Libertad.

 

La libertad no es para aquel que crea la idea preconcebida de que los demás o el mundo de la propia creación, le necesitan.

 

La libertad es desapego, es no tener ataduras en la consciencia, es vivir sin ningún tipo de remordimiento, sin miedo por lo ya acontecido y sin temor por lo que pueda acontecer. La libertad es dejar que la Vida fluya, que siga su curso, permitiendo que las cosas se muevan y cambien a su ritmo, de manera natural, sin pedir nada a cambio, nada para uno mismo, nada para los demás, nada para ese tal mundo creación de la mente, que sólo es un concepto que no puede definir ni explicar la vasta inmensidad. Actuar de este modo, es vivir en la Luz, al ritmo de la Vida, es la auténtica libertad.

 

Darse cuenta de que todo pasado y de que todo futuro son ilusiones, podríamos decir reales de la mente que personaliza los sucesos, ya que sólo pueden ser vistas desde la Luz de la Presencia del Yo, es el principio de la sabiduría. A eso se le llama vivir en paz, con libertad y en la Luz.

 

Amarse uno mismo, es imposible si primero no se asume la totalidad, si no se ve la relación que hay entre el Yo Soy y todo lo demás. Si uno no ama ni respeta su totalidad, tal como le sucede, y no permite su auténtica sensibilidad tanto para el dolor como para el placer, no se puede amar ni respetar a todo lo demás, la otra cara del mismo sueño de amor. No hay ninguna forma conceptualizada ni definida que esté separada del Yo Soy, no hay nada ni nadie diferente a uno mismo, porque nadie y nada es una luz distinta a la que yo soy.

 

Rezar a un santo, es rezarse a uno mismo, pedir a lo infinito, es pedirse a uno mismo, tener confianza, es confiar en uno mismo. Buscar un dios en un cielo y la esperanza de que llegue el día de mañana para hallarlo, que nunca llega porque siempre es hoy, es profunda ignorancia de nuestra verdadera naturaleza que se busca a sí misma, porque el único santo, el único cielo, el único dios y el único más allá que hay, es la la Luz de la Presencia de la cual emerge el conocimiento lúcido, que nos conduce a la libertad del auténtico Yo. No hay nada ni nadie que esté separado de la luz del auténtico conocedor, del Yo Soy. Todos y todo emerge de la misma fuente, de la misma inteligencia, de la cual emergen todas las cosas.  

 

Las palabras no pueden expresar más que una diminuta parte de nuestra totalidad, y solo sirven para el conocimiento personal, no pueden explicar la vasta inmensidad ni lo desconocido de nuestro verdadero Ser, porque sólo indican, apuntan o señalan hacia Lo que Es, hacia la verdad inexpresable, que por cierto, se revela a sí misma, únicamente, cuando uno deja de buscarla, cuando se deja el instinto de posesión y cuando se deja de pedir favores o de intentar retenerla para usos personales.  Lo que podemos expresar y decir para la comprensión intelectual es una insignificancia, si lo comparamos a todo lo que se vive, a todo lo que se experimenta y se conoce, tanto de la experiencia que llamamos mundo exterior, como de la experiencia que llamamos mundo interior que, en realidad, no están separados entre sí.  No hay dos mundos, hay siempre la visión natural de Eso Que Es, que ve y conoce las cosas tal como son, nada que ver a como las imaginamos o las preconcebimos.

 

La auténtica libertad y el significado real de la Vida, es simplemente VIVIR, es Ser, fluir. El auténtico propósito, el sendero para hallar el sentido real, es ver y reconocer la Vida tal como es, por los sentidos, dado que no precisa nada, se vive a sí misma, instante a instante.

 

Una persona religiosa, limitada por las creencias de su mente separatista, recalcitrante y fanática, que se aferra a las ideas preconcebidas del bien y del mal sobre la naturaleza de Dios, aparentemente, sólo aparentemente, se pasa la existencia pidiendo favores y ayudas para vivir, tanto para sus beneficios o usos personales, como para el mundo que ha creado su mente. Una persona así, se convierte en una persona manipuladora, esclava de sí misma, separatista y sectaria, profundamente ciega ante la evidencia, dado que no tiene Fe en el ritmo natural del auténtico conocedor, se separa por completo de la sabiduría infinita de la verdadera naturaleza de Dios, del auténtico Yo Soy. Una persona así, sólo contagia profunda esclavitud, profunda ignorancia, profunda manipulación y enfermedad en la Consciencia, sirve para apoyar el drama eterno de la separación, tal vez, para que muchos corazones nobles que son buscadores de la Luz puedan ver y despertar de la hipnosis. Quien vive con imitación, con la limitación del tiempo, con lo ilusorio y limitado del miedo metido en la consciencia, con lo que divide y separa el bien del mal, es esclava de sí misma, porque vive rechazando su realidad, es profunda ignorancia de una consciencia que no quiere ver ni asumir su totalidad, y esa persona no puede amar realmente porque no puede ver con claridad, ya que todos estamos cruzando la propia experiencia desde donde nos sucede el milagro de la Luz.

 

La auténtica religión, es religar la mente con el corazón, sin imitación, sólo con la ayuda de la visión de LoQueEs, hasta llegar a la raíz del Ser.

 

No estamos vivos para ayudar a personas a hacerles creer que son personas, para ayudarlas a sufrir con la idea absurda del libre albedrío o de la libre elección de la mente que únicamente intenta poseer, mover o gobernar lo vasto y desconocido de nuestro verdadero Ser; estamos vivos para ver y comprender lúcidamente que la creencia de ser personas, es la creencia que más caos crea, porque es la que más nos esclaviza, la que más nos separa, la que más nos aleja de la Luz de la Presencia, de la libertad absoluta del auténtico Yo Soy.

 

No somos los creadores de los hechos, ni de los sucesos, ni tampoco somos los propietarios de las cosas, ni de vidas, ni de nada ni de nadie, somos el Yo Soy, Ese al que todo le sucede, Ese que todo lo ve, Ese que observa y se reconoce a través de todo, Ese que agradece la propia manifestación.

 

Sólo hay profunda ignorancia o total claridad. No se puede explicar mejor, ese sería el punto y final de todo sueño de amor, pero para comprender lúcidamente la auténtica seguridad y la total libertad del Yo Soy, no hay que huir, ni esconderse bajo un manto de falsa bondad, ni tampoco hay que enfrentarse a ellas, primero uno debe conocer la propia esclavitud y la duda creada por el diminuto e ilusorio yo, para después incorporar en la Consciencia, la Luz de la verdad, de la libertad y de la seguridad, ya que jamás se ha perdido.

 

Tratar de definirme es como tratar de definir el Silencio, no se puede definir. La aventura para auto redescubrirse uno mismo es un juego fascinante e inteligente, al final comprendes que no hay nada que uno deba comprender para vivir, la Vida simplemente sucede. Únicamente hay ¡Ser! La Nada de la cual emerge el amor, todo.

 

¡¡Gracias a todo y a todos!!