La propia invitación.

 

Si no vemos la Vida en todas las cosas, no podemos liberarnos del ilusorio ego del mal y del sufrimiento humano. La Vida es la que lo mueve todo, no es el ego que personaliza,  divide y excluye la existencia.

 

Nuestro Ser es puro, inocente y divino, jamás lo encontraremos a través del ego, ni jamás realizaremos al auténtico Yo mediante el sacrificio, la santidad humana, la bondad o la búsqueda infantil y necia que persigue cualquiera que personaliza la existencia. Mientras haya ego que divida, separe o excluya la propia invitación, no hay rendición. Para llamarlo de alguna manera el ego no trascendido es nuestro pequeño yo maltratador, maltrata al Ser tantas veces como puede, porque cada vez que rechaza y divide no puedes verte reflejado en el propio espejo llamado “los demás o el mundo exterior y yo”. El ego oscurecido sólo nos conduce al caos o a lo que llamamos infierno, es el creador de toda tiniebla o sombra. En realidad, los demás no existen, cada cosa y cada ser es Vida, es la propia invitación para verme reflejada en el espejo divino que me regala la Unidad. No puedo ver como se comporta el ego sin el espejo, no puedo reconocer como divide, excluye y rechaza la Luz viviente y divina de la Vida, del Ser siempre presente, sin el espejo a través del cual me observo. El ego ciego, se convierte en un asesino en serie cuando rechaza la propia invitación siempre presente, de ahí que tengamos que ver tantas enfermedades, tantas películas de asesinos o de miedo, cuando no queremos reconocerlo, puesto que al no tener luz propia no puede reconocer que sólo aprendió a dividir, separar, rechazar, asesinar y a excluir la verdad viviente. Lo que llamamos drama, errores, defectos o mal que le sucede a uno en la consciencia, es un sueño hipnótico para que la vida siempre presente, lo trascienda. Y con esta actitud tan infantil  del rechazo no hace otra cosa que ir en busca de soluciones infantiles o mágicas, porque inconscientemente busca lo que más rechaza, lo crea y lo recrea, se recrea en ello hasta que lo veas. Cualquier cosa que no sea del agrado del ego inmaduro, lo verás multiplicado por mil porque lo único que persigue es satisfacer glorias personales, alcanzar metas, satisfacer cualquier logro particular, adjudicarse el mérito, sea de lo que sea que le presente la Vida cuando imagina que lo consigue él, pero nunca está haciendo nada en beneficio de la Vida o del Ser Supremo que nos conduce a todos a la vez. Sea para bien o sea para mal, su comportamiento es egocéntrico, busca a través de los demás aumentar su propia ceguera, puesto que siempre encontrará una justificación o una fórmula errónea para no rendirse nunca, con tal de que no puedas reconocer que el ciego es él, no la Vida que tu eres. Sea la proyección que sea, cuando excluye, divide, rechaza o separa al espejo que tiene delante de las narices, no atiende al Ser, se atiende a él. Sin embargo, el ego nunca conseguirá derribar al Ser de nadie, porque es nuestra auténtica naturaleza, nuestra LUZ original, es ESO de nosotros que no excluye nada, no divide, no rechaza, ni separa, lo ama todo incondicionalmente, sea lo que sea, precisamente porque es el creador de todas las cosas; es la máxima realidad y la única inteligencia o constante que hay. Cada uno es la máxima realidad, toda la creación es la propia proyección, para acabar viendo que la Vida jamás abraza lo que está realizado, únicamente contempla y abraza lo que está sucediendo. Todo, todo, todo, es un auto recordatorio que se nos presenta como la invitación personal para ver la Vida más allá del ego, con tal de que pueda ser trascendido lo ilusorio. Pero mientras estemos dándole todo el protagonismo al ego bueno o malo, no podemos ver la Unidad, no podemos comprender el porque y el para quien estamos tan ciegos ante la Vida.

 

Lo que llamamos la caja boba, un simple televisor, nos ayuda a ver que no hay nadie al otro lado de la pantalla, siempre nos comunicamos con el ego, siempre está uno delante de una  pantalla hablando con unas imágenes o discutiendo con unos personajes que solo aparecen y desaparecen en la pantalla que no está separada de la consciencia. Gracias a la Luz que cada uno Es podemos ver todo lo que es y todo lo que no es.  Cada cosa, cada apariencia es la propia invitación para ver la Unidad viviente, como nos comunicamos con nosotros mismos cuando nos proyectamos consciente o inconscientemente con la pantalla, al imaginar estar  separados de la Consciencia. Es la invitación para ver al ego que excluye, divide, separa y rechaza para que no veas su propia ceguera. Lo que aparece y desaparece en mí, no es lo que yo soy, es para verme a mi, no para cambiarlo, empeorarlo o mejorarlo, simplemente para reconocer mi grado de ceguera e ignorancia ante la Vida. Sólo puedo verme cuando me veo reflejada a través del espejo.

 

Aceptar la propia invitación significa arrodillarse ante la Vida, ser nada ante la maravilla eterna de lo que Es, porque sólo LoQueEs puede hacernos el inmenso favor de liberarnos del terrorífico ego creador de tanta ceguera e ignorancia, creador de películas de miedo, asesinatos o de lo que sea. Todo aquello que no queremos ver ni aceptar es lo que más nos somete.  Pero no es suficiente decir: -bueno como todo ya Es, como todo ya sucede, no debo ni verme, ya estoy bien así, porque con eso lo único que hacemos es favorecer al ego excluyente, ignorante, ciego y sordo ante la Vida, es darle todo el protagonismo al ego que personaliza la existencia para que siga con el teatro que excluye la verdad, para que siga presidiendo el trono de la más profunda ceguera e ignorancia ante la Vida, porque aunque camines con la pureza del corazón, si los razonamientos son excluyentes y personales, siempre serán justificados para mantener la separación, siempre dividirá, excluirá y separará la Unidad viviente para que te sientas alejado del Ser siempre presente, pero nunca podrá porque tu no eres el ego con un puñado de pensamientos e ideas buenas o malas que vienen y van, eres el Ser Supremo siempre presente, la máxima realidad, la máxima Luz, el máximo Amor. Eres la Alegría infinita sin causa encarnada en ti, siempre ahí, siempre ahí.

 

Todo ego que veo proyectado allá, está para evidenciar al ego que hay en mi, aquí. Toda Vida que vea allá, está aquí. No hay separación, la separación es aparente, tan sólo es ilusoria porque únicamente hay UNIDAD, una única y vasta existencia o inteligencia moviéndonos a todos a la vez. Cada uno es la Unidad.

 

Sólo la maravilla eterna de lo que Es, la Luz radical y fulminante del Ser siempre presente, puede acabar con toda linea imaginaria del bien y del mal, porque únicamente hay lo que Es. Es ver y comprender que en nuestra más absoluta pequeñez encontramos la grandeza absoluta del Ser. En la Presencia lo que hay es un saber innato, lucidez y comprensión espontánea.

 

Nuestro auténtico Ser es puro, inocente, alegre, vital y original, pero no lo encontraremos allí o allá, o en la búsqueda incansable para satisfacer al ego ilusorio que personaliza la existencia, está siempre presente, silenciosamente presente, acogedor y amoroso con todas sus criaturas, porque es todo lo que Es y todo lo que no Es, pero sólo lo que ES puede acabar con lo que no es..

 

Aún sabiendo que cualquier ego no trascendudo rechaza estos escritos, porque prefiere que le cuenten historias para no dormir, novelas rosadas o películas de ficción, relatos de sufrimiento humano o asesinatos, la Vida que yo soy hace que suceda el difundir este mensaje inherente a todos, porque somos la misma inteligencia y el mismo amor, y aunque el ego prefiera el sueño hipnótico para adueñarse de la Luz viviente que hay en ti, tienes el pleno derecho de abrir los ojos y despertar a la Vida para recuperar todos tus derechos innatos. No debe cambiar nada, simplemente saber que todo es la propia invitación.  La Unidad no incurre en error, te lo puedo asegurar, puesto que incluso si hay rechazo al aceptar o no la propia invitación, es igualmente divino para el despertar de la consciencia. No podemos cambiar nada a ningún nivel, sólo podemos aceptar la propia invitación ¡siempre presente! para dejar de sufrir, o rechazarla para seguir sufriendo. ¡Gracias!