Para descubrir que nuestro auténtico Ser es inocente, puro, infinito e indestructible, muchísimo más fuerte que una Roca, puesto que impulsa, soporta y consiente todas las olas, todas las apariencias, todo lo que es y todo lo que no es, ante todo, formula en tu interior esas preguntas ¿Quién soy? ¿Soy un nombre? ¿El nombre y apellidos pueden definirme? ¿Un género puede definir lo que yo soy? ¿una profesión puede definir mi auténtica naturaleza? ¿las etiquetas de padre, madre, hijo, amigo, o las que sean pueden definir mi totalidad? ¿La bondad o la maldad pueden definir mi auténtico Ser? ¿Soy un puñado de pensamientos, unas emociones, unas sensaciones que vienen y van? ¿Soy un relato o una historia personal? ¿Soy un organismo corporal que nadie puede dirigir su perfecto funcionamiento interior y exterior? ¿Hay un personaje, algo o alguien dentro del cuerpo? ¿Dónde veo ese alguien en el cuerpo? ¿Quién es ese yo? ¿Soy todas las ideas preconcebidas que pueda mantener sobte una vida venidera? ¿Soy la reencarnación de algún personaje pasado? ¿Soy el escenario del personaje por el cual me tomo, que está siempre presente en escena? ¿Quién soy realmente? ¿La existencia cuando comienza y cuándo acaba? ¿El día que nació ese organismo corporal, pude elegir la familia, toda la experiencia o la historia personal? ¿El día que muera ese organismo corporal, yo elijo que deje de existir? ¿Quién elige, quien dirige ese maravilloso caos de la humanidad? ¿Puedo cambiar, mejorar o empeorar todo lo que me haya sucedido hasta hoy? ¿Creo que voy a cambiar algo del  futuro? ¿Dónde veo el mundo que imagino allá afuera, ahora mismo, siempre ahora mismo? ¿Dónde me veo a mí dentro del mundo aparente, en qué lugar del mundo estoy apareciendo en el siempre ahora, y en que momento existo? Si siempre es hoy, si siempre es ahora, si siempre estoy aquí, siempre estoy  presente.

 

A menudo hay silencio cuando intentas responder esas preguntas tan fundamentales, precisamente porque no es necesario comprender intelectualmente ni analizar nada para llenar el vacío que ahora pudieses sentir. No veas esas preguntas como algo amenazante, al contrario, puede que veas más allá de ellas y de todo lo intelectual, puede que comprendas lucidamente que esos silencios, simplemente están llenos de sabiduría innata al estar unidos a una existencia sabia e infinita, a una única y basta Vida que está moviéndose, cambiando y bailando continuamente, sin que nada ni nadie pueda dirigir o cambiar nada a ningún nivel. Es una comunión constante de dar y recibir Vida espontánea, es una danza inteligente y magistral de apariencias, formas, luces y colores.  La Vida se experimenta a sí misma y se revela en el siempre aquí, en el siempre ahora. Toda nuestra energía se sumerge en una continua y renovada frescura natural, en una simple celebración de Lo que Es. No hay ninguna distancia entre un tu y un yo ahora mismo, siempre ahora mismo, por consiguiente, no hay nadie que necesite relacionarse en el ¡siempre ahora mismo! dentro de esa Presencia abierta y acogedora que está siempre ahí, siempre ahí. La manera que me relaciono con otros, simplemente es un reflejo muy persistente y muy poderoso de la relación más fundamental de todas, la relación que mantengo conmigo misma. Todo, absolutamente todo, es un auto recordatorio, todo me lo estoy contando a mí, por más que imagine que se lo cuento al mundo o por más que presuponga que el mundo me necesita, ¡jamás me ha necesitado! la más necesitada siempre fuí yo. El mundo aparente es un reflejo divino, un regalo perfecto para verme y reconocerme a mí, para descubrir lo que no soy, para evidenciar que ningún personaje de la historia de la humanidad soñaso por la Vida, ha existido dentro de un cuerpo, y para recordar mi auténtica naturaleza, puesto que todo es Vida moviéndose magistralmente en el siempre aquí, en el siempre ahora. Si me comparo con otros, si me veo mejor o peor que otros, estoy revolcándome en la imaginación del ego ilusorio, perpetuando el mismo drama de siempre, el de dividir y excluir, verme separada de todo, del instante presente, así no puedo reconocer lo que en verdad yo soy.

 

Como personajes somos proyecciones de la Vida, de lo que en verdad somos. Yo estoy relacionándome ¡siempre! con lo que sea que esté proyectando fuera de la Consciencia, aparte de mi misma. Cuando me comunico contigo puede parecer más bien una comunicación entre dos proyecciones, entre dos modelos, una parte que se comunica con otra, pero sólo hay Vida comunicándose, sucediendo espontáneamente, vida siendo vida. Si veo dos, si veo un tu separado de un yo, más bien es un acuerdo para halagarse entre sí los dos egos, los dos ilusorios personajes. Sólo hay Vida sucediendo, moviéndose, tal como lo vemos en la naturaleza, en contraposición a tengo una vida en propiedad por la que debo luchar, porque no hay nadie que tenga una vida por la que se deba sufrir, por la que se deba luchar. La Vida siempre es espontánea y natural.

 

Yo soy, al igual que tú, al igual que él, la expresión divina de lo infinito, exactamente tal como soy, sucediendo justamente aquí, sintiendo la vida justamente ahora. Tú eres, al igual que yo, al igual que él, la expresión divina de lo infinito, tal como eres, sucediendo justamente aquí, experimentando la vida justamente ahora. Todo es una expresión de lo infinito. Nada, absolutamente nada, necesita ser agregado, separado, mejorado, empeorado o cambiado. Nada es más o es menos, ni más válido o menos importante. Nadie necesita cumplir ninguna condición especial de Ser, todo ya Es, todo ya sucede espontáneamente a la perfección. Lo infinito no necesita embellecerse a sí mismo, ni está en otras partes esperando que nosotros devengamos seres especiales, esperando que cambiemos o mejoremos para merecernos su Presencia, siempre está presente, siempre está ahí, siempre nos está abrazando tal como somos, siempre somos el instante presente, no podemos ser antes, ni podemos ser después. No somos simples personajes tal como el aparente mundo nos explica y nosotros nos tomamos, somos la expresión divina de lo infinito, tal como somos.  En realidad, somos lo infinito, dioses recorriendo la propia manifestación.  Todo lo que yo pueda ver ahora mismo, fuera de mí, es una dulce proyección de lo que en verdad yo soy, porque yo, jamás, jamás, me he movido de la Presencia del Ser.

 

Nadie debería experimentar la noche oscura del alma, nadie debería imaginar que hay un dios castigador, un karma, un camino, cielos o infiernos, ni nadie debería presuponer que existe un más allá, nadie debería pasar por algún tipo de sacrificio o de purificación. ¿Cómo puede el ilusorio personaje que se siente atado al mundo de la imaginación, por el cual nos tomamos, practicar algo para que se le revele que es ilusorio? Lo ilusorio no puede ver que es ilusorio, debemos ir más allá de él.  Todo es justo como debe ser, no se puede cambiar ni un punto ni una coma, simplemente uno debe estar abierto a la posibilidad de reconocer lo infinito, lo que en verdad somos, más allá del ilusorio personaje, más allá de lo personal. La invitación para descubrir lo que no somos y para ver que nadie necesita ayudas externas, ni nada debe cambiar, es constante. No hay ninguna necesidad de esperar momentos mejores, de transformación interior ni de ser más trascendentales que el instante presente, que lo que ya Es. Ni siquiera tenemos que esperar que suceda algún milagro, estamos todos asentados en él.

 

No soy la historia de mi vida personal, ¿dónde está la historia en el siempre ahora?, tampoco soy la mente que retiene un puñado de pensamientos, ni soy el cuerpo efímero y mortal, ni las sensaciones, ni las experiencias felices o dolorosas, no soy lo que pienso ni lo que digo, ni lo que hago, busco o experimento. Cuando no sé lo que soy, cuando creo ser el personaje ilusorio, en el fondo, santifico e ilumino de manera inconsciente toda la experiencia. Y, cuando finalmente descubro lo que Yo Soy, descubro incluso que yo no soy existencia en el tiempo, Yo Soy la Presencia que permite que la existencia sea exactamente tal como es. Todo la existencia puede ser tal como es, sin necesidad de embellecerse, y puede abrirse y aflorar dentro de esa Presencia lo que sea, o puede reflejar mi sentimiento de separación, no hay mejor ni peor. ¡Todo esa magistral belleza caótica e infinita en movimiento es la danza de Esa Nada! El secreto para descubrirlo está en cada corazón humano, pero el descubrimiento ¡siempre! es personal, absolutamente personal e intransferible, nadie puede ensañarnos a ser lo que ya somos, nadie puede mejorar tan grandiosa obra de arte. El misterio divino se revela a sí mismo, y deja de serlo, cuando recuperamos la Luz de la Presencia constante, la visión, el don de ver y comprender la Vida tal como Es, nada que ver a como la imaginamos. Despertar es vivir sin prisas y sin pausa, sin miedo, es vivir de un modo inteligente, íntimo y pleno, asumir toda la experiencia porque, a un nivel muy profundo, está completamente aceptada.