Sólo hay dos formas de vivir.

 

En mi más profunda ignorancia y ceguera ante la Vida, creí ser alguien.

La sabiduría absoluta de la Vida, me ha hecho ver que yo no soy nada.

El Amor incondicional de la Vida, me ha hecho ver y conocer que:  Yo soy todas las cosas.

 

Sólo hay dos formas de vivir, con miedo a perder, apoyando el drama eterno de la humanidad, o sin miedo a perder nada, apoyando el milagro sin fin de la Luz, en el que ya estamos todos, permanentemente asentados y estables.

 

También hay dos grupos de egoísmo, el egoísmo necio, el desagradecido que sólo pide favores y cosas para sus usos personales, creyendo que ha nacido para ayudar a personas a hacerles creer que son personas, y el egoísmo sabio que ha visto y ha comprendido que a la inteligencia máxima de la Vida, no la enseña, no la cambia, no la gobierna, ni la mueve nadie, ni el concepto Dios que se ha inventado para no ser reales.

 

Cuando uno cae en las artimañas del ego necio, cree que aparece en el mundo porque se le necesita o que necesita de todo para vivir, piensa que un diminuto punto de vista dual, un puñado de ideas preconcebidas sobre la vida, son imprescindibles para ayudar a un vasto mundo. Cuando uno redescubre el egoísmo sabio, se da cuenta que no es nadie y que el mundo sólo es un espejismo de uno mismo, un concepto que no puede definir la vasta inmensidad de la Vida, entonces ve lo absurdo que es ese tal mundo de la propia creación, se da cuenta que el yo no aparece en el mundo, ya que todo y todos, tanto lo conocido como lo desconocido, tanto lo descubierto como lo que queda por descubrir, todas las formas de vida que hay, todo lo que se mueve y cambia, todo aparece y desaparece en el vasto Ser, para hacerme consciente de que hay otra forma de vivir, sin miedo a perder ni a morir.

 

Todo lo que se mueve y cambia es de la naturaleza de un sueño, que nos sirve únicamente para abrir los ojos, es un apoyo perfecto para el despertar de la Consciencia, hasta recuperar la naturaleza del Amor, la visión natural que ve las cosas tal como son, nada que ver a como las traduce, las idealiza o las imagina la mente. Se necesita la dualidad para recuperar la Unidad.

 

En la metáfora del mundo aparente, en una de las enseñanzas duales, se dice: Dios terminó la creación del cielo y de la tierra, de todo cuanto existe, y el séptimo día descansó. Dios bendijo ese día y lo apartó, para que todos lo adoraran. Si se sabe ir más allá de las palabras populares, o si se saben entender sólo por resonancia, desde el corazón o por los sentidos, dado que la misma palabra Dios y todas las palabras populares ya nos confunden y nos separan de lo que más se anhela recuperar, porque las mismas palabras imitadas lo ensucian todo, entenderás que la inteligencia que ha escrito estas palabras es la misma inteligencia que ahora mismo las lee, pues no hay dos aquí mismo, no hay separación con lo que la mente llama mundo exterior, ni con el cielo ni con la tierra, ni con nada, ni con nadie de la creación, y menos con lo que AHORA mismo te esté sucediendo, lo que esté presente dentro de ti. Todo, dentro de la rueda eterna de la Existencia, es la misma inteligencia, y el único día en el que uno puede descansar es hoy, siempre es hoy, cuando se ha llegado a la última comprensión, cuando se ha visto lúcidamente que no hay nada que uno deba comprender para Ser, ya que en nombre de un concepto, sea Dios, sea la Unidad, sea Alá, sea Buda, sea Mahoma, sea el concepto que sea,  que no alcanza describir una vasta inmensidad, se han hecho barbaridades, se ha irreverenciado y se ha negado a esa amorosa y divina Eseidad siempre presente, se ha infectado la Existencia que es de nadie porque se ha comercializado con la inocencia de nuestro verdadero Ser, se ha hecho de toda la creación un circo necio que a todos nos toca cruzar, muy inteligentemente, para el despertar de la Consciencia. Unos cerrarán los ojos y se adaptarán al drama popular, para que otros los obran y puedan despertar a la naturaleza del amor, para que se pueda apoyar ese sinsentido maravilloso de la Luz, en el que todos, absolutamente todos, estamos asentados, ya que somos inseparables de la misma inteligencia Cósmica.

 

Cada uno de nosotros, más allá del concepto Dios y de todos los conceptos inventados para adorar la falsa imagen y el mundo de las falsas apariencias, es una expresión única, divina y adecuada de EsoQueEs, y al mismo tiempo Yo Soy Eso innombrable que VE y CONOCE por los sentidos, Eso que no se puede enseñar, ni explicar, ni poseer, ni retener, ni describir, ni definir. Por decirlo de alguna manera, somos dioses cruzando la propia manifestación, porque somos la luz de la Presencia que ilumina el mundo de la propia creación, la luz que ilumina el eterno instante presente, el Amor que consiente y lo ama todo..

 

Mientras uno mantiene en el olvido su auténtica naturaleza o luz original, se buscará a sí mismo a través de todas las cosas populares, a través de todas las formas materiales habidas o por haber, a través de todas las palabras y de todas las enseñanzas duales o libros populares, a través de las imágenes, a través de todos los personajes, ídolos, maestros o perfiles habidos y por haber, a través de las redes sociales, a través de los números, a través de los símbolos y grafías, a través de los géneros, tradiciones, culturas, religiones, políticas, castas o razas, a través de los viajes, de lo que sea, y si no le sucede la visión, andará por el mundo sin darse cuenta que ya somos todo lo que buscamos. Lo que buscamos es lo que somos. La dicha, la felicidad sin causa y esa dulce libertad que se nos regala, de como si uno decidiera, incluso la eternidad, es lo que somos, no lo que creemos ser.

 

Sólo se puede descansar cuando redescubres, de manera íntima y plena, el milagro de la Luz, tan fascinante misterio, ya que siempre estamos siendo vividos en el eterno día de hoy, en el eterno instante presente, que es el único día que se puede descansar para celebrar la Vida y agradecer todos los regalos que se nos ofrecen generosamente. La visión natural para ver las cosas tal como son, que no tienen nada que ver a como las reinterpreta, las imagina, las idealiza o las traduce la mente por la cual uno se ha tomado, sucede o no sucede. Si sucede ves y comprendes que ni eres nada ni sabes nada de nada de la vasta inmensidad de la Vida, entonces ya puedes descansar para fundirte con el Ser, para ser lo que ya Eres.

 

Yo no puedo adorar el día de ayer, ni puedo adorar el día mañana, porque todos los pasos andados hasta ahora mismo, no existen, y todos los pasos que supuestamente vaya a andar la herramienta corporal, a partir de ahora mismo, tampoco existen. La única certeza que hay en la Vida es que nadie tiene ni posee la certeza de nada, sólo la Presencia abierta, acogedora y amorosa, ¡siempre presente!, que permanece a pesar de los pesares, es la única constante que hay, todo lo demás es de la naturaleza de un sueño, una hipnosis como una catedral para despertar a la naturaleza del amor. Todo está bien, perfectamente bien. Todo está completo y realizado en el eterno instante presente.

 

Yo no tengo ni vivo una Vida en propiedad, la Vida se vive a sí misma a través de mí, y a lo que en verdad yo soy, a la Luz de la Presencia, no le sucede absolutamente nada. Ninguna persona, absolutamente nadie, tampoco yo como persona, puede devenir despierta, visionaria o iluminada. La iluminación ya es lo que sucede, es lo que ya Es, es lo que se siente. La simple creencia de ser una persona o un individuo inteligente que puede mover una vasta inmensidad, ya es profunda ignorancia u oscuridad, y sólo la Luz de la Presencia del Ser ¡siempre presente! puede iluminar. Nadie puede hacer por nadie, lo que debe acabar haciendo uno mismo para vivir sin sufrir, porque nadie puede ver ni conocer por nadie, por los sentidos, lo que sucede en el fuero interno, ya somos la Luz eterna de la Vida que ve y conoce por sensibilidad. La creencia de ser personas, de ser individuos que viven separados de la fuente de todas las cosas, es la creencia que más daño, más guerras y más drama ha provocado a la humanidad. La auténtica humanidad es ser sensible tanto al dolor como al placer, no avergonzarse por ser como nos ha soñado la vida, no tener miedo al miedo que ha creado la mente necia e ilusoria que niega y reta al Ser, y asumir la totalidad, tanto las energías masculinas, como las energías femeninas que a todos nos suceden en la Consciencia, tanto la polaridad negativa como la polaridad positiva hasta que se fundan en una sola luz. 

 

Sólo hay dos maneras de vivir, con profunda ignorancia o ceguera ante la Vida, creyendo que el mundo y los demás me necesitan para vivir, o con absoluta lucidez, respeto y sensibilidad, sabiendo que el mundo, los demás o tales personas, no existen, sólo son conceptos, ya que todo y todos es la misma inteligencia que yo soy, un auto recordatorio.  No hay separación con nada ni con nadie, hay Vida inteligente siendo vida, jugando con las palabras para reconocerse a través de todas las formas que hay, porque sólo hay Presencia que ya es consciente de sí misma, la única constante que hay. 

 

No intentes comprender estas palabras por el intelecto, porque el intelecto siempre está a años luz de donde nos sucede el milagro de la Luz, sólo hay en ellas una resonancia que le habla al corazón de tu verdadero Ser, ya que ninguna palabra puede ni podrá definir el Silencio sabio inherente a todos, del cual emerge todo, del cual emerge el amor verdadero, el amor incondicional e ilimitado que nos abraza y nos acoge a todos, nada que ver con el pobre, condicional y limitado concepto amor que se hereda de generación en generación.

 

Detesto cualquier aparente ego autodenominado iluminado, inteligente, visionario o espiritual, porque sólo se consigue la realización del Ser cuando dejas de buscar fuera, aceptando de manera íntima y plena, el profundo desastre de persona en la que uno se convierte cuando le regala todo el poder al ego necio que adora el mundo de la falsa imagen. Sólo viendo los límites sagrados y las profundas miserias humanas, puedes llegar a ver la perfección de la Vida en todo. Nadie tiene elección a ningún nivel, como cree tener y nadie es lo que dice o cree ser. Uno debe arrodillarse en el fuero interno para implorar la segunda oportunidad, el derecho de nacimiento, el don de ver y conocer la vida por los sentidos, que es a lo máximo que se puede aspirar,  sólo así se sabe ver y  reconocer, por uno mismo, lo que la Vida Es, una maravilla y una joya que no se puede explicar, sólo se puede celebrar, aplaudir y agradecer.

 

¡¡Gracias a todo y a todos!!