No eres una simple ola, eres el océano. No eres un personaje, eres la Vida.

No eres una simple ola o persona, perdida y sola, eres la totalidad del océano, eres la Vida, ESO que nunca viene y nunca se va, eres ese instante vivo y eterno ¡siempre presente! ¡siempre ahí! que impulsa y ama todas sus olas.

 

El mundo en el que vivimos, como a todo el mundo, te contó una serie de estupideces y barbaridades que tú te creíste y lo hiciste personal; te identificaste con el sueño hipnótico o con las olas de tus pensamientos y perdiste de vista la realidad.  Es un juego inteligente y magistral de Luz y Amor al que juega la vida, al que jugamos todos, para re-descubrir lo que verdaderamente somos, para recuperar la lucidez y el paraíso aparentemente perdido. Yo, al igual que tú, no tengo una vida en propiedad por la que debo luchar, por la que deba sacrificarme o sufrir, soy la Vida, y, en esta vida, aparece y desaparece todo cuanto se manifiesta. Somos Seres de Luz y Amor, recorriendo la propia manifestación, y lo hacemos creyendo ser personas, inventando tiempo, dioses, personajes, historias y relatos personales, hasta ver, con un poco de suerte y con total lucidez, que somos la Vida. Todo nos sucede en el ahora, y todo nos sucede por amor a la existencia.

 

La más profunda aceptación de todo lo que es, del instante vivo y presente, nos conduce a un despertar progresivo o radical de la Vida cotidiana y ordinaria. El despertar no va a cambiar nada, excepto la percepción de las cosas.

 

Los pensamientos, los sentimientos o las emociones que a uno le suceden, únicamente, son olas, sensaciones que aparecen y desaparecen en el cuerpo o en la Consciencia. No hay una consciencia exterior y otra interior, todo es una única consciencia. Todas las ideas preconcebidas, creencias o prejuicios, aparecen y desaparecen en tu experiencia personal, en tu vida actual, y de ningún modo aparecen y desaparecen igual en mí, ni igual en nadie. Tu relato de ti mismo, del mundo en el que vivimos, sólo es tu relato, no es el mío ni debe ser el relato de nadie más. Tu relato personal, va cambiando día a día, hasta el punto de que no puedas reconocer lo que en verdad ERES. Si no ves, con lucidez, que no eres lo que imaginas ser, creas un falso yo, un personje que inventa tiempo y sueña con algo mejor que la Vida.  Tus prioridades van cambiando progresivamente, día a día, tu apariencia, la apariencia de este cuerpo físico con el cual te has identificado, va cambiando a lo largo de los aparentes años, todo cuanto imaginas ser va cambiando y moviéndose en el aparente tiempo. Antes eras niño, ahora eres adulto, pero lo que es evidente es que tú jamás te has movido de la Presencia, jamás has podido alejarte del ahora, de este instante vivo, siempre ahí. Antes, tal vez, querías tener una profesión concreta, querías ser un famoso, un revolucionario, un rebelde, un pacífico, un naturalista, un político o un religioso y, tal vez, ahora eres todo lo contrario de lo que querías ser. Antes te aterraban según qué cosas y ahora has perdido el miedo a lo que antes temiste, o, tal vez, han aparecido otros miedos que imaginas que no podrás superar. Tus prioridades van cambiando, ¿puedes ver, con total lucidez, que ya no eres el mismo que fuiste en la niñez? Tu aspecto va cambiando e incluso algún día se puede deteriorar si está sano o se puede curar si está enfermo, de hecho, no queda nada en tu cuerpo, ninguna célula, de las que tenías cuando naciste, todas han cambiado. Todo cambia, se mueve, se transforma y se marchita, menos lo que en verdad eres, la Vida, la Consciencia Presente.

 

Al imaginar ser una persona que cree tener libre albedrío, que puede controlar, dirigir o mover La Vida, te frustras si no consigues lo que más anhelas, pero, por alguna razón, sigues sintiendo una sensación de viveza en el cuerpo, en ti, sigues permaneciendo vivo ante cualquier circunstancia. Esta sensación de estar aquí, de Ser ahora, de existir, pase lo que pase, ha permanecido, no ha cambiado, no ha empeorado ni ha mejorado, ¿por qué? porque eres la Vida, no eres esa persona que imaginas ser, no eres ese cuerpo o el personaje con el cual te has identificado, no eres lo que se mueve y se deteriora, no eres lo que sucede, eres ese a quien todo le sucede. El Océano sigue exactamente igual, las olas vienen, van, aparecen y desaparecen, cambian y se mueven, todas las olas salen del océano y regresan a él. Todas son impulsadas por el mismísimo océano. Y, sin embargo, ni tu ni yo, ni nadie, como personas podemos modificar nada de ese suceder constante y brillante de la Vida.

 

En esa intimidad, sientes algo muy profundo que sabes que eres tú, siempre lo has sentido, siempre lo has sabido, pero le cediste todo tu poder a esa mente que intenta mantener identidad propia para complacer a ese tal mundo que tu mismo has inventado, a esa mente idealista que imagina tener lucidez. La mente humana jamás ha tenido lucidez, ni jamás la tendrá, es dual, siempre se mueve entre pasados inexistentes y futuros inciertos, entre mejores y peores, con lo cual la mente dual es el peor enemigo del ser humano, porque en lugar de ser una herramienta útil y práctica, es justamente todo lo contrario, te hace mover entre pasados y futuros inciertos o inexistentes, entre buenos y malos, y, a la vez, es misteriosamente incongruente, es enigmática porque te hace imaginar cosas que no son, cosas que no existen, ni han sido ni serán jamás.

 

Ni siquiera es necesario que lo entiendas, puesto que tú, desde un nivel muy profundo, ya lo sabes, siempre lo has sabido, siempre has sabido que esa sensación de viveza en el cuerpo, esa vida que sientes, eres tú, pero por amor a la existencia humana, lo olvidaste, por amor a ese tal mundo dual y caótico que aparentemente te engañó, lo perdiste de vista, porque tu eres ESO que acoge, más allá de la mente, todas las olas. Ese mundo que te hipnotizó al que tu le cediste el poder, es un sueño, es tu sueño de amor, por eso dejaste de creer ciegamente en ti. Incluso, si te sientes confundido, frustrado o iracundo, sabes que no puedes evitarlo, sabes que todo acontecimiento que te suceda es la vida sucediendo así. Todo, todo, deja de suceder, menos tú. Al ser la Vida, Consciencia presente, no puedes dejar de Ser lo que ya Eres, el Uno, ni aun muriendo el personaje ni muriendo el cuerpo.

 

Nos convertimos en lo que pensamos porque vivimos nuestro relato personal como si fuera real, como si no se tratara de un sueño, y, sin embargo, aquel antiguo relato de ayer ya no es el mismo de hoy.

 

Sólo la simplicidad y lo natural de la Vida puede acercarte a la lucidez, a lo máximo que podemos aspirar como seres humanos. Ver con total lucidez lo que somos, es esencial para descubrir que somos inmaculados y divinos tal como somos, para evidenciar que sólo hay existencia. Este reconocimiento tal simple y tan natural, ver que jamás te has movido ni te moverás de la Presencia, ocurra lo que te ocurra, constituye la esencia misma del despertar de la consciencia de toda una humanidad viviente en ti. Las gentes llevan consigo sus relatos individuales, la propia versión de ser algo o alguien que mueve o dirige el tiempo y la vida, eso es el drama eterno de la humanidad, no ver que como simples personas somos nadie, nadie con capacidades y libertades individuales, tal como imaginamos tener, nadie que consiga cosas sin la Vida, nadie que pueda iluminarse o despertar, nadie que pueda enseñar a ser uno mismo. Cuando el despertar sucede, te das cuenta que no le ha sucedido a nadie, porque nunca hay nadie en el cuerpo, ningún yo personal puede mover un cuerpo, simplemente hay Vida aconteciendo, vida manifestándose, vida impulsando olas espontáneamente. Tu verdadero Ser jamás ha sido un pecador, por más que hayas cometido errores muy graves, tu verdadero Ser es inmune a todos los relatos que nos contamos.

 

Todos somos, exactamente lo mismo, el mismo instante vivo, la eterna Presencia. ¿Alguna vez, has visto a los demás, de verdad, como son, lo que realmente son?  El hecho de que sepas parte de mi historia, ¿esto hace que realmente me conozcas? Cuándo te cuento de mí, ¿te estoy contando lo que soy o te estoy ofreciendo mi versión, mi minúsculo punto de vista de un sueño?  Mi limitadísimo punto de vista sobre esa totalidad,  no define lo que soy, porque este instante vivo y presente, totalmente realizado, es indefinible. ¿Acaso, contarte mi pasado puede revelarte lo que verdaderamente soy ahora? ¿Acaso mis anhelos de futuro, pueden decirte realmente lo que en verdad seré? ¿pueden mejorar o cambiar mis recuerdos o mis anhelos este instante vivo que se sostiene solo? ¿Puede el tiempo, los ayeres y los mañanas, mover esa totalidad que está presente en todas partes? ¿Puede alguien definir la verdad o la realidad máxima? Mi visión del mundo es un simple punto de vista que no define nada. Cuando se ve que el mundo es como un puntito suspendido en este vasto universo, en esta inmensidad, y que ese tal mundo nos engaña porque es fruto de la propia creación e invención, uno se rinde y se entrega al Ser, reconoce no saber nada de lo que en verdad somos. ¿Soy yo que estoy en el mundo, cambiándolo, moviéndolo, mejorándolo o empeorándolo? O, ¿es el mundo que cambia y se mueve ante mi? ¿Soy yo que hago suceder a esta inmensidad? o ¿es esta inmensidad que sucede en mi? Lo que soy, siempre está ahí, siempre está contemplando la propia manifestación.  Somos observadores de la maravilla eterna de lo que Es.

 

Cuando hablo de mi o de ti, suelo contarme una historia, un relato, ....soy buena, soy mejor, soy mala, soy peor, soy culpable, soy responsable, soy espiritual, estoy despierta, estoy durmiendo, eres bueno, eres malo, eres mejor, eres peor, etc. etc. pero, como consciencia presente, abierta y espaciosa que soy, soy lo que soy ahora mismo, exactamente lo que ahora soy, y ESO no se puede definir y, por supuesto, no se puede realizar, ya está realizado, este instante no se puede mejorar ni empeorar, se sostiene solo, ESO es lo que soy, NADA MÁS.

 

El mundo en el que vivimos nos ha hecho imaginar que ¡esto! no es Eso que buscamos, y lo hemos creído, por eso nos buscamos y no nos encontramos si no vemos, con total lucidez, que todo es la Vida, el Ser Supremo o la maravilla eterna de LoQueEs.

 

La Vida, absolutamente despierta e iluminada, absolutamente inmortal, no entiende de relatos personales, ni tampoco entiende de personajes que no quieren evidenciar la propia película, que no quieren aceptar la propia invitación ¡siempre presente! para descubrir que "el mundo y yo" es una representación teatral,  circense o  caótica si nos identificamos con el relato de la mente. La Vida lo consiente todo, por supuesto que sí, porque todo es la Vida, es absolutamente incondicional con todas sus criaturas, absolutamente libre, neutral e impersonal, pero nos impulsa a buscar hasta encontrarla, hasta ver lo que somos.  La Vida no tiene ¡nunca! ningún sentido ni ningún propósito, ninguna meta, ningún camino, ningún karma por liquidar, ni ninguna reencarnación de personajes, siempre está ahí, siempre está presente, …esa falta de sentido, esa falta de propósito, esa falta de meta o de camino, esa falta de relatos e historias en la cabeza, es su belleza, es su maravillosa y misteriosa divinidad. La maravilla eterna de LoQueEs está aquí, aquí mismo, no en un más allá.

 

Jamás ha habido error ni jamás lo habrá. Ese es el misterio que la mente humana no puede ver ni puede comprender. Cualquier relato es un sueño, un sueño de amor, porque la realidad máxima siempre está presente, siempre Somos Vida, no simples personajes como imaginamos ser.  Somos el océano que impulsa y ama todas sus olas, todos esos aparentes personajes que aparecen y desaparecen en la consciencia, todas las sensaciones que aparecen y desaparecen en el cuerpo, todo bien y todo mal. Somos dioses observando y reconociendo la propia manifestación. Cada uno de nosotros es la realidad máxima, lo absoluto, la totalidad de la Vida.

 

   anna

 Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre ahí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

Duda de todo y de todos, menos de ti, porque tu eres Ese al que tanto has andado buscando.