La palabra no tiene poder.

 

Si uno no personaliza la Existencia porque la ve tal como Es, y la asume tal como se la presenta la Vida, con todas sus luces y todas sus sombras, te das cuenta que ni las palabras, ni los conceptos, ni las metáforas o las imágenes que vienen y van dentro del vasto Océano del Ser, tienen poder para sacarte de la Presencia.

 

Sólo la ignorancia cree ser inteligente, siempre te dirá que puede cambiar lo que sea porque imagina tener poder, y en cierto sentido tiene razón, porque cree ser el centro del Universo, pero no puede ver que nada ni nadie es más inteligente que nadie, y que ninguna persona tiene poder, porque todo es la Vida, por eso la ignorancia es ignorante, no puede ver con lucidez que sólo el silencio innato inherente a todo y a todos, solo el Silencio eterno de la Vida sabe y conoce, se expande, se realiza, se construye, se auto-destruye, se vuelve a reconstruir, nos hace sentir, intuir y percibir.

 

El don más maravilloso al que podemos aspirar como seres humanos, el máximo don, es el de ver y comprender al instante, más allá de las palabras, es el don de ver y percibir la Vida tal como ES por los sentidos, para permitir que los sucesos sean como son y resuenen en el corazón. No somos los sucesos, ni los pensamientos, ni las palabras. Los sucesos, sean los que sean, simplemente son sucesos que son de nadie, nos suceden en la Consciencia para hacernos conscientes a través de ellos. Todos los sucesos, todas las palabras, todas las imágenes simplemente aparecen y después desaparecen, excepto la Presencia.

 

Si uno regala todo el poder al mundo de la imagen, creerá que todo lo que ve, que todo lo que le cuentan, que todo lo que escucha es real, y la única realidad que hay es la verdad inalcanzable que no la puede poseer nadie, ni puede enseñarse o aprehenderse. La verdad inalcanzable es lo que ya somos, a cada instante, más allá de la falsa imagen que la mente ha creado de sí misma, por la cual nos tomamos.  

 

Te pongo un ejemplo: Si vas de viaje, lo que ves ante tus ojos, lo que escuchas con tus oídos, lo que hueles, lo que sientes, lo que percibes por los sentidos, lo que sea que sientas o percibas, nadie más lo puede percibir como tu, y no se puede explicar, si intentas definir lo que ves, ya no es lo que es, no se puede fotografiar, no se puede retener, enseñar o aprender. La verdad inalcanzable siempre es lo que ya ES y lo que resuena en el corazón, por eso nadie, absolutamente nadie, puede impedir, cambiar, mejorar o empeorar tan maravilloso misterio de la Existencia.

 

No hay ni una sola persona en este mundo que esté despierta o iluminada, ni que sea lo suficientemente inteligente para hablarte de tan fascinaste misterio de la verdad inalcanzable, tampoco yo como persona, porque el mero hecho de introducir palabras, el mero hecho de creer que soy una identidad personal separada de la fuente, algo o alguien que puede saber algo más o menos que tu, ya me separa de lo que ES, ya me separa de la verdad inalcanzable, de lo que cada uno ya ES más allá de la mente y del corazón.

 

Si percibes el significado de estas palabras, únicamente es porque resuenan en tu corazón, las percibes por los sentidos, no porque tengan poder alguno, sólo indican, señalan o apuntan hacia lo que ES, no son palabras que el intelecto pueda comprender porque no se puede comprender intelectualmente la verdad inalcanzable.

 

Si al intelecto le hablas de hacer una receta de cocina, le cuentas como va el fútbol, le hablas de la prensa rosa, de cualquier cotilleo o enfermedad, de lo que fue o de lo que será, de enseñanzas religiosas duales, de políticas, del new age o de lo que sea que solo sirve para la comprensión intelectual y popular, más o menos lo comprenderá, pero si le hablas de un conocimiento inherente a todos, del despertar de la consciencia, de reconocerte a ti mismo para ser una luz original para ti, como no puede ver ni conocer la verdad inalcanzable en ti, no lo comprenderá, así que rechazará la invitación personal que te presenta ahora mismo la Vida.

 

Tu, ahora mismo, tal como Eres ahora mismo, sin que tengas que cambiar nada, sin que tengas que ser distinto, ya eres una expresión única, divina e irrepetible de lo infinito del Ser, ya eres una expresión perfecta y adecuada de la verdad inalcanzable, y como tú, cualquier ser vivo, cualquier forma de vida. Todo ser de la creación que aparentemente esté aconteciendo en este preciso instante, en la verticalidad de la Vida, ya es la verdad inalcanzable. Nada ni nadie, en este instante, siempre en el instante presente, puede o debe cambiar, mejorar o empeorar. Nadie debe volverse más espiritual, más divino o más iluminado que este preciso instante. Sólo es la mente la que no lo ve, y la que dice que la Vida debe cambiar o mejorar ahora, siempre ahora, porque la ignorancia no puede ver que el tiempo no existe, siempre se debate entre lo que fue y lo que será, con lo cual no percibe que todo ya es liviano, liberado, nuevo y reluciente, que todo está realizado a cada instante de vida que hay, si se vive la Vida estando en la presencia del Ser.

 

Cuando muere un cuerpo sólo muere la ignorancia que ha intentado poseer, negar o retar lo más maravilloso del Ser humano, esa divina LUZ o Eseidad siempre presente, pero por más que lo haya intentado, jamás ha podido, ni nunca puede ni podrá arrebatarnos tan extraordinaria luz del milagro sin fin de la Existencia humana, porque es lo que en verdad somos. No somos la Existencia, ni el relato personal, somos la Presencia del Ser que lo consiente todo, todo, todo, puro amor Incondicional.  

 

Tal como la vemos en la naturaleza, la Existencia es silenciosa pero no muda, es de nadie y se vive para nadie, simplemente ES. sin ruido mental, sin tiempo, sin santorales, sin religiones o sin sucedáneos New Age, sin psicólogos, sin géneros, sin políticas, razas o calendarios. Así somos los seres humanos cuando percibimos la Existencia tal como ES, cuando la percibimos desde el silencio innato, sin personalizarla, cuando la percibimos por los sentidos, somos sensibles, amistosos, respetuosos y amorosos con todas las criaturas. Somos seres de Luz completamente sensibles, atemporales e incondicionales, y cada uno puede hacerse consciente, o no, de su totalidad, a través de la mente lúcida siempre presente, pero ni la mente lucida puede explicar tan divino misterio de la verdad inalcanzable. Simplemente, si nos sucede la visión de lo que ES, se ve, de manera íntima e intransferible, no se puede copiar, imitar o plagiar para usos personales ni para que el intelecto haga suyo lo que es de nadie. Únicamente resuena perfectamente bien, o no, en el corazón, porque todos somos la Vida, no personajes.

 

Nadie es responsable ni debe sentirse culpable de la experiencia íntima e intransferible de nadie, porque únicamente hay vida siendo vida, a cada instante, y la invitación para ver y comprender la Vida tal como ES, la tiene todo el mundo, que la aceptará o la rechazará.

 

Solo el silencio innato, inherente a todo y a todos, la visión de EsoQueES, nos ayuda ver y a comprender, más allá de la mente que personaliza la existencia. No hay que preocuparse por nadie, porque no somos cuerpos ni el personaje por el cual nos tomamos, somos la Vida que, muy inteligente-mente, juega al juego de la separación con las palabras que son de nadie, porque ya nos conduce a todos a la perfección y a la vez, en la eternidad.

 

¡¡Gracias!!