Instantes que ya no son

Aquello que la Vida nos presenta o esté sucediendo, si no queremos aceptarlo ni verlo, es lo que más nos somete. El mundo es un fascinante y brillante espectáculo, ES, pero no ES.

  

¡Qué horror!  es  un sacrificio inútil tener que rezar para ser de una determinada manera, o tener que meditar para que se nos aleje de la propia sombra o de la ilusión del mal, y mucho más inútil es  implorarle a la Vida para que cambie lo que no se puede cambiar, aquello que ya Es; es un martirio innecesario y absurdo tener que recordar historias inexistentes, fábulas y todo tipo de metáforas,  historias y tonterías que la mente personaliza para soñar con una vida rosada, mejor que ¡esta! que ya está sucediendo a la perfección, sin error ni omisión, sin necesidad de pensarla.  Toda interpretación o imaginación es de la naturaleza de un sueño, es lo que más nos aleja de la auténtica naturaleza original,  son simples cuentos para no dormir o para sufrir y hacer sufrir. Es un auténtico suplicio una mente que personaliza la existencia, sobre todo si no es observada,  porque solo ve historias y fantasías en el tiempo que no existe. En la Presencia del Ser hay simplemente lo que  Es, la libertad absoluta de la Vida, puro Amor Incondicional en movimiento.