Pasión por la Vida.

 

La Vida es una sorprendente Luz en la oscuridad y un inmenso Amor que trasciende toda profunda ceguera y enfermedad.

 

Dejarse vivir, dejarse sorprender por la Nada, permitir que la Vida sea como Es y fluya a través de la herramienta corporal, que pueda expresarse con lucidez, con total facilidad o libertad en la Unidad, hace que lo que sea que suceda, cuando sucede, sea sin lucha y sin control, y eso no es ser esclavo del ego necio. Ser esclavo del ego ciego es trabajar duro para pagarse la más profunda enfermedad, luchar con tesón y esfuerzo para ser el mejor en nada; rezar, copiar e imitar del complot de silencio necio para excluir una parte de la totalidad del Ser; competir, controlar y rechazar lo que ya sucede, solo para satisfacer logros personales o para complacer y adorar al ego, sea necio o sea espiritual, cuando hay ego ilusorio no hay Ser. La Vida fluye sin esfuerzo, sin lucha, sin control y sin el innecesario sacrificio o sudor, sin súplicas o rezos, porque desde siempre y para siempre la Vida muy inteligentemente y totalmente indefinible nos sucede sin más, sin prisas pero sin pausa, extraordinariamente realizada y liberada a cada instante, ya que desde siempre y para siempre la Vida es de nadie y para nadie.

 

Cuando uno pierde todos los miedos absurdos, todo pavor a dejarse vivir y a dejarse sorprender por esa maravillosa Nada que ¡siempre! sucede sin esfuerzo, es cuando hay realmente pasión y entusiasmo por la Vida. Todo lo que no fluya, todo lo que sucede con control y esfuerzo, con complot de silencio necio y ruidoso para no ser íntegros, es porque se le está regalando el poder al ego inmaduro e ilusorio, sin ver que jamás lo ha tenido. Convertimos al ego que construye una imagen falsa de sí, en el peor enemigo del hombre, porque presuponemos que tiene poderes mágicos para rescatarnos de la propia esclavitud, y si uno no se da cuenta a tiempo de que precisamente nos convertimos en sus esclavos, puede llegar a presuponer que la Vida le debe cosas, o que uno ha nacido sin suerte para poder recuperar la pasión, el entusiasmo o el auténtico amor por la Vida.

 

El Ego no trascendido de la inmensa mayoría de personas que le ceden todo el poder, se convierte en un “pobre de mí” o en un tirano, diciendo tales cosas como:  “triste vida la mía” "ya verás yo lo que haré para cambiar el mundo" o “podría funcionarme mejor la Vida, pero no me quejo”. Son tantas las etiquetas que te ofrece el ego inmaduro para justificarse, tiene de sobras porque las tiene todas, y es tan poco agradecido, pero lo cierto es que, si le cedemos todo el poder a un ego ilusorio, cuando más vaya uno avanzando en la rueda de la experiencia eterna, más cansado se sentirá el organismo corporal, más seriedad se pondrá en los asuntos, más aburridamente se experimentarán los sucesos y más estrés para mantener el control que el ego quiere mantener con tal de no perder la falsa imagen que construyó de sí, por miedo a morir.  

 

Un cuerpo puede llegar a tener 80 aparentes años, pero si se vive sin el tiempo metido en la cabeza, sin el relato de lo que fue y de lo que será, sin la falsa imagen que se tiene de uno mismo y sin la línea imaginaria del bien separado del mal, si simplemente uno se deja sorprender en la aventura del vivir, puede recuperar la pasión, el entusiasmo y mantenerse igual de inocente y fresco que en la niñez. En realidad, uno debería conservar siempre fresca e intacta la inocencia pura del Ser y su amor por la Vida, ya que únicamente se pierde cuando le cedemos todo el poder al ego ilusorio o necio que hace de la Vida algo personal, un medio para fines o logros personales, un circo indecente de buenos y malos para salirse con la suya, que no es otra cosa que amargar la existencia del personal que prefiere mantenerse en la creencia ridícula de posesión o con el sentimiento de separación y propiedad.

 

El ego posesivo no trascendido y no liberado de la más profunda enfermedad heredada del inconsciente colectivo, se convierte en un falso yo víctima o verdugo, resentido y con miedos absurdos a enfermar, a perder y a morir, sin embargo el auténtico Yo es radiante, puro e inocente como el primer día, no tiene miedo a nada ni a nadie, sabe perfectamente que jamás va a morir ni a perder nada de nada, en todo momento se deja sorprender por la manifestación y por todos los sucesos que se presentan en la Unidad,  sabe que el organismo corporal tan sólo es un vehículo que se utiliza espontáneamente, y lo agradece todo, todo, todo, ya que todo es una sorpresa y un regalo divino tal como ES en la Presencia del Ser.

 

Al vivir sin miedo, emerge de la Nada pasión, sensibilidad y entusiasmo, porque sólo con pasión y entusiasmo podemos sentirnos frescos, liberados y renovados a cada instante. Lo que menos importa es hacer años o la duración del organismo corporal, ya que lo más importante es vivir sin años metidos en el cuerpo, sabiendo que cuando una herramienta corporal impulsada por la Vida que somos, desaparece, no ha desaparecido nadie.

 

Hace siglos que el ego inmaduro o necio de la especie humana se apoderó de esa sensación tan vital, maravillosa e inmensa que sentimos todos en el cuerpo, la de ser únicamente Vida, porque únicamente hay el auténtico Yo Soy. La mente humana inmadura convirtió esa sensación tan vital en un credo, en la estúpida idea de: -yo soy una persona muy inteligente o muy buena que vive una historia muy importante en el tiempo, con una profesión muy necesaria e imprescindible para enseñar a vivir a la vida, o aprender de los demás para mejorar el mundo. Así sigue la inmensa mayoría, sin darse cuenta que para la Unidad, ninguna cosa ni ninguna herramienta corporal es más o es menos necesaria que cualquier otra cosa u otro cuerpo de la creación, ni más o menos importante, ni más o menos imprescindible, ni más o menos fantástico, bueno, santo o ideal, ya que en cualquier instante la Vida puede prescindir de cualquier cosa o de cualquier organismo corporal, y todo sigue igual de feliz y maravilloso en la Existencia y en el Mundo de las formas, todo se queda igual. Aquellos que se hayan dado cuenta lúcidamente de lo que la Vida ES, saben que vivir es lo más fácil de mundo mundial.   

 

Cuando se pierde la auténtica sensibilidad e inocencia, en realidad, uno ha muerto en vida, porque no se hace otra cosa que luchar y temerse a uno mismo, controlar para que el intelecto sea cada vez más competitivo, ruidoso y enrevesado, más sacrificado, más luchador, más aburrido, más miedoso o más espiritual pero más tenebroso y la vez más necio e inútil ante la Vida. Cuando hay pavor a liberarse por completo del falso yo que ha construido el ego, del peor enemigo del hombre, siempre llamado “yo mismo”, en lugar de mantener el intelecto práctico, lúcido, apasionado, jovial y sencillo ente los sucesos que nos presenta la Vida, e incluso ante la ilusoria muerte, uno se convierte en el ser más esclavo de toda la creación, va regalando el poder a todo tipo de ego que imagina que es dueño y señor de un mundo exterior, mundo que se sigue imaginando separado del interior.  Si no se hace nada para conocer la Vida en la intimidad, si no queremos saber de la totalidad del Ser, uno se convierte en su peor enemigo. Porque no es el mundo exterior el que debe cambiar para que yo pueda vivir apasionadamente esa aventura del dejarse sorprender por la Nada,  soy yo la que me he liberado de la separación y de siglos y siglos de estupidez, con la ayuda del auténtico Yo que me ha rescatado de un mundo ilusorio que construyó la mente. Sin dejarme sorprender día a día por Esa Nada, viviría crucificada y sin esa dulce libertad que se me regala, porque seguiría cediéndole todo el poder al ilusorio yo que no es otra cosa que un limitado punto de vista excluyente y separado que construyó el ego ciego ante la Vida, y que muy inocentemente me creí, al no ver que sólo hay Unidad, vida siendo vida, nadie que tenga o viva una vida en propiedad.

 

En realidad, nadie sabe nada de lo que va a suceder en el aparente mundo en el que vivimos, dentro de un minuto, y a la vez, nadie puede reterner lo que ya ha sucedido hasta hoy, porque no existe. Le damos el poder a un ciego que no tiene luz propia y que no puede ver la realidad, ya que al estar lejos de la LUZ original ¡siempre presente! no puede reconocer que preside el trono de la más profunda ceguera e ignorancia. La Vida no puede ser antes ni puede ser después del eterno instante presente, jamás está detenida en el pasado y jamás la encontraremos detenida allí, allá o en en el más allá, ni puede ser definida, explicada, retenida o enseñada. ¡Ya Es! Todo es aparente, excepto lo que Es. Todo ego ilusorio por el cual nos tomamos, es un sueño de amor para que el auténtico Yo pueda liberarse del ilusorio yo, o pueda trascenderlo, si se lo permitimos,  ya que ningún individuo que le ha cedido todo el poder a un yo ilusorio, puede hacer nada de nada a ningún nivel para trascendercer nada. La idea de ser persona ya es un ideal, una ilusión, y precisamente ese ideal es lo que más nos aleja del auténtico Yo, de la luz original. 

 

Cuando el ego necio se rinde al Ser ¡siempre presente! por completo, simplemente la consciencia-mente se ha liberado de siglos y siglos de sufrimiento inútil, de todo lo ilusorio que el ego tomó como suyo, pero gracias a él, gracias al ego ciego por el cual uno se ha tomado, gracias a quererse ver y asumirse uno mismo por completo, en profundidad, la mente lúcida se ha recolocado en su lugar, al servicio de lo que en verdad yo soy, al servicio del auténtico YO, para que así pueda gozar de una existencia plena, liberada y plácidamente feliz. La felicidad sin causa no tiene nada que ver con el pobre ideal o concepto de felicidad. El auténtico Yo, siempre ha estado más allá de la mente pensante o intelectual, puesto que sin esfuerzo ya ES, ya ES, ya ve, ya intuye, ya vive, ya escucha y ya observa atentamente la propia manifestación. No hace falta ni buscar un lugar paradisíaco en el mundo exterior para vivir y gozar plenamente del paraíso eterno en la existencia. El paraíso eterno está en uno mismo, es lo que en verdad somos.

 

Ya no hay nada por lo que uno deba temer en la Presencia del Ser, la mente lúcida se ha puesto al servicio del auténtico Yo, de la Vida que sucede sin esfuerzo, sin lucha, sin tristezas, sin aburrimiento y sin sudor. Puede enfermar un cuerpo, puede tener dolores o puede morir, por supuesto que sí, pero ya no hay nadie ilusorio sufriendo por dentro, porque el auténtico Yo es la única constante que hay, es lo que en verdad Yo Soy, jamás, jamás se ha mantenido dentro del cuerpo. Convertimos al organismo corporal en ratas de laboratorio  para la investigación del ego necio, pero ningún cuerpo es el auténtico hogar o el auténtico YO, simplemente la Presencia Despierta que en verdad somos lo mantiene vivo, para que, como seres humanos que se nos regala la chispa divina de la Unidad en la Existencia, podamos hacernos conscientes a través de las señales que se nos despiertan por todo y todos, de que únicamente hay Unidad, Presencia Consciente de sí misma, puro Ser, un auténtico paraíso o una joya. Vivir es una aventura fascinante y una eterna hermosura fresca y renovada, ordinaria y natural eso sí, pero repleta de sensibilidad e inocencia, que no nos deja de sorprender en la Presencia del Ser, sólo se puede agradecer y aplaudir cuando se vive con la inocencia infinita y vital, con la pasión y el entusiasmo del auténtico Yo.

 

Vivir enamorado de la Vida lúcida, verla, comprenderla y admirarla tal como ES, eso es estar vivo realmente. Vivir esclavo del ego ilusorio, por más que uno crea estar vivo, es estar muerto, no te has dado cuenta de nada, uno ha pasado por la existencia esclavo del mundo ilusorio, preso de los conceptos heredados, del ruido de la mente necia, de las metáforas, las historias, las imágenes o las palabras imitadas o copiadas de generación  en generación, del pensamientos dual que solo sucede en la cabeza, sin comprender lúcidamente la Vida desde la raíz del Ser o desde del Silencio innato. Vivir así, sin hacerse consciente de la Luz y del Amor original, se ha visto la Vida sin verla realmente, y se ha amado sin consciencia plena de lo que es VIVIR el amor incondicional. 

 

Si cada ser humano viese la luz resplandeciente y el amor inmenso del Ser, se sentiría fascinado con la aventura del vivir, con la danza de la Nada, viviría íntimamente y espontánea-mente sin saber, pero dejándose sorprender, no rechazaría nada de nada de la propia experiencia, no imploraría nada ni pediría a nadie que le ayudase a Vivir. Somos la Vida, no personas.

 

La especie humana olvidó que sólo hay UNA ÚNICA EXISTENCIA o INTELIGENCIA totalmente liberada y constante que ya nos sucede, que ya nos mueve y se nos ofrece sin esfuerzo, que ya nos regala visión e intuición para vivir sin lucha y sin control, cuando dejamos de buscarla o de adorar al ego.  Cada uno ya es el UNO, sólo hay que estar abierto a la posibilidad de que suceda la visión, para ver y comprender íntimamente, espontáneamente y lucidamente la Vida tal como ES, nada que ver a como la imaginamos, la juzgamos, la prejuzgamos, la conceptualizamos o la descalificamos.  Vivir es un juego inteligente de Luz y Amor, un regalo fascinante y un milagro maravilloso sin fin.

 

¡¡Gracias!!