Sé una luz para ti y el Universo te lo agradecerá.

 

Así como la luna precisa el brillo del Sol para ser vista, así mismo precisamos la luz original del Ser, para ver e iluminar la propia oscuridad.

 

Inclínate ante la duda y permite que brille tu auténtica sensibilidad, porque nadie puede hacer por ti, lo que debes acabar haciendo tu mismo.

 

 

Ser sensible tanto al dolor, como al placer, no es para avergonzarse, todo lo contrario, te va inundando de tesoros, que ni todo el oro del mundo puede comprar.

 

La mayoría de habitantes del vasto espacio del Ser, a los que llamamos personas, aparentemente están agotados porque huyen de sí mismos, buscan por todas partes lo que ya son, prefieren llamar: karma, cruz, camino o calvario a la propia ignorancia. Antes que ser sensibles tanto al dolor como al placer, antes que ir desnudos ante las inclemencias del no saber, antes que reconocer: sólo sé que no sé nada del vasto espacio del Ser, prefieren huir y sufrir. Las personas optan por inventarse el concepto reencarnación, los conceptos cielos e infiernos, ángeles y demonios, el bien separado del mal, el concepto alma, el concepto espíritu o el concepto dios, prefieren inventarse fantasmas de luz o lo que sea, antes que reconocer estoy exhausto de tanto intentarlo. En lugar de inclinarse ante la duda, ante la sabiduría del no saber, ante el Silencio inteligente, inherente a todo y a todos, pasan por la rueda eterna de la Existencia, dejando el espacio que les tocaría iluminar con la Luz original, lleno de inmundicia, basura y porquería para aquellos que nos sigan los pasos, porque te aseguro que no hay nada más sucio, ni más asqueroso, ni más oscuro, ni más perjudicial para la salud de la Consciencia, en la que estamos todos cruzando la propia aventura del vivir, que no anhelar recuperar la luz original para ver la propia ignorancia, así liberarla y limpiar de inmundicia el vasto espacio del Ser.

 

Desde el momento que uno pide consejos y ayudas a doctores o a terapeutas, imita a maestros, idolatra a santos, para vivir, desde el momento que uno cree que necesita cambiar a ese gigante al que llamamos “mundo”, y desde el momento que uno cree que ese tal mundo necesita un diminuto punto de vista dual para cambiar lo que nadie ha podido, ni puede, ni podrá, es que niega rotundamente hacerse consciente de sí mismo a través de su luz original, vive en su propio sueño, totalmente hipnotizado, manteniendo en el olvido su verdadera naturaleza. Creer que uno es una persona importante o que es una persona necesitada de milagros, es pasar por la existencia todo el tiempo pidiendo favores, suplicando y rezando a un cielo imaginario para vivir, y eso es una guerra dramática que nunca termina, es lo que va llenando el vasto espacio de la Consciencia de: ignorancia, separación, caos, guerras, violencia, drama, inmundicia y porquería. Suerte que la Unidad se auto equilibra a sí misma.

 

Dentro de este gran espectáculo o de este gran teatro inteligente de la vida, lo que ves cuando eres una luz para ti, es que una inmensa mayoría quieren ser muy bonitos y relucientes por fuera, pero siguen llenos de inmundicia, viven soñando, sin limpiar, sin reordenar y sin esclarecer la propia oscuridad, porque aparentemente les da pavor asumir la totalidad, las energías femeninas y masculinas que les suceden en la Consciencia hasta hallar la Unidad. Si en lugar de querer cambiar el mundo, uno empezara por amarlo tal como Es, tal como se le presenta en su día a día, ya es el comienzo del cambio, no sólo para uno mismo, sino para el mundo y para el Universo entero, porque además de habernos tomado por personas que necesitan ayudas, milagros y favores mágicos para vivir, somos una luz radiante que nunca se apaga, somos la luz eterna de la Presencia de la Vida, que ilumina la propia inmundicia interior, el mundo de la propia creación. Eres la Vida misma inseparable de todo y de todos, nada y nadie podría aparecer ni desaparecer en tu Ser, sin tu Luz.

 

No confundas, por favor, inocencia con ignorancia, sensibilidad con sensiblería o insensibilidad, ni tampoco confundas el amor verdadero que lo ama todo, con el pobre concepto amor que divide todos los sucesos en dos, porque son cosas muy distintas. Precisamos la dualidad humana para hallar la Luz de la Unidad. Lo que en verdad eres es UNA luz radiante, inocente, sensible, amorosa, pura y respetuosa con todo, eres la misma LUZ inseparable de todo y de todos, que hace mover el cosmos, que crea y mueve las estrellas del Universo, que crea, mueve y sostiene el mundo o las galaxias, que hace mover el océano, que hace volar los pájaros, que hace crecer la hierba, que hace brillar el Sol.  Allá donde pones tu atención, allá está la luz de la Presencia de la Vida, allá está esa Nada de la cual emerge el Amor que lo ama y lo acoge todo. 

 

La creencia de ser una persona es profunda ignorancia, es la creencia dual que más cuesta de liberar, pero también es la creencia que más precisamos para hallar la Luz inocente y original.  Se consigue ofreciéndoselo todo a la Vida, porque la Vida, en el mundo, es una sala de espejos inmensa, que nos invita a todos a inclinarnos ante la duda, para ser reales, para ser auténticos, tal como somos, sin miedo a perder el falso poder, sin miedo al qué dirán, sin miedo al que pensarán de mí, sin miedo a perder la fachada, sin miedo a SER desde la luz de la Presencia, porque todo es UN Ser, es un VER, es un vivir en la Luz, tal como uno Es. Si se lo das todo a la Vida, para que haga de todo y de todos, lo que mejor considere o lo que mejor le convenga, la Vida, te lo devuelve todo renovado, iluminado, radiante, liberado y próspero.

 

Las gentes sufren porque no aman su totalidad, porque ignoran y niegan lo que son, la inmensa mayoría pasa por la Existencia ocupando el espacio vasto del Ser que se nos regala a todos, generosamente, sin ser agradecidos por todos los dones y por todos los tesoros del día a día, así siguen trabajando duro y lo que cobran sirve para pagar su más profunda oscuridad, tal vez, seguirán rezando para cumplir años o suplicando favores a dioses inventados, porque llamaran karma, cruz, camino o calvario a la propia ceguera que no les permite ver ni iluminar la oscuridad, que no es otra cosa que profunda ignorancia, es lo que siempre ha intentado retar y negar la luz radiante de la Presencia, la Luz inocente y pura de nuestro verdadero Ser.

 

Tu luz, no es distinta a mi luz, ni a su luz, ni está atada al sufrimiento de lo que los demás piensen de ti, ni tampoco está atada al sufrimiento del tiempo, está unida a la liviandad del Universo, a la inmensidad de lo desconocido, al vasto espacio vacío de conceptos, ideologías, apegos y ataduras, está unida a esta infinita, íntima y maravillosa soledad silenciosa, de la cual emerge el amor verdadero que nos hace vibrar, que te libera del falso poder, de la falsa libertad y de un falso mundo. La auténtica libertad es no tener que trabajar duro para pagar la propia oscuridad, o vivir sólo para cumplir muchos años, es vibrar sin años en la cabezo, es enamorarse de la Vida, es Ser lo que uno ya Es, es vivir sin miedo a Ser real, sin avergonzarse de la auténtica sensibilidad y de la maravillosa fragilidad humana.

 

Aquellos espejos, a los que llamamos enemigos, negativos o malos, suelen ser los auténticos maestros, son los que más nos reflejan lo que hay que ver para iluminarlo, son los que más nos apoyan a despertar, nos ayudan a asumir la totalidad, para ser reales, para ser lo que uno ya Es.

 

Cuando una ola en lo superficial del Océano se funde con Él, puede ver los maravillosos tesoros en la profundidad del Océano. Cuando una persona se funde con la Vida, se le regala la visión que VE todos los regalos y todos los tesoros que se hallan en la profundidad del Ser, puede ver la perfección incluso en la imperfección, porque todo, absolutamente todo, es un regalo.

 

¡¡Gracias a todo y a todos!!