Mi amor.

 

A veces me cuesta tanto entenderte, amor, pero te lo agradezco todo, porque me he regocijado contigo, me he reído, me he alegrado, he sentido tu grandiosa generosidad, incluso cuando he llorado, he sufrido y me he perdido en medio de una extravagante multitud que te busca fuera de sí. Cuando te disfrazas de mendigo, de ignorante o de lo que sea, sigues entusiasmándome por todo lo que haces y ves por mi. Me reclamas y no sé qué decir, ni sé que hacer, entonces me inclino ante tu resplandeciente vitalidad y tú siempre haces por mí, sólo me arrodillo para implorarte el ánimo y la fuerza que la mente ausente ha intentado sacarme, y te agradezco la vitalidad y la liviandad que me regalas generosamente, instante a instante, sin pedirme nada a cambio. 

 

Eres el amante perfecto, amor, eres mi inspiración, eres el aire que respiro, eres mi aliento, mi inhalación y mi exhalación. Sin ti, amor, no hay nada que hacer, no hay nada por lo que seguir, ni vivir. Cuando estás en la perfección, la siento, la veo, la escucho, la percibo. Cuando te asientas en la miseria, en el caos, en la imperfección, me da pavor creer que no pueda seguir, pero sé que estás ahí, amor, dándome aliento, estás tan cerca de mí, que casi puedo tocarte, que casi puedo olerte, que casi puedo verte, aun sabiendo que eres invisible a los ojos humanos.  

 

Tu calma es la mía, tu alivio es el mío, tu voz es mi voz, tu ira o rabia feroz también es la mía, tu soledad es mi soledad, tu silencio susurra dulces melodías a este frágil y pobre corazón humano.  Sólo puedo decir No, cuando tú, amor, lo dices por mí, porque siempre digo Sí a todo lo que me presentas, así me lo has enseñado, así me lo has revelado, así me lo has susurrado, y así lo hago todo por ti. Contigo hasta el fin del mundo, por ti haré lo que sea, que no me vengan a decir que tú, amor, no eres el amante perfecto, el más fiel, el más divino, liviano y sagrado que hay.

 

Nunca entendí la Vida pública, amor, hasta que no tomaste el control de la mente ausente que te buscaba por todas partes, menos en la raíz, entonces te encontré y vi que tu luz es mi luz, y que todo eres tu. Tú me has hecho ver con lucidez, has hecho por mí, me has hecho reconocer, de manera íntima y plena, que simplemente estaba destinada a vivir toda la experiencia así, toda por ti.

 

Soy muy sensible, inocente y vulnerable, amor, y no me avergüenza decirlo públicamente, ni serlo por ti, suerte que te sé fuerte e irrompible como una roca, suerte que estás siempre ahí, siempre ahí, en el epicentro de cada situación.  He comprendido que no sé nada de nada de tu vasta inmensidad e incondicionalidad, amor, y he visto que soy tan mortal, que sin ti, mi amor inmortal, dudaría de todo y de todos, menos de tu extraordinaria belleza, generosidad e inmensidad, incluso en medio de la adversidad.

 

  Tú siempre me has amado incondicionalmente, hiciese lo que hiciese, tu has estado ahí, arropándome, guiándome, enseñándome el auténtico camino a seguir. 

 

El Amor que ha escrito estas palabras, es el mismo amor, que ahora mismo las lee.

 

¡¡Gracias, amor!!