Mi arte es Ser.

 

Mi única función es ser, no tener y retener.

 

La dignidad de todo hombre y de toda mujer, radica en su simple manera de ser, y esa simplicidad no se puede enseñar, comprar o vender, no se puede aprehender, ni desempeñar como un empleo o una profesión, ni como un ministerio o como un cargo de poder, al contrario, la solemnidad está siempre en el corazón, en nuestra manera más humilde de ser.

 

La simple manera de ser no se puede imitar o copiar en el mercado popular, no tiene nada que ver con lo que me han dicho, he estudiado, he copiado y yo muy inocentemente me creí, no tiene nada que ver con el espectáculo del mundo de la imagen, tiene que ver con el corazón, tiene que ver con el fausto silencio innato, con el feliz reencuentro con el Ser. Cada simple manera de ser, es una expresión única, divina e irrepetible de lo infinito, nadie debería imitar a nadie, a nadie, porque en la imitación, en buscar para ser distinto a como nos ha creado la Vida, se busca y se imita de otra manera de ser, así es como la mente se va llenado de información basura que después cuesta mucho de liberar. Es más, cuanta más información acumulada, más se pierde de vista la simple, pura, amorosa y maravillosa manera de Ser, el simple arte de nuestro amado Ser. Nuestra función no es tener, tener y retener información o cosas para mantener un falso poder que nadie tiene, nadie tuvo y nadie tendrá, ni para ser distintos a como nos ha creado la vida, nuestra función es Ser lo que en verdad somos, lo que nos impulsa a ser la verdad inalcanzable que radica en el epicentro de nuestro corazón.  

 

Nadie posee la verdad, no existe tal cosa llamada verdad y tal cosa llamada mentira, la verdad inalcanzable es lo que ya somos más allá de la mente y más allá del pobre corazón humano cuando camina desprotegido por el plagio o la imitación.

 

El corazón inocente y puro de tu verdadero Ser es fuerte como una roca, y está permanentemente conectado a la fuente de todas las cosas, a la sabiduría infinita inherente a todo y a todos,  al Silencio sabio y eterno inherente a todo, que es tu verticalidad, por eso ninguna mente humana, por más que te haya hecho creer que tiene un extraño poder sobre ti,  no lo tiene, jamás lo ha tenido, ni jamás lo tendrá, ya que nadie está capacitado como cree estar para darle directrices de vida a la Vida que tú Eres, ninguna mente humana, tampoco yo, que vive en la horizontalidad del tiempo que no existe, entre lo que fue y lo que será, puede ayudarte a ser lo que ya Eres, con lo cual nada ni nadie puede arrebatarte esta luz maravillosa que se mantiene intacta en el centro de tu Ser, la que te impulsa a ser como eres, la que te impulsa a sentir como sientes, la que te impulsa percibir las cosas como las percibes, la que impulsa al cuerpo a caminar como camina, la que te impulsa a ser íntegro y original.  

 

La Vida nos precisa íntegros, tal como somos, no precisa que seamos copias o imitaciones de nuestros antecesores ni de nadie, con lo cual nadie, y cuando digo nadie es nadie, puede enseñarte a ser tu mismo, nadie puede hacer por ti, lo que debes acabar haciendo tú, si realmente quieres tu derecho de nacimiento de ser feliz, con tu simple manera de ser. La felicidad sin causa es el camino, no existe un camino que te conduzca a la felicidad. La felicidad sin causa es sin esfuerzo, sin lucha y sin temor, radica siempre en el eterno AHORA y en el epicentro de tu Ser, y nada ni nadie te la puede arrebatar cuando la recuperas, ni el dolor, ni el placer, ni los medicamentos, ni los médicos, ni las muertes o las enfermedades pueden impedir el arte de la Presencia de tu verdadero Ser.

 

Tú no te ves, si no es a través de un espejo, si no es a través de todo y de todos, pero todos pueden verte y comprender a través de tu simple manera de ser si despiertas integridad y originalidad,  o si despiertas copia e imitación. Eso se sabe, eso se ve, todos somos lo mismo. Con lo cual, para verte debes acudir a tu fuero interno, debes permitir que tu verdadero Ser ¡siempre presente! o la visión de EsoQueES, te libere de toda la información basura, la que impide que encuentres el tesoro oculto que se halla intacto en el centro de tu corazón. Dicho tesoro lo tiene todo el mundo, pero son muy pocos los valientes que acuden a él, lamentablemente hay una inmensa mayoría que prefiere santificar la experiencia sufriendo y haciendo sufrir, con miedos absurdos a ser felices, apoyando el drama eterno de lo popular que no tiene fin, con enseñanzas duales de todo tipo para no pasar de la imitación, de lo que me han dicho y muy inocentemente me creí. La Consciencias no la tenemos para calmarla o para adormecerla, la tenemos para despertar del sueño hipnótico al que nos tiene sometidos la mente dual por la cual nos tomamos, hasta que recuperemos la Unidad, que es cuando la polaridad femenina y la polaridad masculina se funden en una sola luz.

 

Estamos todos santificando la experiencia en la eternidad, en el siempre y eterno día de hoy, en el siempre y eterno ahora, en el siempre y eterno instante presente, pero unos lo ignoran porque han regalado todo el poder a la mente que está fascinada con el mundo de la imagen, para que otros puedan decepcionarse, rendirse y pedirle al Ser su segunda oportunidad, con tal de que les ayude a ver la perfección de la Vida en todo, pero sea como sea, todo y todos es lo mismo, un único SER, la VIDA, Dios, llámalo como quieras, que puede adoptar todas las formas de vida que hay, todas las expresiones que nos impulsan a la simple manera de ser, hasta ver y comprender con claridad que cada uno es la Vida, AMOR incondicional, la máxima realidad. Conscientes o no de ello, a un nivel muy. muy profundo, todos tenemos aceptada la propia experiencia. No hay error, hay perfección.

 

Esta invitación sólo puede resonar en tu corazón, no tienen poder alguno si tu no se lo das, las palabras sólo indican, solo apuntan o señalan hacia aquello que ES,  recuerda que en un plis plas, cuando dejes de leer, todo se va, como todo lo que viene y se va, y aunque la mente intente poseer estas palabras para sus usos intelectuales o para sus beneficios personales, no podrá, porque son palabras que emergen del Silencio innato, inherente a todos, son de nadie y se dirigen a la Vida que tu Eres. Son palabras de la Vida que van directas al corazón.

 

Todo, todo, ¡todo! es la Vida que yo Soy, un auto recordatorio, con lo cual no hagas tuyo lo que es de nadie. Estas palabras no tienen relevancia alguna, simplemente apuntan hacia lo que ES, hacia tu simple, pura y maravillosa manera de ser. 

 

¡¡Gracias!!