacerse consientes de lo que Es. 

 

El drama eterno de la humanidad es conservar y restaurar lo viejo, una y otra vez, para que lo nuevo no pueda surgir ni salir a la luz de la Presencia.  ¡Qué inútil es el sufrimiento humano! ¡Cuántas guerras, resentimientos, violencias y conflictos conlleva no asumirse plenamente hasta ser originales! Yo no tengo dos luces, soy la Luz. Todo es la Vida. El ser humano es el único ser de la creación que puede hacerse consciente que la divina tragedia de la humanidad, para lo único que nos sirve es para recuperar nuestro derecho innato, el don de poder ver y comprender la vida tal como Es, que no tiene nada que ver a como la imaginamos. 

 

La Vida,  Dios, o ESO que ES, llámalo como quieras, ya nos está diciendo constantemente y más fuerte que cualquier otra cosa de este mundo en el que vivimos, ¡estoy aquí! deja de buscar algo más maravilloso que lo que ya Es, deja de rezar porque no hay que hacer tanto circo como el que se está haciendo en las religiones organizadas o con el sucedáneo New Age, para seguir perpetuando drama con lo viejo y caduco,  para permanecer ciegos y sordos ante esta vasta inmensidad, déjalos todos en mis manos, ya ves lo que prefieren los que se autodenominan maestros iluminados, seguir soñando excluyendo la unidad o la verdad inexpresable, para seguir rezando o meditando para seguir comercializando y retando a la existencia. No hay múltiples vidas, sólo hay una, y en esta vida, mientras demos prioridad a los templos y dejemos a los niños muertos de miedo, no podemos decir que sabemos de que va la vida. En la Presencia del Ser, en el siempre aquí, se acaba con el drama y el sufrimiento inútil que no es otra cosa que vivir a la espera de un mal. ¿Qué mal hay en el siempre aquí? Es tan simple vivir, tanto, es tan maravilloso rendirse a la Vida, es tan fascinante perder el sentimiento de propiedad. Si el mundo lo viese con total lucidez se les acabaría el chollo a los vendedores y a los compradores de humo, la convivencia sería una maravilla, cada uno recordaría: YO SOY LA VIDA.