¿Sabes lo que sucede cuando imaginas ser el personaje por el cual te has tomado? Pues que todo el mundo puede verte, menos tú mismo. ¿Sabes lo que sucede cuando recuperas la visión de Eso Que Es, la forma natural de ver las cosas? Pues que finalmente puedes verte a través de todos y nadie puede ver tu totalidad. Si puedes reconocer tu totalidad, puedes asumirte profundamente tal como eres, con todas tus supuestas manías, virtudes o fallos, puedes aceptarte profundamente tal como te sucede la vida, porque puedes comprender lucidamente que los demás son una proyección divina y perfecta de ti, son tu regalo. En realidad, los demás no existen, todo es vida siendo vida, vida que sucede sin prisas y sin pausa, vida sin destino y sin propósito, vida brillante y ordinaria que se mueve dentro de este espacio basto de la Consciencia Presente, abierta y acogedora, que en realidad no has dejado de Ser. 

 

Cuando no sabes lo que en verdad eres, tienes miedo de todo lo desconocido, y eso va generando  un conflicto o una lucha interior que te lleva a la duda, al miedo, al sufrimiento y a la confusión, porque a lo que más temes es a ti. Tienes miedo de tu propia sombra, únicamente de tu propia sombra, en realidad no temes a nada ni a nadie más, aunque la mente te haga creer que sí, porque cuando la Luz de la Presencia reaparece, cuando recuperas tu derecho innato, el don de poder ver y comprender lucidamente la Vida tal como Es, (que no tiene nada que ver a como la imaginamos) cualquier manifestación deja de ser un obstáculo, deja de ser un problema o una molestia, todo es un regalo divino y maravilloso en la Presencia del Ser, todo es acogido e iluminado por esa grandiosa Luz que habita en ti. 

 

Ahora mismo, siempre ahora mismo, si no imaginas nada más, si aceptas plenamente esta manifestación tal como la ves, tal como te sucede o tal como aparece y desaparece en ti, sin etiquetas de buena o mala, ¿qué miedo puedes tener? Si no eres lo que sucede, eres quien lo ve y quien la acoge. Ya te digo, sólo es la mente que personaliza la existencia la que te teme a ti, no al revés, porque en todo ve un problema. Tu sabiduría innata e infinita, silenciosamente está acogiendo cualquier manifestación, sea ésta o sea la que sea, sólo es la mente la que no lo ve, porque está a años luz de ti, de ahí, de la Presencia del Ser que en verdad tu ya eres.  Tu auténtica naturaleza original es absolutamente impersonal. Deja de personalizar la existencia y te darás cuenta que en tu más absoluta pequeñez, en esa nada,  se halla esa grandiosa Luz que habita en ti, que lo acoge todo, tanto lo que es, como lo que no es. ¿Qué sombra no puede iluminar la Luz de la verdad viviente en ti? Sólo la verdad inalcanzable, la Vida constante que se vive a través de ti, puede acabar con todo lo ilusorio y hacerte libre para siempre.

 

Ábrete a la sabiduría infinita del no saber, vive un día cada día como ya lo hiciste en la niñez, recupera la inocencia de manera consciente, ama la Vida tal como se te presenta, sin miedos absurdos al miedo. Si aparece el miedo, déjalo aparecer, déjalo mover, déjalo desaparecer, simplemente observa como se mueve dentro de este basto espacio silencioso que tu ya Eres, porque te puedo asegurar que acabarás agradeciéndolo todo, absolutamente todo, tanto lo que llamas maldad como lo que llamas bondad. Sólo así reconocerás tu totalidad, que no tiene nada que ver con ese diminuto punto de vista del personaje soñado por ti, por el cual te has tomado. Eres la Vida, la única constante que hay, con lo cual ¿a qué vas a temer?  Ese maravilloso caos de la humanidad es tu propia sombra, nada más que sombra, o sea, nada que temer cuando la Luz de la Presencia lo ve.

 

El Amor absoluto del Ser ve que soy todas las cosas, la Luz constante del Ser ve que jamás, jamás me he equivocado porque no me he movido de la fuente, jamás me he movido de ahí. No hay a donde ir, siempre has estado en casa, no lo olvides. No existe un más allá, ni karma o reencarnación, ni cruz o camino, ni infierno o demonios, no hay nada que temer dentro de ese sagrado lugar, tan maravilloso, donde toda apariencia o toda manifestación puede descansar. Eres el paraíso, la Presencia que todo lo ve, no lo olvides, jamás has dejado de serlo, aunque la mente que personaliza la existencia te haya jugado una jugarreta, jamás has dejado de ser la Vida, la única constante que hay. No tienes ni que hacer ningún tipo de esfuerzo para ver y comprender que esta Luz siempre ha estado ahí, siempre, siempre. Ábrete a la lucidez porque es lo único que acaba con el miedo, con siglos y siglos del aparente drama colectivo de la humanidad, es lo único que fulmina toda sombra y toda ilusión del mal.

 

Cuando la liberación de la mente se ha consumado y te has liberado de absurdas e inútiles fantasías, de siglos y siglos de sufrimiento colectivo humano, y por fin es útil y práctica porque se ha rendido al Ser ¡siempre presente! que en verdad ya Eres, te puedo asegurar que vivir es lo más fácil del mundo mundial. Todo sucede magistralmente en el siempre aquí y en el siempre ahora. No hay ni que hacer esfuerzos, ni sufrir por nada ni por nadie, todo es la Vida ¡siempre presente! que se vive a sí misma ¡plácidamente feliz! eternamente inteligente, porque es  la única inteligencia y constante que hay.