¡Qué inútil es el sufrimiento humano! ¡Que aburridas son las tradiciones populares para retar y negar al Ser, para seguir comercializando con la Existencia que es de nadie! ¡Cuántas guerras, resentimientos, violencias y conflictos conlleva no asumir la totalidad del Ser de manera íntima y plena. 

 

Si se viese la Existencia tal como ES, el mundo en el que aparentemente convivimos todos se convertiría en un edén, en un lugar apacible para convivir con paz y armonía.