No existen los maestros de vida, como tampoco existen los alumnos de vida. Somos la Vida, alumnos y maestros de todos y de nadie. Sólo la Vida sabe y enseña de manera directa y clara a cada ser humano. El pecado original del hombre, si es que podemos llamarlo pecado porque es inocencia perdida que más tarde se convierte en ignorancia, es imaginar que ha nacido enseñado para dar lecciones de vida a la vida, es imaginar que debe aprender a vivir de egos autodenominados maestros de vida. Si existen maestros es porque hay seres que se hacen llamar alumnos. Son los alumnos los que crean al maestro, el maestro no es nadie, sin la Vida no hay nada. ¿Qué enseña un maestro de vida, sin discípulos, adeptos o alumnos que le idolatren? Tal vez, aprender a reconocerse a través de sus semejantes, la eterna Luz de la Vida. Tampoco existen los maestros iluminados, ¿quién es el iluminado? ¿dónde se encuentra? Nada de lo que surja de la cabeza está iluminado. Sólo son palabras, palabras vacías, nada más, palabras sin contenido, sin poder alguno si tu no se lo das, conceptos sin poder para el que las escucha y las busca. Sólo el ego que se autodenomina alumno o maestro necesita palabras que no nazcan de la raíz del Ser, para seguir ciego ante la Vida, para hacerte imaginar que tu no sabes, que tu no comprendes, que tu no ves, que tú no intuyes o que tú no eres la Vida. ¿Entiendes lo que te digo, más allá del ego? Estas palabras sólo apuntan hacia aquello que Es, surgen del silencio innato inherente a todos, pero al tener que re-interpretarlas ya te alejan del Ser, de lo que Es. Nada ni nadie tiene poder sobre ti, si tu no se lo das. Estas palabras no pueden ayudarte ni empeorarte. Si tu les otorgas un poder que no tienen, ya te estás alejando del centro del Ser. Sólo el silencio innato puede comprender más allá de estas palabras, más allá de lo intelectual. El ego que no tiene luz propia las toma como suyas para intentar después sacarte de la Presencia, pero no son suyas, ni mías, ni de nadie, no son palabras para lo personal, sólo son palabras que apuntan hacia aquello que todos buscamos, son palabras de la impersonalidad de la Vida. La auténtica revelación surge del silencio eterno que es inherente a todos.

 

Te pondré un ejemplo, con un escrito de la Vida que resonó en la profundidad del Ser, cuando lo leí: -Un autodenominado discípulo que buscaba la iluminación se fue en busca de una cabaña donde él consideraba que vivía un maestro iluminado. Al llegar a su casa, golpeó la puerta, y desde dentro le contestaron: -quién es? El discípulo contesto: -soy yo, maestro, vengo a que me ayudes. Y la voz le respondió: -no voy a dejarte pasar porque no estás preparado, vete a una montaña, solo, déjate envolver por el silencio, al cabo de un año regresa. El discípulo como era muy aplicado le hizo caso, se fue a una montaña, solo, completamente solo. Un buen día oyó el canto de un pájaro que le recordó que había pasado un año. Bajó de la montaña, y directamente se fue a la casa del maestro. Golpeó con la mano la puerta y, desde dentro la misma voz le contestó. -quién es? El discípulo contestó: -soy Tu maestro. Entonces la voz del interior de la casa le dijo: - la puerta está abierta, puedes entrar, la primera vez no te invité pasar porque no había espacio para dos yoes en la misma casa.

 

Si entiendes esto, más allá de la mente, estás a un paso de liberarte del ego ilusorio que divide, separa y excluye la existencia, creyéndose discípulo o maestro de Vida.

 

La inmensa mayoría de veces, aquel que cree ser el alumno que necesita un maestro, es el maestro, y el que cree ser el maestro, realmente es el alumno, porque a la Vida, nadie la enseña, absolutamente nadie, ni debe aprender nada de nadie, porque lo entienda o no lo entienda el ego, la Vida es todo lo que es y todo lo que no es, todo lo conocido y todo lo desconocido. Nadie debe enseñarte a vivir, ni tampoco tú debes enseñar a vivir a nadie. La Vida tiene el conocimiento absoluto de las cosas, porque las crea, las piensa y las sueña, la mente sólo interpreta para adjudicarse el mérito o un poder extraño que jamás ha tenido ni jamás tendrá, la mente siempre está a años luz de donde nos sucede la Vida, de la Presencia del Ser.

 

Tú que pensaste que eras el alumno cuando ibas en busca de un maestro, gurú o un iluminado, sin embargo eras el auténtico maestro. Tu humildad, tu auténtica humildad de hacerte pasar por alumno, hacía que el maestro se creyera importante, tal vez, más sabio, más bueno, más santo o más inteligente que tu. Cuando veas eso con los ojos del corazón del Ser, estarás a un paso de entenderlo todo.

 

Cuando alguien te pone de los nervios y ves que no lo puedes soportar ¿por qué lo soportas? ¿Tal vez, por amor a su persona?¿Qué clase de amor es ese que te haga soportar lo que no soportas? Tal vez, tu peor enemigo está siendo tu maestro? Tal vez, te esté diciendo: -¿qué más debo hacer para que veas más allá del ego? ¿qué más debo hacer, para que acabes siendo tu? Si no lo soportas, no lo soportas. ¿Quién ha dicho que debes soportar lo insoportable? El amor incondicional del Ser, está muchísimo más allá del ego que creyó ser persona o maestro de vida. Ninguna persona, y cuando digo ninguna persona, incluye-me a mi, por favor, puede amar incondicionalmente a nadie, ni lo ha hecho, ni lo hará jamás. Sólo el Ser siempre presente, totalmente silencioso, el Ser que nos acoge y nos abraza a todos, nos ama incondicionalmente a todos, sin excepción. Nadie está capacitado para amar sin condiciones, desde el ego o desde el pobre corazón humano no puedes sentir el amor incondicional del Ser. Eso es lo primero que debería quedarte muy claro, porque la simple idea de ser persona que vive separada de la fuente, ya no nos permite amar sin condiciones, es imposible, porque la creencia de que la vida es algo personal ya lo impide. Sólo cuando te fundes con el Ser, en el silencio eterno, puedes fundirte con el amor absoluto y puro que habita en ti. Es un amor que lo inunda todo, pero antes debes quemar en la hoguera de la eterna verdad viviente, todo aquello que te hace suponer que tu no eres digno de ese amor.

 

Te puedo asegurar que mis auténticos maestros no han sido los que busqué, ni mis gurús, ni mis terapeutas, ni los libros, ni yo como persona cuando ofrecí servicios a personas, precisamente mis auténticos maestros han sido mis peores enemigos, los tenía dentro y fuera de casa, en la casa interior, no imagines que debes ir muy lejos en busca del auténtico maestro, o que debes comprar lo que nadie te podrá vender, entregar o devolver, siempre ha estado dentro de ti. Sólo puedo decirte lo siguiente, tal vez lo habrás leído en otros textos de la Vida:

 

En la ignorancia, creo ser algo o alguien.

En la comprensión he visto que soy nadie.

En el amor veo que soy todas las cosas.

En la Presencia, me he fundido con el Ser.

Sólo hay Vida siendo Vida, nadie que tenga una vida.

 

Descubre tu inmensidad, porque allá donde el ego te ha hecho sentir un pecador, un desgraciado o un irresponsable, tal vez, has sembrado la semilla del amor incondicional. Tu Luz es inmensa, más de lo que hayas podido imaginar hasta hoy, es la misma luz de las estrellas. Pero si dudas de ti, la duda y el mal te sucede a ti, e irás en busca de maestros iluminados, imitarás o copiarás para no ser original, porque el ego que cree ser alumno y maestro de vida impide que veas al auténtico maestro interior, el que habita en ti. Perderse para dejarse envolver por el silencio es lo mejor que uno puede hacer en la Vida para salvarse de lo ilusorio. Yo soy tu, tu despiertas al auténtico maestro. Recuerda siempre que a la Vida no la enseña ni Dios, porque todo es Dios.