Todo un universo en mis ojos.

Todos los mares en mis ojos.

Todos los ríos, las montañas, los árboles, los paisajes, las flores, los animales, toda la naturaleza, lo salvaje y lo domesticado, en mis ojos.

Todos los pueblos, las gentes, los colores, las culturas, las razas, en mis ojos.

Todos los sonidos, los ecos, los gritos, los susurros y las resonancias, en mis oídos.

Todos los perfumes, los vahos, las esencias, los efluvios, los tufos y los aromas, en mi nariz.

Todos los sabores, las salsas, las bebidas y las especies, en mi paladar.

Todas las sensaciones, las emociones, los pensamientos, las apariencias, moviéndose en mí.

Todo lo conocido y todo lo desconocido bailando, apareciendo y desapareciendo

dentro de ese basto espacio misterioso, tan sagrado lugar, tan íntimo, tan intransferible.

 

¿Tan inmenso es un cuerpo humano para que pueda albergar tanta inmensidad,

tanta Luz, tantas apariencias, sonidos y formas, con tanto Amor incondicional?

¿o más bien el cuerpo lo utilizo como una herramienta

para darme cuenta de lo que no soy, hasta ver con lucidez lo que verdaderamente yo soy?

 

Jamás habito en el cuerpo, en él no se halla mi verdadero hogar,

no hay morada, ni refugio, ni techo, ni residencia que pueda albergarme,

estoy en todas partes, sin secciones, fases, edades, números o palabras,

sin enseñanzas, banderas, ideologías, religiones o universidades,

no divido los territorios, no excluyo las situaciones, no rechazo los lugares,

no me separo de todos los personajes que aparecen y desaparecen en mí,

no tengo necesidades personales, no necesito nada porque La Nada Yo Soy,

todas las cosas, simplemente se manifiestan, bailan, aparecen y desaparecen en Mí,

¿qué me falta y que me sobra con esa danza constante y brillante de luces, sonidos, formas y colores?

 

No soy verdad ni soy mentira, no soy ni buena ni soy mala, soy neutral,

totalmente inalcanzable e inexpresable, absolutamente incondicional.

Nadie puede definirme, ni alcanzarme, ni enseñarme, ni conceptualizar lo que yo soy,

Existo dondequiera que yo Soy, dondequiera que suceda la manifestación.

Cuando sé lo que no soy, recuerdo mi verdadera naturaleza,

entonces vivo y muero, sin vivir y sin morir en mí.   

 

La palabra alegría es la que más podría definirme,

porque soy alegría encarnada, consciencia pura,

consciencia inmaculada que lo abraza todo sin moverse de ahí.

La Presencia es mi verdadero hogar, estoy siempre ahí, ¡siempre!

todo lo aparente sucede en mí, sin más, sin pecado, sin error u omisión.

 

No me busques fuera de ti, porque yo soy lo mismo que, en verdad, tú eres,

la misma Luz y el mismo Amor, no hay separación entre tu y yo;

la separación es aparente, es un juego magistral e inteligente de  Luz,

lo sabemos todo, pero lo ignoramos momentáneamente por Amor.

 

No hay tiempo en ese lugar divino en el que estamos todos,

ni buenos o malos, ni mejores o peores, ni verdades ni mentiras,

simplemente hay Amor, un amor que no tiene fronteras ni límites

un amor que lo abarca todo, que lo consiente todo.

 

Descubre a través del cuerpo esa fascinante aventura de la Vida,

ese misterio tan divino de la existencia, ese Arte, esa danza de la Nada.

Todo se mueve y cambia en ti, sin moverte de la Presencia.

Con la visión de Eso que somos, puedes verte y saberte en todas partes,

te aseguro que te maravillarás de tu grandiosa Luz y de tu inmenso Amor. 

 

No somos simples personajes en un cuerpo efímero y mortal, como hemos creído ser,

somos Vida, Vida Consciente de sí misma, Vida Presente, silenciosa y amorosa,

vida  sin nombres, enseñanzas, poderes, tiempos, historias, metáforas y formas,

sin nada que pueda estropearnos, que pueda matarnos o rompernos.

 

Cuando desaparece un cuerpo, no ha muerto nadie,

ha desaparecido una apariencia, como puede desaparecer cualquier otra,

todas las apariencias no son más ni son menos, nada seria sin tu Luz, sin tu Amor.

¿Cómo puede morir la Vida? si no ha nacido,

si no se ha movido de ahí, de la Presencia.

La Vida siempre está ahí, Vida ES lo que en verdad somos,

todo es impulsado espontáneamente, en el siempre aquí.

En tu pequeñez, en tu desnudez, en tu nada, ¡date cuenta de tu inmensidad!

¡Date cuenta de la Luz radiante y del Amor absoluto que habita en ti!

 

De la Vida que yo soy a la Vida que tú Eres.

 

¡Gracias!