Una gran película llamada -el mundo y yo-

 

Este escrito es un homenaje a todos los aparentes directores de cine y de teatro del mundo, a todos los aparentes actores y actrices que han aparecido y han desaparecido dentro de esa gran película que ha acontecido de “mi vida”, llamada “el mundo y yo” En especial, se lo dedico a Pedro Almodovar, por su arte y por su excelente visión natural de las costumbres que, aparentemente, sólo aparentemente, siguen aconteciendo en España. Un gran guionista y director de obras cinematográficas que plasman el drama con humor. Sus películas hablan de su visión de la vida que se vive a través de él, por supuesto es la vida, pero además es un auto recordatorio para aquel que se esté buscando a sí mismo, plasman, de un modo inteligente, la tragicomedia por la que cualquier ciudadano español soñado por la vida, que no haya trascendido la dualidad del bien y del mal de su ilusoria película personal, deberá pasar o soportar, simplemente por vivir en un aparente país caduco, necio, inmaduro y machista, lleno de juicios y prejuicios, lleno de ideas preconcebidas sin romper, con las que uno ha creído ciegamente. Desgraciadamente, todavía hoy, no sólo es en España, sino en el mundo entero, a la aparente humanidad le es más fácil romper su auténtica naturaleza original que romper un solo prejuicio. Todavía hoy, aparentemente, sólo aparentemente, hay gente que prefieren el caos, soñar, rezar y enfermar, sentirse unos desgraciados o unos pobres de mí, antes que reconocer su propia ignorancia, su peor enemigo llamado "yo mismo", un personaje ilusorio que se ve separado de la Vida y de todo, un excelente enemigo llamado yo mismo que únicamente nos sirve para ver la Vida tal como es, más allá del personaje.

 

Cuando uno pilla de que va la película que se llama “el mundo y yo”, que suele ser cuando hay profunda decepción de uno mismo y del mundo aparente, o cuando uno se pregunta: ¿qué he hecho yo para merecerme esto? ¿quién soy realmente? suele darse cuenta de qué tan solo es un personaje soñado por la Vida,  como cualquier otro personaje de la historia de la humanidad que haya entrado en escena dentro de esa gran broma cósmica de proporciones exageradas que nos gastamos a nosotros mismos, que simplemente nos sirve para el despertar de la Consciencia, para acabar viendo que todo ese fascinante espectáculo, tan brillante del mundo aparente,  ES, pero no ES, es un drama cómico, es ficción, exactamente igual como en las películas.

 

Si uno se abre a la Vida de par en par para que ESO que ES trascienda al personaje ilusorio por el cual nos tomamos, podemos salir del celuloide mental o personal, entonces es cuando vemos la película lucidamente como película, desde el patio de butacas de nuestro cine personal, íntimo e intransferible, que es donde nos sucede la liberación de la mente ilusoria, llena de juicios y prejuicios heredados totalmente innecesarios o inútiles para poder vivir una vida plena. Lo único que se puede hacer cuando se ve más allá del sueño hipnótico de la mente personal, es aplaudir y felicitar a la Vida por su magistral dirección, porque todo, absolutamente todo es una celebración constante de luces, formas, sonidos, actores, escenarios, decorados y colores, sin tiempo, todo es el arte de la Vida en movimiento, un dar y recibir energía vital en el siempre aquí, en el siempre ahora.

 

Toda esa animación de luces y sonidos en movimiento, tan brillantemente dirigida por ese genio que ha construido galaxias, es una maravilla que no se puede explicar ni describir, simplemente se puede descubrir de manera intima, personal e intransferible, cuando nos decepcionamos del mundo aparente al cual le cedemos un extraño poder que jamás ha tenido ni tendrá, o cuando nos rendimos profundamente al Ser, hasta ver con total lucidez que como actores soñados no tenemos nada que hacer, absolutamente nada que hacer, porque ni un solo punto ni una sola coma vamos a poder modificar de esa gran obra cósmica llamada “mi vida” o “el mundo y yo”, puesto que está escrita y dirigida mucho antes de que el personaje entre en escena.

 

Lo único que puedo decir, sin poder revelarte esa fascinante aventura del no saber, porque ya se va revelando a sí misma, es que no ha habido jamás error, ni en ti , ni en mí, ni en nadie, y que ya tienes la invitación o la entrada para verlo en tus manos,  para darte cuenta en tu rendición, de que tanto el sufrimiento, como el nacimiento, como la muerte, es una bendita y divina ilusión, exactamente igual como lo vemos en las películas, puesto que nadie nace, ni nadie sufre, ni nadie muere en el siempre aquí, en realidad, no ha  habido nunca nacimiento ni habrá muerte, porque no ha habido nadie en el cuerpo. Sólo hay Vida, Vida siendo Vida, Vida que no ha nacido ni morirá, Vida que no se ha movido de la Presencia, vida que siempre está ahí. Alégrate si lo ves, porque siempre es ahora, siempre es hoy, siempre estás presente contemplando la propia manifestación, tu propia creación o tu grandiosa obra de arte. Ningún personaje soñado existiría sin esa grandiosa Luz que habita en ti, ninguna película verías, ni con ningún personaje hablarías o discutirías sin tu grandioso amor, absolutamente incondicional.

 

Sólo puedo aplaudirte o guiñarte el ojo, por ser tan magistral esa divina obra que llamas "mi vida"  por parecer tan real el papel del personaje por el cual te has tomado. Sólo puedo aplaudirte y agradecerte profundamente tu grandiosa Luz y tu absoluto Amor.

 

Si puedes, intenta ir más allá de las palabras y las imágenes, porque tanto las palabras como las imágenes son lo más abstracto de la Vida, sobre todo si no nacen de la raíz del Ser. Tu verdadero Ser, ¡jamás! ha incurrido en error, jamás ha sido un irresponsable o un pecador, jamás ha querido un mal para ti, todo lo contrario, lo único que pretende es que abras los ojos y puedas liberarte de tu peor enemigo que se llama "yo mismo" para que puedas maravillarte de tan fascinante y magistral obra de arte. Te está gritando más fuerte que cualquier otra cosa del aparente mundo: ESTOY Aquí, SIEMPRE AQUÍ, deja de buscar fuera de ti y de aquí, deja el mundo aparente en mis manos, déjalo todo tal como está,  porque lo único que pretendo es que puedas ser feliz, eternamente feliz.  ¡Deja de rezar porque te estás rezando a ti mismo, deja de implorar algo mejor que lo que ya Es! Ningún rezo ni ningún canto espiritual te acercará más o menos o te alejará de lo que ya Eres. Eres Vida, no un personaje de ficción. Todo es aparente, excepto la Presencia, que ya es consciente, en todo momento, de sí misma. Ábrete a la lucidez, a la maravilla eterna de lo que Es. Ninguna palabra, ni ningún concepto pueden definirte, ¿cómo van a poder si eres la Vida? Eres totalmente impersonal e indefinible. Todo acontece espontáneamente, y tu eres la Presencia abierta y acogedora que todo lo ve, eres Ese a quien todo le sucede, Ese que no se ha movido de ahí, del siempre ahí. No hay un más allá, todo sucede sin tiempo en el siempre ahí.  Tu verdadero hogar jamás ha sido el cuerpo, unicamente lo precisas como herramienta para experimentar la aventura del no saber dentro de este paraíso que en realidad no has dejado de ser.

 

Todo lo que se mueve y cambia es de la naturaleza de un sueño hipnótico, sal de él, o míralo todo fuera de él, porque esa película personal e intransferible sólo nos sirve para regresar a la Presencia, para recuperar nuestra auténtica naturaleza original, la visión de Eso que ES que está siempre ahí, siempre ahí, la forma natural de ver la vida tal como es. No debe cambiar nada, en absoluto, simplemente ábrete a ser feliz, es tu derecho innato. Ríete de ti mismo cuando lo veas con total lucidez. Sólo puedo aplaudirte porque te mereces un grandioso aplauso de la Vida, por tan magistral representación.

 

The End.

 

Desde el silencio eterno que yo soy, al mismo silencio eterno que tu eres.

 

¡Gracias!