Vivir en un mundo nuevo.

Para poder vivir en un mundo nuevo, sano, libre y feliz, primero debes suplicar que te suceda la observación, para que puedas ver, con total lucidez y sin miedos, la película llamada “el mundo y yo”. La liberación de la mente dual sólo puede hacerla la Vida, ningún personaje está capacitado para liberarse de su propia ilusión.

 

El mundo en el que vivimos, puede tenerse solo, perfectamente bien, sin ti, sin mí, sin él. Cuando aparentemente alguien muere, el mundo sigue igual, la Vida continúa.

Los conceptos “mi vida”, “tu Vida” o “su vida” "nuestras o vuestras vidas" son el núcleo central de toda ceguera, ignorancia y arrogancia humana. Sólo hay Vida en oposición a tengo una Vida.

 

Los conceptos “mi camino”, “el camino”, “el destino” "karma" "cruz" "sufrimiento", “el más allá” "pasado y futuro" entorpecen la lucidez.  Siempre estamos aquí, siempre es ahora, siempre es hoy, jamás sucederá nada fuera de la Presencia, fuera de este instante vivo y presente, jamás nadie va a mover lo que ya se sostiene solo, lo que ya está realizado.  

 

Los conceptos “maestros y alumnos” son ridículos conceptos, es la suma de toda arrogancia humana, es no ver que nadie sabe más que nadie, que nadie debería enseñarnos a ser lo que ya somos, que nadie debe aprender lo que ya está aprendido, puesto que la Vida nos sucede sin que nadie haga nada. Cuando la mente piensa, la Vida lo ha pensado antes. Somos Luz y Amor, no mentes que creen tener identidad propia.

 

Los conceptos “te necesito” “me necesitas” o  “nos necesitamos” hacen suponer que somos inválidos e imbéciles, inducen a imaginar que sin mí, sin ti, o sin él, la Vida no puede tenerse sola, dejan entrever que la Vida no es sabia. ¿Qué o a quién necesitamos ahora, siempre ahora?

 

Los pronombres “yo”, “tú” él, “ellos”, “nosotros” ”vosotros” sólo indican separación y distancia, dividen en dos lo que Es, entre el bien y el mal, entre el mejor y peor, entre cielo e infierno, entre lo conocido y lo desconocido, entre exterior e interior, así es imposible ver que sólo hay Unidad, unidad con todas las cosas, con todas las formas de vida que hay, ¡siempre!

 

Creer o imaginar que hemos nacido para luchar, para esforzarnos, para sufrir, para aprender, para enseñar, para ayudar o para salvar a los demás, evidentemente, nos pone enfermos y aparentemente nos hace imbéciles, porque vivimos creyendo ser algo o alguien que sabe más que la vida, o que debe aprender y enseñar a vivir a la Vida.

 

Buscamos la felicidad y la paz eterna, ciegos y sordos casi de nacimiento, puesto que la mente se creyó lo que ese tal mundo dual le vendió. ¡jamás! nos hemos movido de donde sucede la paz y la felicidad. Lo que deba suceder sucederá igual, digamos lo que digamos, pensemos lo que pensemos, hagamos lo que hagamos; imploremos lo que imploremos, recemos lo que recemos. 

 

Meditando o rezando no vamos a cambiar ni a mejorar este instante vivo, ya realizado.  ¡Este instante! no lo mueve ni Dios, porque lo que la humanidad sigue llamando Dios, es este mismísimo instante, es lo que somos.  ¿Por qué y para quien necesitamos la memoria de un mundo dual, la memoria de los tontos, para poder vivir en paz y felices? Que cada uno que tome sus conclusiones. La Vida que se vive en mí,  me evidenció que no se necesita nada, ni historia, ni la ilusión del tiempo, ni la memoria histórica de los tontos, ni maestros o alumnos..... nada de nada se necesita de todo ese relato infantil, necio e inútil que sólo nos sirve para liberarnos de la ilusión. Para poder vivir en paz y felices sólo hay que abrirse a la Vida. La Vida es un milagro constante, no verlo ni agradecerlo, es el pecado.

 

Cuando uno se da cuenta de las barbaridades que se relata, de las estupideces que se cuenta y expresa dentro de esa película llamada “el mundo y yo”, se rinde y suplica a la Vida la liberación de su mente, no sin antes aceptar y reconocer, profundamente, la propia ignorancia, arrogancia y ceguera, entonces si la Vida se lo concede, se le da otra oportunidad al actor, para que se convierta en creador,  para que pueda ver con total lucidez, que el mundo imaginado y todos los personajes son una ilusión, una bendita, inteligente y extraordinaria ilusión, puesto que sólo hay Vida en oposición a tengo una vida, un instante de eternidad, Luz y Amor. 

 

Creer o imaginar que cuando muere un organismo corporal, muere alguien, un personaje, llevarle flores al cementerio, implorar a un Dios inventado para que salve al cuerpo o al personaje, hace que vivamos enfermos, sufriendo, infelices y con miedo a la muerte. Los cementerios están repletos de actores y personajes imbéciles, creyéndose salvadores de la humanidad, y está vacío de sabios. Los sabios murieron en vida, antes de que muriese el organismo corporal, cubiertos de gloria y felicidad, sin flores, sin rezos, sin misas y sin  curas con sermones en la cabeza. En los cementerios, aparentemente, sólo aparentemente, reposan cuerpos y egos arrogantes, ciegos y sordos casi de nacimiento, personajes podríamos decir estúpidos que han creído tener identidad propia, pero en el cuerpo jamás ha habido nadie.  ¿Cómo va a morir lo que en verdad somos? ¿Cómo va a desaparecer la Vida, si no ha nacido? ¿Cómo vamos a ir al infierno o en un más allá, si jamás nos hemos movido del paraíso eterno, de la Presencia? Siempre vivimos el ahora, siempre estamos presentes? El Infierno es imaginar que ¡esto! no es adecuado, que ahora no es el paraíso.

 

Nuestra naturaleza original  ni ha nacido ni morirá, no se ha movido de ahí. Más allá de la falsa idea de ser personajes que mueven a la Vida, somos Vida moviéndose cambiando, sin salir de ahí. Ese es el gran misterio que la mente humana no puede ni podrá resolver, ni puede ni podrá comprender. O nos rendimos para poder vivir en paz, con lucidez y felices,  o sufrimos inútilmente para complacer a un personaje que no existe ni existirá. 

 

Al haber olvidado lo que somos, creamos tiempo, historias y falsos yoes, lo inventamos y lo reinventamos una y otra vez, pero ¿Dónde está el tiempo ahora mismo, siempre ahora mismo? ¿Dónde está la historia ahora mismo, ¡siempre ahora mismo!? ¿Dónde está el personaje ahora? Aquí sólo hay Vida sucediendo. Si lo ves, ábrete a la posibilidad de que te suceda la visión, y descubre, por ti mismo,  un mundo nuevo, sano y feliz; ábrete a la posibilidad de reconocer tu propia inmortalidad.

 

Resucitar en vida no es un privilegio ni es exclusividad de nadie, simplemente se acepta o se rechaza la propia invitación, siempre presente. No cambia nada, simplemente la percepción de las cosas; se abre un mundo nuevo, sano, lúcido y feliz, en el que no tiene cabida la imbecilidad o la falsedad humana.

 

Sólo una mente ignorante, ciega y sorda casi de nacimiento puede adaptarse a un mundo profundamente enfermo, dual y caótico.  La Vida está aquí, siempre ahí, la historia del mundo y el falso yo, sólo nos sirve para despertar de la ilusión.

 

 

La Presencia es saludable, eternidad, placidez, sabiduría, lucidez, milagro, alegría infinita, amor y felicidad.

El personaje que se mueve en el tiempo que no existe, es enfermedad, muerte, sufrimiento, caos, ceguera, ignorancia, infelicidad, imbecilidad y arrogancia.

 

Pero, ¿quien decide la trama? Nadie. Todo es un juego magistral e inteligente al que juega la Vida, porque desde siempre y para siempre ¡sólo hay unidad!

 

¿Tienes dudas? pues duda de todo y de todos, menos de ti, puesto que TU ERES ESO que no se ha movido de ahí, de la Presencia eterna. Permite que muera la imagen que tienes de mí, de ti o de él, deja que muera el personaje con su caótica película sobre el bien y el mal, permite que mueran o desaparezcan todos los personajes habidos y por haber, así vivirás de un modo inteligente, gozarás de un mundo nuevo, lleno de gracia y de paz, puesto que tú, al igual que yo, al igual que él, eres la Vida, la misma Vida. ¡Sólo hay Vida! Luz y Amor.

 

anna

 

 

 

 

 Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre ahí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

Duda de todo y de todos, menos de ti, porque tu eres Ese al que tanto has andado buscando.