Qué aburrido buscarle un sentido o un propósito a la Existencia; si no lo necesita, jamás lo ha necesitado.  

 

El único sentido o propósito que tiene la Vida es vivir lucidamente, de manera íntima y plena, sin pizca de miedo. Qué horror cuando pienso en las gentes que siguen buscando un sentido a todo, me acuerdo cuando yo lo hice. Cuanta agonía malgastada buscando el secreto escondido que siempre ha estado dentro de cada uno. Cuanto esfuerzo y cuanta energía malgastada, con dolor y sacrificio inútil, mientras permanecemos ciegos, encerrados dentro de la experiencia aparente, sólo aparente, de ser personas. Creemos ser individuos separados y muy importantes, viviendo una existencia con la que negociar, experimentando un estado de sueño hipnótico al pretender rechazar la auténtica  naturaleza original. En este estado de sueño todo lo que hacemos es gobernado por la Ley de los opuestos. Por ejemplo: si yo quiero tener más dinero es porque imagino que la Vida infinitamente abundante que se vive a través de mi es pobre. Si yo quiero tener más salud de la que ya tengo, es porque deduzco que la Vida saludable que se vive a través de mí está enferma. Si yo quiero sólo el placer y rezo para que se me aleje del mal, es porque imagino o deduzco que la Vida es mala y no es eternamente feliz. Si yo quiero controlar la muerte de la herramienta corporal, lo que hago es morir en mí, es vivir muriendo cada día, porque imagino que la vida ¡siempre presente! que se vive a través de mí no es atemporal ni inmortal. Si yo imagino que la vida incurre en error, no haré otra cosa que proyectarme en los aparentes defectos y en los aparentes errores, porque no veo en ellos la perfección insuperable y divina de la vida. Cada acto aparentemente positivo es equilibrado exactamente igual por su opuesto, por consiguiente, todos los esfuerzos para conseguir que nuestras vidas funcionen mejor, son inútiles y estériles.  Si queremos recuperar nuestea naturaleza original,  la perfección de la Vida, para obtener la dulce libertad, todos nuestros esfuerzos serán neutralizados por la Ley de los opuestos, por supuesto si pretendemos alcanzarlo desde nuestra limitación personal, sin la Luz del Ser siempre presente, sin la maravilla eterna de lo que Es.   

 

Sólo a través de una profunda aceptación, de una profunda rendición para la reflexión lúcida, uno puede redescubrir que mientras se continúe con el sueño hipnótico de personalizar,  gobernar o controlar a la Vida, se está, en realidad, viviendo en la rueda eterna del drama sin fin. Es el famoso circulo vicioso de la mente humana que personaliza la existencia, buscando todo allá, allí o en el más allá, sin ver que todo está sucediendo en el siempre ahí, imitando al exterior sin ver que todo sucede espontáneamente desde el interior. Estamos en una rueda eterna que todo se repite continuamente, una y otra vez, con diferentes luces, personajes, escenarios y decorados. Es la Consciencia que se deleita en una creación que es, a la vez, coartada y liberada. Coartada y constreñida cuando hay el sentimiento de propiedad, y liberada y expandida cuando se ha perdido tan infantil sentimiento de individualidad, que nos hace suponer que hay que esforzarse y luchar inútilmente contra uno mismo para ser mejores de lo que ya somos a cada instante. Y, a pesar de lo que podamos imaginar que sabemos de nuestra personalidad  o de que vamos por la vida con el famoso libre albedrío, uno llega a descubrir que nosotros, los seres humanos que nos tomamos como personas muy inteligentes o importantes, somos simples personajes soñados por la Vida, simples herramientaw que responden y reaccionan desde lo heredado, imitado, copiado y aprendido de un sistema de creencias culturales que divide la vida en dos, que la excluye y la rechaza con una linea imaginaria del bien y el mal, desde las históricas retóricas de prejuzgar a la Vida, de controlar la Existencia, totalmente condicionadas por la ley de los opuestos que no se han sabido trascender. Todo lo que nosotros aparentemente, sólo aparentemente, destruimos, es recreado o reconstruido aparentemente, sólo aparentemente, por lo que en verdad somos, porque el tiempo y la supuesta historia de evolución cultural o social, sólo es aparente, únicamente aparece en la cabeza, no en la Presencia del Ser, que en todo momento ya está ¡absolutamente! evolucionada, realizada y liberada!

 

AL movernos desde la Consciencia de Unidad, con nuestra naturaleza original y atemporal, hemos construido la oscura consciencia dual, identificada con el tiempo y la historia heredada que personalizamos, para redescubrir que el sueño hipnótico que estamos experimentando no tiene ningún otro propósito que nuestro despertar de él, para acabar viendo que la Vida que en verdad ya somos no tiene otro sentido ni otro propósito que el de ser felices dentro de este paraíso eterno que se nos regala a todos, puesto que el paraíso del Ser siempre Presente es lo que en verdad somos, que emerge fuera del tiempo y de las historias que personalizamos. La felicidad sin causa siempre está presente, con lo cual está muchísimo más allá de cualquier personalidad que vive en el tiempo, mucho más allá del alcance de todo esfuerzo o sufrimiento inútil, de todo proceso de purificación para ser mejor persona o de toda creencia sobre el bien y el mal.

 

¿Qué sentido puede tener este instante tan vital, que ya está sucediendo ahora mismo, que ya está pensado y que ya está realizado? ¿Si no es, simplemente, para que lo disfrutemos, más allá de todo concepto del bien y de todo concepto del mal, para que Es? Para que lo veas lucidamente, todo lo que necesitas es un salto a la percepción natural, una visión lúcida diferente, verlo todo desde la sabiduría innata del no saber, que ya es inherente a todos, porque todos somos la misma Vida, el mismo instante de Luz y el mismo instante eterno de Amor Incondicional. No hay múltiples instantes eternos, ni múltiples vidas eternas, ni múltiples luces, nada es tan vital ni tan brillante como  ¡este instante vivo y eterno! siempre vivo y eterno que ya está sucediendo, que ya está evolucionado y que ya está realizado, emergiendo sin lucha, sin esfuerzo ni sudor, a la perfección. Ahí se halla lo que tanto buscamos, la Vida eterna que nos abraza a todos a la vez, por igual, sin exclusiones, sin excepción y sin que tengamos que buscarle un sentido o un propósito, sin que tengamos que negociar con ella para devenir mejores personajes, más inteligentes, más santos,  más sabios, ni más iluminados que la misma Vida siempre presente que está ahí, eternamente presente, siempre ahí. 

 

Mis errores si es que debo llamar errores a la inicencia perdida, fueron creer que la vida incurre en error, buscarle a la Vida un significado o un propósito para llegar a alcanzar la felicidad permanente o la bondad permanente, porque buscaba al exterior, a través de lo aprendido al imitar y copiar a los supuestos maestros, con tal de poder satisfacer la imagen errónea que yo construí, que yo tenía y mantenía de mí misma, sin ser capaz de ver que la iluminación de la mente o el despertar de la Consciencia, no tiene nada que ver con la ridícula y estúpida idea de buscarle más perfección a la Vida, más de la que ya tiene a cada instante, como la que está teniendo ahora mismo, siempre ahora mismo. La realización del Yo sucede cuando uno deja de buscar al exterior o deja de cederle el poder al mundo necio y a la imagen falsa que uno ha construído de si mismo, cuando uno ve lúcidamente que jamás lo conseguirá por si mismo, sin la Presencia absoluta del Ser.

 

La Vida es de nadie y para nadie, ningún personaje soñado por la Vida puede realizarse a través de lo ilusorio, del sueño hipnótico del tiempo y la historia que cada uno personaliza a su manera, a través de un puñado de creencias estúpidas y superficiales heredadas, sólo para mantener la falsa imagen que se tiene de uno mismo.  No hay nada ni nadie que devenga un iluminado, simplemente la iluminación ya Es, ya sucede en el instante presente, todo ya Es la iluminación en la Presencia del Ser.

 

La Unidad no puede ser enseñada, aprendida, retenida o poseída por nadie. Todo, absolutamente todo y todos los seres humanos es la Unidad, y todo lo que hacemos intentando controlarla, impedirla, gobernarla, dividirla o rechazarla, es ridiculizarla y obstaculizarla, una y otra vez. Esa es la rueda eterna de la ignorancia sin fin, la profunda ceguera e ignorancia que se hereda de generación en generación. Nadie deviene un iluminado, ni debe ser mejor ni peor, precisamente porque jamás ha habido algo o alguien en el cuerpo. Sólo hay Vida siendo Vida, en contraposición a tengo una vida en propiedad por la que luchar, trabajar y sufrir. Nada sucede fuera del instante presente, no hay nadie que deba negociar con la existencia, ni para comprarse una vida mejor, ni para santificarla, ni para enseñarle a evolucionar, ni para poseerla,  retenerla, manipularla o gobernarla. Todo ya es, sin sentido o propósito, mucho más allá del sueño hipnótico personal. El  único sentido que uno puede ver y comprender cuando el despertar se ha consumado, es:  SER UNO MISMO, sin pizca de miedo a la Vida, puesto que la Vida es lo que en verdad somos, la única inteligencia y constante que hay.

 

¡Siempre nos buscamos a nosotros mismos! ¡Siempre! Todo, absolutamente todo, es un auto recordatorio.

 

¡Gracias!