Hasta que no vi que yo era quien creaba mi propia sombra, ceguera e ignorancia ante la Vida, no me rendí a la Luz. Aparentemente, sólo aparentemente, hay siete mil quinientos millones de herramientas humanas en el mundo esforzándose y luchando inútilmente, burdamente o aburridamente para ser mejor que su extraordinario creador, para adueñarse de una única, vasta, infinita y sagrada inteligencia que no nos pertenece. Cada herramienta imagina ser más inteligente o más sabia que su creador, cree tener soluciones para salvar al mundo, y en cierto sentido tiene razón, puesto cada uno es el UNO soñando el mundo, utiliza la herramienta de la Unidad para buscarse a sí mismo, pero mientras la herramienta crea la idea de que el creador es malo, es un caos, no le ama o le debe cosas, se comportará como el burro que va en busca de la zanahoria que tiene delante de las narices, lucha contra su propia sombra y no lo sabe. Buscará fuera de sí lo que siempre ha estado en él. Así se comporta la mente humana cuando cree tener luz propia, imagina que luchando duramente y esforzándose para cambiar el mundo, algún día lo conseguirá. Ninguna mente humana que no se haya rendido al Ser y no se haya liberado de gilipolleces aprendidas o de absurdidades heredadas, con las cuales comulga porque se las ha creído ciegamente e inocentemente por amor, puede ver que lo que más anhela recuperar jamás se ha perdido, siempre ha estado ahí. Hasta que uno no deja de cederle el poder a la sombra, al mundo ilusorio de la imagen que uno mismo ha creado, o hasta que uno no deja de buscar fuera de sí, no tiene posibilidad de recuperar lo que más anhela encontrar, a menos que la Vida se apiade de él y tome el control de su mente.

 

Es así como nos comportamos las personas cuando no vemos que somos el creador de la mente egocentrista, ciega e ignorante ante la Vida que impide que veamos que la felicidad eterna, lo que más anhelamos recuperar, siempre, siempre, ha estado delante de las narices. No hay ni que buscarla, siempre ha estado ahí.  Apuntamos con un dedo de la mano los defectos y los aparentes fallos fuera de nosotros, hasta que nos damos cuenta, con total lucidez, que tres dedos siguen apuntando hacia uno mismo.  Precisamente cuando asumimos nuestra total y más profunda ignorancia, estamos a un paso de recuperar la inocencia perdida y la lucidez. Asumiendo  las imperfecciones vemos la propia sombra, es cuando encontramos la perfección de la Vida.

 

La Unidad no nos ha soñado con error, ni nos ha creado para ayudar, mejorar o salvar el caos del aparente mundo exterior que ¡siempre! está en sus manos, todo lo contrario, nos ha soñado para serle una herramienta útil y práctica, con tal de poder disfrutar del paraíso eterno que se nos regala a todos, a todos, sin excepción. Pero mientras la Vida, lo que en verdad somos, no sea vista con total lucidez, tal como Es, más allá del ego que se comporta ciego y sordo ante tanta maravilla, en lugar de vivir felices dentro de este paraíso que se nos regala, la mente irá generando más caos, más enfermedad, más lucha, más guerra, más drama, eso sí todo con sudor, esfuerzo y aburrimiento, porque se ha creído más lista que el creador de todas las cosas. Cederle el poder a la mente egoica que no tiene luz propia porque es fruto de un copiar y pegar, hace que el ser humano se comporte igual que ella, caminar ciego y sordo, atado a siglos y siglos de sufrimiento inútil, amante de las gilipolleces aprendidas de generación en generación sin poder hacerse consciente de uno mismo. Hemos sido los causantes de toda enfermedad, de toda esclavitud, de toda violencia, de todo odio y de todo rencor, simplemente al personalizar la existencia. La Vida, totalmente impersonal e incondicional, lo consiente todo, nos ama a todos sin excepción, pero hasta que no nos arrodillamos para implorarle ser nada, creeremos que la Vida es injusta y mala, cuando jamás lo ha sido, todo lo contrario. Es más, cuando estamos en los hospitales, cuando se nos muere alguien muy querido, cuando nos roban, o sea la adversidad que sea en la que nos encontremos, nos está gritando más fuerte que cualquier otra cosa del mundo ¡ESTOY AQUí! Ábrete a MI, déjalo todo en mis manos, permite que te libere del ego ciego y sordo que tanto te hace sufrir!!!! Cualquier ser humano que no se haya rendido hasta asumir la unidad viviente para liberarse de gilipolleces aprendidas, le cederá todo el poder a la sombra, al ego ciego y sordo ante la maravilla eterna de la vida, sea para bien o sea para mal, sin darse cuenta que la Vida no tiene nada que ver con el bien o con el mal. Hay bastante maldad en la manifestación de la bondad creada por el ego, y mucha más bondad, más de la que imaginamos, en toda manifestación del mal, puesto que estas gilipolleces del bien y del mal no son más que tonterías aprendidas para cederle el poder al ego ilusorio. ¿Dónde ves el bien o el mal, ahora mismo, siempre ahora mismo? Cuando no hay ego ilusorio que impida que la Vida fluya, lo que hay es la maravilla eterna de lo que ES. Nada y Todo.

 

El ego persigue glorias personales por eso se comporta como aquel burro que no consigue la zanahoria que está delante de las narices, porque cree que algún día lo conseguirá. Ningún ego, por más santo, sabio o iluminado que crea ser, y por más que haya vislumbrado lo que persigue, no lo conseguirá, lo intentará, lo intentará y lo intentará, pero si no se rinde, el cuerpo morirá sin haberlo conseguido. Precisamente se trata de dejar de perseguir glorias personales, un ideal, una imagen, un sueño o una fantasía, se trata de rendición absoluta, de ser nada ante tanta maravilla. Sólo cuando eres nada ves al todo y lo tienes todo. La felicidad jamás, jamás, jamás se ha movido de la Presencia.

 

Sólo el ego ignorante y ciego sufre y es infeliz porque busca  lo que ya tiene delante de las narices. Lo  que en verdad somos, la Vida,  jamás, jamás, se ha movido de la eterna felicidad sin causa, siempre ha estado ahí, siempre presente. 

 

Insisto, aquel que ha visto la Unidad viviente y la asume, sabe que todo, todo, todo es un autorecordatorio, no puede ayudar a nadie, simplemente puede difundir el mensaje de la Vida que es inherente a todos, sabiendo que el ego siempre lo rechazará, porque el ego precisamente no tiene luz propia, sea bueno o sea malo es nuestra propia sombra, siempre ha sido nuestro peor enemigo, pero incluso en el rechazo hay la perfección de la vida. Hay que ir a la raíz del Ser para encontrar el tesoro escondido que se nos regala a todos, a todos, sin excepción. Todo está más allá del ego que personaliza la existencia y mucho más allá de las palabras aprendidas. En la Presencia todo es un saber innato, un ver lúcidamente y un comprender espontáneo. 

 

¡Gracias!