Inocencia

 

Nuestro verdadero Ser es inocente, puro y  sensible.

 

Estamos vivos para recuperar la inocencia perdida, que es nuestra auténtica luz original,  es lo más esencial para vivir una existencia plena, plácida y liberada. Para madurar, tenemos que volver a ser como niños, sin avergonzarnos de nuestra fragilidad o vulnerabilidad humana, sin temer a nuestra preciosa sensibilidad.