Quién o qué conduce tu vehículo llamado organismo corporal?

 

Cuando hay un auténtico conocimiento en la conducción, no se crean enfermedades.

 

Uno debe  pasar el propio desierto voluntariamente, sí o sí, si se quiere ver o descubrir.

 

Si quieres conducir un vehículo de motor, ya sea de cuatro ruedas o de dos ruedas, todo vehículo que se necesite el permiso de conducir, debes acudir a la auto escuela pública ¿verdad? Debes buscarte un instructor, aprender a través de él, estudiar y revisar la teoría, ejercitar las prácticas y después debes pasar el examen final, y si lo apruebas a la primera, ya te has ganado el permiso para conducir la marca de vehículo que sea, sin necesidad de mantener el instructor que te dé instrucciones al lado, pudiendo llegar a prescindir de la teoría. Después de cierto tiempo de experiencia conociendo la conducción, puedes llegar a conducir espontáneamente, casi sin darte cuenta de que eres el conductor. La misma experiencia, te hará ser un conductor prudente, consciente, inconsciente o temerario, todo dependerá del conocimiento, de las ganas, de las prisas, del propósito, de la experiencia, de la atención o de la inatención que pongas a todo, independientemente de quien haya sido tu maestro instructor, puesto que la teoría o la información es la misma para todos, pero la experiencia en carretera es íntima e intransferible, nadie más puede conducir el vehículo que ya estés conduciendo tú. Tu forma de conducir es totalmente distinta a todas las demás. Incluso el modelo de vehículo exterior, aunque haya salido de la misma fábrica o parezca igual que otros vehículos como el tuyo, tiene una matrícula única e irrepetible, y el interior está ocupado por objetos de usos personales, que nadie más posee como tu. A base de estar sentado al volante conduciendo, irás tomando una manera única e irrepetible de conducir. Te multarán si la aparente conducción es imprudente, temeraria o inconsciente, o no te multarán si la aparente conducción es idónea para circular en la carretera pública que parece de todos, pero es de nadie.

 

Para conducir un vehículo inteligente como lo es un coche, es suficiente pocas instrucciones, tal vez un único maestro y un solo examen, nuestro cerebro está preparado para recoger todo tipo de información, después ya todo depende de la experiencia, de si conduces con prisas y con metas auto-impuestas para satisfacer tus intereses personales o de si conduces relajado y sin metas, para el deleite de la Vida impersonal, que ya sabe sorprenderte en la aventura del conducir, puesto que el único propósito es gozar de un viaje pleno, agradable, seguro y feliz.  

 

Pero, ¿crees que, para conducir un vehículo tan ingenioso, tan y tan preciso o perfecto como lo es el cuerpo humano, es suficiente la teoría aprendida para conducir en el terreno personal? ¿crees que la información que el cerebro tomó como suya es suficiente? El cuerpo humano no viene con un manual de instrucciones para usarlo en lo personal, porque su complejidad es para usarlo en lo impersonal, es tan ingeniosa que nadie nos puede indicar como usarse a la perfección. Si te aventuras, por ti mismo, sin ayudas de nadie, a descubrir su correcto funcionamiento, puedes llegar a ver que el camino, el destino, el recorrido, la aventura del conducir, la experiencia, el conductor, el examen final y el vehículo inteligente llamado cuerpo, eres tú mismo.   Si recibes estudios, eres tú buscando estudios, pero no es conocimiento. Si imitas, eres tú imitando, pero no es conocimiento. Si te informas o tu mismo estás dando información, eres tú informándote, pero no es conocimiento. Si rezas para conducir mejor, estás rezando para conducir mejor, pero no estás conociendo al conductor. Si meditas para no escuchar los pensamientos o todas las señales que desee lo impersonal le mandas al cuerpo, simplemente estás meditando para intenciones personales, pero no estás conociendo la impersonalidad del vehículo ni del conductor, estás evitando conocer tan divino misterio y tan complejo sistema de ir por la Vida.  

 

Conocimiento significa conocer. Si no conoces a la perfección lo que conduces, ¿como puedes escuchar y observar todas las señales para atenderlas? Si las evito, si no las observo, si no escucho las señales tal como son, porque prefiero las prisas y la imitación para obtener la licencia de conducir sin miedo, si prefiero conducir solo para satisfacer mis intereses comerciales y personales, estoy adormeciendo el vehículo o lo estoy deteriorando, porque con lo popular, con lo que me han dicho y mi cerebro se creyó, retuvo o poseyó, no estoy conociendo verdaderamente vehículo ni el auténtico conductor, estoy todavía yendo a clases de prácticas, estoy todavía con la teoría, imitando del instructor que necesité para orientarme,  estoy eludiendo mi responsabilidad como conocedor consciente de tan maravilloso y brillante vehículo que se me regala. Para mantenerme en la conducción consciente, liberada y feliz, debo atreverme a conducir solo, sin el maestro instructor retenido en la memoria, debo atreverme a conducir en lo desconocido, sin las instrucciones que precisé para circular en la carretera personal, puesto que debo terminar circulando en la carretera impersonal, en la que es de nadie.

 

En edad adulta, entre los 20 y 30 años, incluso antes, como conductores de tan inteligente vehículo, ya estamos informados, ya hemos practicado en las pistas públicas de la vida, ya hemos encontrado información suficiente, ya tenemos los maestros instructores en la cabeza. Lo molesto es nuestra mente posesiva que no se lo cree, muy inteligente-mente siempre quiere más, más y más, para seguir informándose al haber personalizado las clases, cree que debe ser la mejor conductora en todo, puesto que todo lo que le han dicho lo retiene, lo posee y lo acumula en la memoria para sus intenciones personales. La mente cree estar capacitada para conducir a la perfección, sin embargo necesita ayudas, copiar, imitar, poseer, retener y acumular información, sin tener auténticas soluciones porque no conoce qué o quien conduce realmente. Cuanto más lista o inteligente cree ser la mente, más ignora al conocedor y conductor.

 

La información que precisamos, la teoría, las prácticas, los estudios o los maestros ya los tenemos dentro, ya se han encontrado, pero ¿pasamos el primer examen de conducir sin interferencias o sin libro de instrucción, lo pasamos sin manuales y sin personajes instructores, sin miedos infantiles a conducir el vehículo? O ¿debemos examinarnos mil veces, para ver si nos dejamos conducir o no? Para ver que únicamente podemos conducir inteligente-mente es cuando ya se prescinde de lo que hemos necesitado estudiar, imitar o copiar. Si ya me he reconocido las señales, si ya me he observado y me he escuchado a través de todo y de todos, estoy preparado para el examen final. Si necesitamos personajes autodenominados maestros y alumnos durante toda la vida, entonces ¿quién conduce, realmente?  Pasar el examen final, es dejar la teoría, dejar la imitación, dejar la práctica, dejar los maestros, dejar toda la información recibida e incluso todas las pruebas anteriores, todo lo que se haya precisado en la auto escuela pública de la Vida. Liberarme de lo que mi mente ha personalizado para conducir inconscientemente el vehículo corporal, aventurarme  sin ayudas de nadie, sin maestros, sin libros de instrucciones, sin algo o alguien que me diga como debe conducirse un cuerpo, y atendiendo las señales del vehículo, señales que me mando desde lo impersonal, puedo ver que dicho vehículo es de uso y disfrute de la Vida lúcida que yo Soy, no del personaje ilusorio que ha creado mi mente, por el cual me tomé, no de lo que la mente imitó, copió, absorbió, se creyó y personalizó.

 

No puedo conducir por mí mismo, espontáneamente, libremente y felizmente, si permito que me conduzca el vehículo la mente ilusoria que se ha hipnotizado, puesto que ha personalizado lo impersonal. No puedo conducir inteligente-mente si permito que me conduzcan siempre. Nadie puede conducir por mi, el vehículo inteligente llamado cuerpo, puesto que la conducción debe ser concienciada, observada y escuchada de manera intima e intransferible. Mientras uno necesite libros de instrucciones, manuales y maestros, psicólogos, recetas mágicas, terapeutas o religiosos que le enseñen a conducir, seguramente se le multará, porque así, con tanta teoría, solo con la información imitada de lo popular, solo con lo que utiliza la mente para personalizar lo impersonal, no hay conocimiento, y sin conocimiento no se puede conducir confiado, sereno, sin miedos, inteligente-mente. Si uno no se aventura a pasar el examen final, que es olvidarse de todos los maestros, de toda la teoría o de toda información imitada o basura, de todo lo copiado y aprendido, no puede conocer ni escuchar atentamente todas las señales inteligentes que tan ingenioso vehículo recibe del auténtico conductor. No hay excelente conducción hasta que uno no se rinde, hasta que uno no se aventura a prescindir de todo y de todos, puesto que únicamente todo y todos sirve para reconocerse uno mismo en lo impersonal de la Unidad. Si uno se resiste a reconocer que la teoría no es conocimiento, solo es información, si uno no descubre que estar informado no es conocer, más bien es ignorancia, no hay manera de que el sistema de ir por la Vida, ese vehículo tan perfecto y misterioso que llamamos cuerpo, sea conducido fácilmente por el auténtico conocedor o conductor, a la perfección.  

 

Si yo imito, es que todavía estoy imitando, no estoy preparado para conducir consciente-mente el vehículo que se me regala, más bien lo estropearé o lo deterioraré si no paso de la imitación. Si yo me informo, es que todavía me estoy informando, no estoy conociendo tan extraordinario e inteligente vehículo. Mientras busque que me asesoren o que me solucionen los problemas del vehículo, no me doy la oportunidad de conocer las auténticas soluciones que me ofrece el auténtico conocedor, con lo cual no debería decir que soy un buen conductor, ya que por más etiquetas que me ponga, no estoy capacitado para pasar el examen final si estoy ignorando como me dejo conducir por quienes no tienen ni idea de las señales íntimas que recibo. Sean pacientes los que me conducen, sean médicos, sean maestros o sean alumnos, la verdad, es que si no voy más allá de lo personal, siempre me parecerá que conduce el vehículo algo o alguien externo a mi, o sea todo y todos, menos el auténtico conductor. Para pasar el examen final, debo estar dispuesto a pasarlo, de lo contrario no puedo conducir sin libro de instrucciones, sin instructores al lado, sin alumnos, sin teoría, sin imitación, sin falsos maestros, sin médicos de guardia que hagan un negocio con la ignorancia. Conducir sin permiso de conducir, sin haber reconocido ni conocido lo que conduzco, hace que no pueda aprobar el examen final. Conducir solo con teoría o con títulos académicos, sin haber conocido la totalidad del Ser a través del vehículo inteligente, es lo que hace la inmensa mayoría, así es como se conduce temerariamente, inconscientemente, con temor y sin seguridad, y eso es muy, muy, muy peligroso para otros conductores que buscan la misma seguridad vial, la misma capacidad de saber conducir un vehículo tan inteligente como el que se nos regala. Si no puedo conocer como se conduce tal maravilloso vehículo, sin miedos y con total seguridad ¿cómo me atrevo a enseñar a conducir a otros alumnos que buscan la misma licencia que estoy buscando yo? ¿Cómo puedo ofrecerme a enseñar a conducir si no ofrezco seguridad, si no estoy liberado de teorías baratas, prejuicios y miedos? ¿Por qué busco ayudas externas para conducir  felizmente y sin dificultad un vehículo inteligente que se me regala a mi? ¿Siempre necesitaré el maestro instructor en la cabeza, que me infunda temor para conducir en las carreteras que son de nadie? ¿Tan ignorante es la mente que pretende  conducir con miedos a perder y a morir, sin la seguridad absoluta de la Vida?  

 

No se puede pasar el examen final, hasta que uno no prescinde de los maestros, de la teoría, de la titulación académica, de los libros de enseñanzas duales, de las etiquetas auto-impuestas, de las religiones, de las tradiciones o de las políticas. Se necesita conocer la totalidad del Ser, conduciendo sin prisas, sin pausa, en silencio y en intimidad. Creer que uno conduce perfectamente el organismo corporal, y después ir corriendo a los hospitales a reparar el vehículo que el mismo conductor ha estropeado, al no escuchar ni atender todas las señales, ¿qué clase de conductor es? Creerse muy buen maestro instructor, algo o alguien muy necesario que puede enseñar a conducir, pero ignorando que para pasar el examen final debe olvidarse todo, y debe hacerse de manera íntima e intransferible sin ayudas de nadie, sin maestros instructores, ¿qué clase de alumnos o maestros creamos o inventamos?  Todo aquel que ignore la totalidad del Ser, es un ignorante de la Vida como conductor, y no quiere ni puede reconocerlo, porque la misma ignorancia de la mente al poder no puede ver ni reconocer que es ignorante, por eso hay ignorancia. Hay que atreverse a ir más allá de la propia ignorancia, para encontrar la visión del auténtico conductor en lo impersonal.  Desatender las propias señales, quedarse con la teoría, ir a la auto escuela todos los días en busca de información o de ayudas externas, sean confesores, médicos, psicólogos, libros, pócimas o telediarios, aunque sean académicas o científicas las ayudas, es imitación, es querer estar en la auto escuela. Conducir sin escuchar nada, adormeciendo el vehículo para llevarlo a los talleres de reparación cada dos por tres, es conducir temerariamente, es no pasar de las prácticas, es conducir sin conocer al conductor, es permanecer en la auto escuela, buscando y dando soluciones basura, sin conocimiento original de quien o qué conduce realmente. 

 

El conocimiento se adquiere después de haber pasado el examen final.  Si no veo el permiso en mis manos, no puedo decir que soy un buen conductor, y solo puedo verlo en mis manos cuando descubro que mis manos son de nadie, cuando he reconocido la propia ignorancia al poder, cuando he perdido todo temor, toda pregunta, toda intención de ayudar o de buscar ayudas, toda necesidad infantil de seguir con el maestro instructor que habla del bien separado del mal en la cabeza. Cuando hay seguridad vial con lo que se hace, cuando sé que ya estoy en la carretera indicada, que ya circulo en el momento justo y en el lugar idóneo, con el vehículo perfecto, tengo la licencia para circular sin miedos a hacer daño a nadie, entonces reconozco el regalo maravilloso que se me ofrece todos los días, y se me concede la licencia de conducir desde esa dulce libertad que florece al ver que todo vehículo inteligente es de nadie y para nadie, puesto que auténtico conductor sabe circular felizmente en todas las carreteras públicas que son de nadie. Si no, es más de lo mismo, es personalizar la información, dramatizar para no pasar el examen final, es seguir con la experiencia sin salirse de la auto escuela inconsciente de la Vida, para no conocer la totalidad del Ser. Hay gentes que quieren que les conduzcan su vehículo toda la Vida, así ignoran que, tanto el vehículo, como la carretera, como el conductor, como todo, es uno mismo, el Ser totalmente impersonal.

 

No lo digo yo, lo dice constantemente la Vida lúcida. El que se atreva a dejar de teorizar la vida, el que sea valiente y acepte la propia invitación para ver la ignorancia al poder, para  ir más allá de ella, antes de acudir al examen final, deberá liberarse lo que le contaron, el que se atreva a permitir que no le conduzcan su vehículo, simplemente rindiéndose y reconociendo que la teoría o la información no es conocimiento; ....el que simplemente se abra de par en par a la inocencia del Ser, para escuchar las señales inteligentes del vehículo que se le regala, se le dará el pase de oro o la licencia de aprobar el examen final, entonces se fundirá con el auténtico conocedor y conductor, simplemente podrá circular sin miedos a perder ni a morir.

 

Ahí dejo unas palabras lúcidas, de un aparente maestro universal, que tuvo que revolucionar el mundo ignorante que se le metió en la consciencia, el mundo que lo crucificó, el mismo que nos crucifica a todos si le otorgamos un extraño poder que jamás ha tenido. Ese tal maestro tuvo que pasar su propio desierto, hacerse nada, hasta fundirse con el Ser, con el auténtico padre, el que realmente nos enseña a conducir. Ese tal maestro, al que tanto cuesta interpretar, para no decir que les interesa a algunos que no se vea el circo necio que se ha hecho de su palabra, con lo fácil que es su enseñanza, nos regala a todos, unas pistas, el mismo maestro en el interior, las mejores teorías que pueden ser reconocidas íntimamente y sin ayudas de nadie, a todos, a todos  sin excepción, puesto que cada uno es hijo de Dios, cada uno es EsoQueEs, no somos hijos de papá y de mamá. Solo hay que estar dispuesto a verlo. Todos podemos ayudarnos los unos a los otros, en algún momento, si lo necesitamos, todos nos ayudamos a llevar la cruz, y eso es lo que ese tal maestro universal llamó milagros, pero nadie puede hacer lo que debe acabar haciendo uno mismo..  Hay que resucitar del mundo de los muertos vivientes si queremos vivir liberados, sin que tenga que morir el vehículo llamado cuerpo, para recuperar el paraíso eterno. Pero si ayudamos a personas a ser personas toda la vida, creamos necesidades y ataduras infantiles necias que solo reproducen el mismo drama y el mismo circo, el caos eterno, porque la simple idea de creer ser una persona que necesita ayudas, o que puede ofrecer ayudas como maestro de vida, para conducir el vehículo inteligente llamado cuerpo, de alguien,  ya nos hace esclavos para siempre. Solo nos crucifica la propia ignorancia, esa creencia estúpida de que necesitamos ayudas externas para saber conducir plenamente felices y liberados. El vehículo que necesitamos para circular no debe morir para poder resucitar.

 

El infierno es la propia ignorancia queriendo gobernar y conducir, pero sobre todo es querer ocultarlo y no reconocerla, es querer conducir reteniendo o poseyendo en la memoria lo aprendido en el trayecto, sin ver lo nuevo y reluciente del espectacular paisaje que ya sucede sin más. El paraíso es Ser, conducir el vehículo inteligente desde lo impersonal del Ser, desde la inocencia.  Sólo la visión de EsoQueEs nos hace libres para siempre. Vivir es lo más fácil de mundo que hay, cuando sabes escuchar y atender voluntariamente el vehículo.

 

Si yo le presto el vehículo inteligente que se me regala, al mundo aparente que conduce temerariamente, con prisas, inconsciencias y con ruidos metidos en la cabeza, solo para complacer la falsa imagen, al final, cuando lo quiera recuperar probablemente estará viejo, estropeado, abandonado, perdido, roto, mal metido o desahuciado. Cuando antes pida a esta vasta inmensidad que me rescate de la ignorancia al poder, la que se nos mete en la cabeza y la tomamos como ejemplar, cuanto antes se me libere de la ilusión del tiempo y de ser alguien importante que puede conducir o gobernar lo que nadie ha podido, antes mantendré el vehículo inteligente en buen estado de uso, para ver la inmensidad a través de él, para ver que el conocedor y el conductor siempre está presente, puesto que desde siempre y para siempre es el auténtico Yo.

 

No hay que hacer tanto drama. Cada uno ya es la Unidad, y ya tiene la propia invitación para descubrirlo, que la aceptará o la rechazará. Yo no debo aceptar la invitación de nadie, solo he podido llegar al Ser a través del propio vehículo, permitiendo que lo conduzca EL.

 

Ahí quedan escritas unas cuantas palabras de ese maestro universal que llamamos Jesús, porque seamos creyente o no de él,  celebremos las fiestas navideñas y consumistas, o no, simplemente son palabras, metáforas que son de la Unidad, hay que ir más allá de la metáfora, puesto que todas las palabras, todas las historias y todas las metáforas son de  nadie y se dirigen a nadie.

 

Porque me has visto, Tomas, creíste. Bienaventurados los que no ven y creen.

 

No dirán “mirad, aquí está” ni “allí está”, porque el reino de Dios está dentro de vosotros.

 

De cierto os digo que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.

 

Vosotros sois de vuestro padre terrenal, el diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira

 

"Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: "Él es nuestro Dios"

 

¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que cierran la puerta del reino de los cielos para que otros no entren. Y ni ustedes mismos  pueden entrar, ni dejan entrar a los que quieren hacerlo.

¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que recorren tierra y mar para ganar un adepto, y cuando lo han logrado, hacen de él una persona dos veces más merecedora del infierno que de ustedes mismos.

 

-Jesús-