Presencia.

 

Formúlate la siguiente pregunta ¿Qué quieres hoy de mí, Vida, que sea tu voluntad y que sea plenamente consentido por la Presencia del Ser que yo soy?  A ver si encuentras una repuesta lúcida. No la hay, porque la Presencia, que ya es consiente de sí misma, siempre, ¡siempre!, lo consiente todo, absolutamente todo. Este es el amor incondicional del Ser. Hagas lo que hagas, durante el día de hoy, siempre estás haciendo lo correcto, lo que realmente se te impulsa a hacer, y lo que sea que estés haciendo está plenamente consentido, perdonado y redimido a cada instante. El único problema que hay, si es que se puede llamar problema, es que la mente que ignora y niega al Ser ¡siempre presente! se convierte en el juez instructor, porque no lo ve, no comprende lo que ES, tal como ES.

 

Hay que ir recordando que la Vida no busca ¡nunca! ningún sentido ni ningún propósito, el único sentido es vivir, es Ser, y el único propósito es poder recordar nuestra auténtica naturaleza original, hasta comprender que no hay nada que uno deba comprender, dado que jamás estamos separados de la fuente de todas las cosas, ni de nuestra verticalidad o eternidad. La meta, el destino, el camino, el paraíso o la felicidad sin causa se encuentran en el siempre  aquí, en el siempre hoy, en el siempre  ahora. La existencia es sin tiempo y sin calendarios. El tiempo lo inventa y lo reinventa la mente humana para retar y negar al Ser siempre presente, pero no existe lo que llamamos tiempo, por más real que parezca, no existe, aunque la mente se entretenga en inventarlo millones de veces al día, en crearlo y en recrearlo para sus beneficios personales o para mantenerse en el sufrimiento de la humanidad, debatiéndose entre lo que aparentemente fue y en lo que supuesta-mente será.  

 

El juez instructor lo crea uno mismo, cuando uno se cree responsable, culpable o pecador por los sucesos acontecidos, porque imagina que debe pagar un karma o algo parecido cuando hay alguna circunstancia que no le gusta a la mente por la cual uno se toma, por la mente que ha construido una identidad propia. La mente no ve, ni puede comprender que sólo hay Presencia, no puede ver que la Presencia ya es consciente de sí misma.  De ahí que la mente construya las tinieblas o la identidad del mal, pero el mal no existe en la Presencia del Ser. ¿qué mal hay aquí ahora mismo, siempre ahora mismo? ¿Dónde están las tinieblas si te mantienes en la visión de lo que ES, si te mantienes en la Presencia del Ser?

 

Nadie, y cuando digo nadie es nadie, ha podido evitar, impedir, modificar, empeorar o mejorar los sucesos acontecidos hasta el día de hoy. ¿crees que, a partir de ahora, vas a poder impedirlos, mejorarlos, empeorarlos o evitarlos? Debes saber que la Vida que se vive a través de ti es impersonal, neutral y atemporal, todo acontece espontáneamente o atómicamente para nadie. La Vida es de nadie y se vive para nadie. Desde tu impersonalidad señalas en el cuerpo, le impulsas hacer lo que más te conviene hacer, lo que muy en el fondo ya sabes que quieres hacer. Consciente o no de ello, tienes plenamente aceptada toda tu experiencia.   Siempre deberías recordártelo, porque te evitarías muchos quebraderos de cabeza y sobre todo que, tu mente, tarde o temprano dejaría de molestarte con muchas de las tonterías que ha imitado, ha copiado o ha creado para tenerte sometido con el sueño hipnótico del tiempo y la historia que no existen. La mente se convierte en tu juez instructor, pero no creas que hay error en ello, la Unidad lo mantiene establecido así, para establecer un orden en el mundo en el que aparecemos y desaparecemos todos, en el que aparentemente, sólo aparentemente, convivimos. Debe existir la Ley de los opuestos para recuperar la Unidad.

 

Todas las molestias que recibe el cuerpo, el insomnio, la angustia, la ansiedad, el miedo, todo esa especie de espectáculo y locura o drama que la mente nos hace creer e imaginar que existe, porque nos hace suponer que no estamos haciendo lo correcto ni lo adecuado, o que no hemos aparecido en la existencia para hacer lo que realmente hemos venido a hacer, la inmensa mayoría de molestias desaparecerían, el cuerpo se relajaría como por arte de magia, y la mente se convertiría en nuestra compañera, en la herramienta útil y practica de la Vida que uno ES. El mundo se convertiría en una balsa de aceite si se viese la simplicidad de lo que ES.

 

Como personas, pensamos que es muy difícil amar incondicionalmente a nuestros semejantes, pero es que como personas no podemos, el simple ideal de ser una persona, la simple creencia de ser algo o alguien que puede mover la Existencia, ya nos aleja del auténtico Amor. Por supuesto, desde nuestra impersonalidad nos amamos incondicionalmente y compasiva-mente los unos a los otros,  somos exactamente el mismo instante de eternidad, la misma Luz y el mismo Amor, pero la mente que no puede ver lo que en verdad somos, hará lo indecible para que esa simplicidad y esta absoluta perfección de la Vida, no se pueda ver ni comprender con total lucidez, con lo cual no hay otro remedio que rendirse si uno quiere recuperar su derecho de nacimiento, el feliz encuentro con el Ser, porque al habernos tomado por la mente que ha creado una identidad propia, siempre se debatirá entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte, entre éxitos y fracasos, entre lo que fue y lo que será, entre lo mejor y lo peor, entre cielos e infiernos; y la Vida siempre está presente, sucediendo para nadie, por encima del bien y del mal, dado que siempre es lo que ya ES.  

 

El Amor es comprensión, auténtica comprensión. Si uno comprende lo que ES, si uno se da cuenta de esa simplicidad y perfección, y de que nadie es culpable de su sueño de amor, ni de sus supuestos males o tinieblas, ya que cada uno es lo mismo, lo que yo soy, te das cuenta que cada ser santifica la experiencia como mejor sabe, como mejor puede, como mejor debe, como mejor le conviene, como mejor cree en la Vida que él ES, como mejor piensa que debe sucederse la experiencia, sea para él, sea para quienes le siguen los pasos. La Unidad siempre se auto equilibra a sí misma.

 

No podemos entender el amor incondicional desde el intelecto, porque no hay Nadie, sólo hay Vida sucediendo, y al ser neutral, al consentirlo todo, no podemos comprender que toda la experiencia, absolutamente toda la experiencia es amada incondicionalmente por el Ser siempre presente, por lo que en verdad somas más allá del personaje por el cual nos tomamos. No somos personas, somos la Vida, somos la Presencia del Ser absoluto que consiente que la Existencia sea tal como ES.

 

El Amor, a veces, debe golpear duramente, hace dolor según que golpe, pero sólo  lo recibe la mente que es la que sufre porque ha creado una  identidad propia, por la cual nos tomamos,  pero es para que se rinda y se ponga al servio de lo que en verdad somos, para regresar a la Presencia del Ser. En la Presencia no nos sucede nunca nada, siempre estamos en la eternidad, en el siempre hoy, en el siempre aquí, donde ni la muerte puede rompernos. No somos el organismo corporal, ni el personaje soñado que parece ser muy, muy, muy real, somos Presencia que ya es consciente de sí misma, somos Eso que consiente que la existencia sea tal como ES, inclusive el sueño de amor. Somos Puro AMOR.

 

Míralo todo como si fuera de la naturaleza de un sueño y despertarás, porque todo viene y después todo se va, excepto la Presencia. Cada personaje, inclusive el tuyo, cada escenario, cada cosa y cada ser, aparece y desaparece como olas que vienen y van en el vasto Océano de tu Ser. Imagínate con lo que tenemos que ver, escuchar, percibir y sentir a lo largo de un día. Sin el Amor Incondicional del Ser no sería posible todo lo que hay que ver, que parece ser muy real, pero es un sueño que sirve para despertar. 

 

Todo es un auto recordatorio, para recordar que ninguna persona, tampoco yo como persona, puede estar despierta o iluminada, ni puede estar liberada de su sueño de amor hasta que la Consciencia no ha despertado. Todos debemos relacionarnos intelectualmente dentro de un mundo dual que construye la idea de ser algo o alguien, pero sólo hay Vida siendo Vida. Ser persona es un ideal, una ilusión. La auténtica aventura del vivir sólo nos sirve para recuperar la visión de Lo Que Es, la Presencia, donde todo sucede o transcurre sin prisas pero sin pausa, sin tener que sufrir aburridamente por lo que fue o por lo que será. Todo ya ES como debe ser. No es triste lo que Es, no es triste la verdad inalcanzable, es triste no ver la Vida tal como ES.

 

¡¡Gracias!!!