Rendirse para ser feliz, o sufrir para ser un infeliz. No hay más.

 

Cualquier persona que no se haya rendido al Ser puede llegar a decir: -Yo soy española, inglesa, francesa, china o americana, da igual. Yo soy ama de casa, soy artista, soy escritor, soy periodista, soy dentista, yo soy cura, soy científico, notario o terapeuta, soy espiritual, soy religioso o soy ateo, soy muy lista o ignorante, soy muy buena o soy muy mala, pero todo sin profundidad, sin llegar a la raíz del Ser. Yo soy mamá, papá, abuelo, nieto o hijo. Da igual, un sin fin de yo soy.  Como en realidad no hay manera de saber cuántos yo soy se pueden nombrar en un día, la inmensa mayoría vive sin saber quién es realmente. Las personas, son incapaces de ver que en el próximo segundo todos esos yo soy pueden desaparecer, porque en realidad nadie sabe si dentro de un segundo podrá levantar una pierna o no podrá.  La mente se esfuerza constantemente para añadir un nuevo yo soy algo o alguien a la lista interminable, en realidad lo que quiere es una fórmula mágica para dejar de sufrir o para tener una buena vida y mejor resuelta, más brillante, más santa , más plena o más espiritual, más saludable y realizada que ¡este! instante eterno, tan vital, saludable y realizado. La mente todo lo centra en acciones buenas o en acciones malas, porque al ser ilusoria no puede ver que hay algo más, algo muy maravilloso que nos sucede como un regalo. La mente al ser ilusoria no puede ver que el despertar no tiene nada que ver con los conceptos bondad y maldad o con el concepto religión, enseñanza o espiritualidad, así que antes de rendirse inventará mil excusas para que no puedas dejar de sufrir.

 

Como personas, nadie tiene la libertad que cree tener, ni una sola persona de este mundo en el que vivimos todos tiene el famoso libre albedrío que cree tener, (si lo tuviese se acabarían las fórmulas mágicas y las deidades que se inventan cada día) pero al no verlo, prefiere luchar sola contra un guerrero imaginario, contra la propia ceguera e ignorancia llamada yo soy una persona.

Fíjate lo que suele decir la mayoría de personas cuando las ves aparecer en el mundo aparente, sufriendo inútilmente:  -No me rendiré jamás, ni que me maten. NO HAY QUE RENDIRSE, hasta la tumba yo seguiré así, tal cual yo soy como persona. Y con esas palabras heredadas tan a la ligera, la persona se queda tan ancha, con lo cual si escuchas un relato parecido, la mente deduce y crea la idea de que vivir es cosa de no rendición, de lucha, guerra, trabajo, caos, esfuerzo y sudor.  No somos lo que creemos ser, pero al no verlo y al no querer rendirse ante esta vasta inmensidad, lo que hace toda persona que luche contra ella misma, es fomentar el infantilismo de un mundo que camina ciego y sordo ante la Vida, sin saberlo. ¿Me puedes decir qué clase de libertad hay en una mente que no quiere rendirse, que prefiere la guerra, la lucha, el esfuerzo, el duro trabajo, o el caos del mundo aparente?  Si haces caso a la mente jamás, jamás serás libre, ni serás realmente feliz. ¿No será que a las personas ya les encanta ser esclavas de ellas mismas? Ni una sola persona, ni una, tampoco yo como persona, está liberada, despierta o evolucionada. Sólo la Vida lo está.   Toda persona lucha contra su psique con tal de no rendirse nunca. Pero sabes ¿por qué? Es muy fácil, por no tener que admitir que camina ciega y sorda ante la Vida, por no tener que asumir que como persona jamás, ¡jamás! conseguirá lo que realmente todo ser humano más anhela encontrar. Nadie quiere reconocer profundamente: -NO SÉ NADA DE NADA de esta única y vasta inteligencia, soy un ignorante de la Vida, me lo creí todo con los ojos cerrados, por amor a la vida, por eso no quiero admitir que la profunda ignorancia me gobierna, me esclaviza y me mantiene preso de mí mismo.

 

Decirle a un ciego que se mueve solo ante esta vasta, abierta y acogedora inteligencia, que luche y no se rinda, es parecido a decirle: -métete en tu propia tumba. Por eso, esas palabras que emergen de la Nada, que son de nadie y para nadie, por más radicales que te parezcan, te están diciendo justo lo contrario, suplica que te suceda la observación para así distanciarte del relato de la mente, hasta encontrarte con tu verdadero Ser. Recuerda que en la decepción está el auténtico regalo. Si te adaptas a un mundo aparente, sólo aparente, profundamente enfermo, lo único que te puede suceder es que no recuperes tus dones innatos ni puedas sentirte realmente vivo ni feliz.

 

Esta especie de broma cósmica que nos sucede a todos, a todos, puede llevarle a uno a la locura y seguiría sin ver que ha sido por su propia ceguera y por su no rendición. Es posible que la psique de alguna persona busque pócimas o sucedáneos que la haga mejorar en algunos aspectos, pero si se insiste en la no rendición, llegarán a la tumba sin haber vivido realmente liberados y felices, porque se habrá pasado la existencia luchando contra uno mismo, queriendo ser algo o alguien distinto, más bueno y mejor que el UNO,  algo que jamás ha sido ni será. De hecho, lo que más buscamos es la pérdida del ideal del “yo”, la pérdida de la identidad personaje, porque nunca ha sido real, siempre se está moviendo entre lo que fue y lo que será. Nadie puede localizar ese tal “yo” en un lugar concreto, ni en las profesiones que creemos tener ni en los relatos que personalizamos de ser mamas, papás, hijos, maestros o alumnos, no se puede encontrar un algo o alguien en algún lugar concreto del cuerpo ¿Dónde está tu “yo” dentro del cuerpo? Pues a ver si lo encuentras y me lo presentas, porque si continúas buscándolo en el cuerpo lo único que puedes hallar son sensaciones, pensamientos, emociones que vienen y van, un relato o una historia personal que te sucede en la mente, simplemente es consciencia del cuerpo o consciencia de los pensamientos. En realidad, nadie puede localizar en un lugar concreto ese tal “yo”. Y lo más curioso de todo es que lo que realmente busca ese tal “yo” que imaginamos ser, es lo que realmente YA SOMOS, más allá del ilusorio relato. Lo que sucede es que por muchos motivos, ideologías, culturas, religiones o tradiciones familiares, diferentes y totalmente equivocadas cuando las heredamos, buscamos algo distinto a lo que ya somos, algo personal, algo que nos aleja constantemente del auténtico Ser, del verdadero Yo Soy, y del auténtico hogar, de la Presencia que ya es Consciente de sí misma. Buscamos la iluminación de la mente o la liberación, en los objetos, en las cosas concretas, en los apegos, en las historias, en lo cómodo, heredado y conocido, en las universidades, en las religiones o en la espiritualidad, pero si no salimos del mundo conceptual e ilusorio que heredamos y nos creímos ciegamente a la ligera, soñamos con poder alcanzar algo más con tal de continuar con la sensación de ser personas, tal vez, buscando en un más allá, pensando muy inocentemente  que debería descender un dios o una gracia especial para liberarnos o llenarnos de una nueva energía. Pagamos fortunas y luchamos duro investigando a más no poder, con tal de no reconocer la más profunda ceguera e ignorancia que nos separa constantemente de la inocencia perdida. Cualquier “yo soy una persona” que tiene un montón de ideas preconcebidas del bien y del mal sobre sí misma, sobre la importancia de una vida personal, sobre la importancia de ser algo o alguien muy especial, próspero y rico, no hace otra cosa que martillearse a sí misma con la propia ceguera, todo con tal de no suplicar al Ser, hazme nada, devuélveme la inocencia perdida, hasta que pueda fundirme con el auténtico YO SOY.  Así es, así ha sido y así será.

 

Simplemente, llanamente, ordinariamente, naturalmente y únicamente, yo soy este instante vivo y realizado, totalmente consciente de sí mismo, que ya está sucediendo sin que deba luchar inútilmente contra mí misma para mejorarlo o santificarlo. Tal como yo soy ahora mismo, soy una expresión de lo infinito, como lo es todo lo que sucede a mi alrededor.  Este instante vivo no puedo llamarlo padre, madre, hijo, hija, maestro o alumno, ni ninguno de los conceptos que necesita una persona con tal de permanecer soñando, imaginando ser algo o alguien más importante que este instante. Es como si ahí, en la Presencia del Ser, no hubiese nada, sin embargo, estoy percibiendo como sucede magistralmente la Vida, sin la menor sensación de que lo que suceda deba cambiar, mejorar o empeorar, ni debe ser más santo, sagrado o distinto.  Ahí mismo está absolutamente TODO. La Unidad reside en esa visión lúcida de nuestra verticalidad, de manera que lo que puedas estar buscando, ya Es. Únicamente hay Ser, una maravillosa Eseidad que nunca ha venido y nunca se irá. En nuestras prisas para alcanzarla, la pisoteamos una y otra vez, nos revolcamos en el propio fango para no asumirla tal como Es. La Vida es sin prisa, sin esfuerzo, sin rezos y sin plegarias, sucede de manera íntima y plena,  sin lucha o sudor, simplemente ES. En la más profunda rendición se está a un paso de poder recuperar la felicidad sin causa, que jamás se ha movido de la Presencia del Ser. Si hay rendición consciente y profunda, es posible que la Vida regale esa segunda oportunidad que por derecho innato a cada uno le pertenece, si no, ¡ala! a sufrir inútilmente, que el sufrimiento siempre ha estado de moda, no sirve de nada, pero es lo que más le mola a la persona, sufrir y hacer sufrir, mucho más que sentirse feliz o liberada de la propia esclavitud.

 

Todo lo que te pueda suceder hoy, es divino tal como ES, es una expresión de lo infinito, pero sólo si hay rendición profunda y total, uno puede verse tal como Es, que no tiene nada que ver a como personalizamos la existencia, ni con lo que imaginamos ser. Únicamente sufre la ilusoria persona, porque a lo que en verdad somos, jamás le ha sucedido nada de nada que pueda hacerle sufrir. Todo es un auto-recordatorio, tanto para ti, como para mi, como para quien sea que esté ahí. En realidad, cada instante lo es, todas nuestras palabras son un entretenimiento para la mente, un intento de alcanzar lo inalcanzable, porque jamás podrán definir lo que en realidad no hemos dejado de SER. Hay que llegar a la raíz del Ser, del único SER, el de todos, si queremos trascender todo sufrimiento humano, porque únicamente a través de la sabiduría innata del no saber, inherente a todos, podemos llegar a ver lucidamente y sin temor cualquier problema o situación, más allá de la mente ilusoria. En la Presencia se acaban los problemas y lo único que hay es Ser, la maravilla eterna de lo que ES.

 

Los determinantes artículos posesivos: mío, tuyo, suyo, nuestro, vuestro, suyos, etc., es lo que más ha confundido al hombre, es lo que más le separa del Ser. Sólo hay una única, vasta y divina inteligencia bailando al compás de esa Nada, sólo hay SER, que desde siempre y para siempre nos ama incondicionalmente. Todo es de nadie y para nadie. En cada cosa y en cada ser está contenido la nada y el todo. Cuando uno lo ve, sólo puede reírse de sí mismo, porque si se insiste en dramatizar, la rueda eterna del sufrimiento colectivo es sin fin, continúa martilleando la psique. El Ser o la Unidad juega a parecer ser algo o alguien metido en el cuerpo, juega con las palabras, pero jamás ha habido un personaje dentro de un cuerpo. Somos vida siendo vida, nadie que tenga una vida personal y nadie que vive una vida en propiedad. Todo relato que personalizamos, únicamente, nos sirve para despertar de él.

 

Este escrito simplemente ES, tiene vocación de ser y suceder, como todo ser y todo suceso. Creer o imaginar que ESO que emerge de la Nada es de alguien, o presuponer que aquí hay algo o alguien haciendo que suceda para ti, para mi o para algo o alguien, sería creer o imaginar que una marioneta llamada persona puede mover a su creador. Sólo hay Unidad, una maravillosa y divina Eseidad, y eso tan simple, se ve o no se quiere ver. Si se ve más allá de la mente, se está a un paso de recuperar la visión, la forma natural de ver las cosas.

 

¡¡¡Gracias!!!