Unos rezan para que sucedan milagros y otros saben que estamos viviendo un milagro maravilloso.

 

Yo estoy en todas las formas de vida que hay, y yo soy todo lo que es y todo lo que no es en mí.

Toda la tierra resplandece y se llena de belleza a través de la Luz resplandeciente que habita en ti.

 

El ser humano debería comprender que cuando se precipita a hacer las cosas por si mismo, desconectado de lo infinito, se precipita a la locura, se desvincula por completo de su sabiduría innata y con eso lo que hace es devorarse a sí mismo, con tal de ahogar y rechazar su auténtica naturaleza original.

 

Yo, sólo yo, soy la causa de todo sueño infantil, inútil y necio que tarde o temprano me hará sufrir, por supuesto si no voy al ritmo de la vida que es sin prisas y sin pausas; porque imaginar que seré más feliz consiguiendo millones de cosas de inmediato, sin tener los medios para conseguirlo, es ir en contra de la voluntad de lo infinito, es rechazar la aventura íntima del no saber, y lo único que hace esta necesidad infantil de precipitarme si no está sucediendo fluidamente, es llevarme al  precipicio, a la locura o al caos. Cuando tenemos un ideal o un sueño, pero no tenemos los medios para realizarlo o conseguirlo, lo único que hacemos es ir contra corriente y con eso lo que hacemos es hacer reaccionar al dolor. En consecuencia, yo soy la causa de todos los dolores y sufrimientos que pueda vivir. Nadie más es el causante de mí dolor. Yo escucho las señales en el cuerpo, nadie más las puede escuchar, sólo yo las siento y las noto, pero si no les hago caso, si prefiero seguir con los sueños inútiles de ser mejor de lo que ya soy, o con los ideales de conseguir más cosas de las que se me están regalando día a día, el dolor tarde o temprano hace su función, que no es otra que la de evidenciar que estoy a años Luz de donde me sucede el milagro constante.   

 

La única cosa que tiene segura y clara el ser humano es que el organismo corporal por el cual uno se ha tomado, tarde o temprano va a morir, puede morir hoy, mañana o pasado, en cualquier momento, nadie lo sabe, todo lo demás son deseos, ideales o sueños para impedirlo, vaya son recetas y sucedáneos que se buscan desesperadamente para alargarle la vida a la herramienta cuerpo, con tal de no asumir la aventura divina del no saber. Y con esa especie de búsqueda infantil fuera de uno mismo, imitando a las demás herramientas que utiliza la Vida, lo que hace todo ser humano es apartarse de lo infinito, de la propia naturaleza original, la Vida que ya le sucede felizmente. Si yo busco fuera de mí, imitando o copiando, o siguiendo con lo que heredé, lo único que estoy haciendo es no ver nunca el milagro, con lo cual es lo que más me hará enfermar y no vivir. Yo inconsciente, soy la causa de todo dolor y de toda enfermedad porque vivo muriendo en mí, sin reconocer al auténtico Yo.  

 

Lo que supone la imitación o el seguir con las ideas preestablecidas heredadas de una sociedad que excluye lo infinito o la verdad viviente, es generar enfermedad, caos, dolor, agresividad, violencia, ansias de poder e inútil control, el máximo conflicto con uno mismo. Para poder experimentar la existencia cotidiana saludable, lo primero que uno debe reconocer y admitir es que como herramienta que personaliza la existencia nunca lo conseguirá, porque la Vida se vive a sí misma espontáneamente sin el deseo de poseer nada porque lo tiene todo. La herramienta sólo debe servir para el día a día, de uso y disfrute de la Vida, no para futuros inciertos que nadie conoce como se desarrollarán, no para recordar pasados inexistentes que lo único que hacen es hacer sufrir.

 

El deseo de poseer más cosas a las que se nos regalan a cada instante, que no pararíamos de nombrarlas, por ejemplo: el respirar, el latir del corazón, el correcto funcionamiento interno y el movimiento espontáneo del organismo corporal, escuchar lo que escuchamos, observar lo que observamos, saborear lo que saboreamos, disfrutar las cosas que ya se nos regalan a diario que sólo podemos agradecerlas  estando presentes, sin una mente que quiera más, más y más,  hace que uno se sienta más vivo que nunca, hace que se pierda absolutamente el miedo a la muerte y a la enfermedad, porque uno va recobrando consciencia de su auténtica naturaleza original, del auténtico Yo.

 

La estructura de cualquier problema es fundamental verla. Si afrontamos el problema y lo asumimos para verlo en su totalidad, hace que uno pueda ir recobrando consciencia, sólo con consciencia lúcida puede resolverlo inmediatamente, sólo con la Luz siempre presente, con la maravilla eterna de lo que Es, porque lo que tenga solución sólo la Vida que ya Es puede solucionarlo, y lo que no, no hay ni que preocuparse, porque lo que más interesa es que el problema no eche raíces. Si se permite que un problema esté ahí, un día, un año, o todo el tiempo que sea, hace que uno enferme sin saber que es uno mismo el que causa el problema. Todo problema no asumido, si está ahí sin ser visto ni aceptado en su totalidad, hace que deforme ese fluir saludable y constante de la auténtica naturaleza original.   

  

El cuerpo o lo material es nuestro sirviente. Si no pasamos del cuerpo, por supuesto tememos a la muerte y a toda enfermedad, sin embargo, si nos dejamos envolver por esa NADA, por la auténtica naturaleza original, la sabiduría innata del no saber, (en realidad, nadie sabe lo que sucederá dentro de un minuto) lo efímero y mortal significa nuestra alquimia que va del cuerpo material al cuerpo divino. La muerte es ilusoria, sólo muere la herramienta, no lo que en verdad somos. ¿Cómo va a morir ESO que ES, esa Nada? Si siempre está presente, si siempre está aquí, si no se ha movido ni un instante de nuestro lado. El cuerpo estaría inerte sin nuestra auténtica naturaleza original.

 

Luchar contra uno mismo hace que no se nos pueda dar esa segunda oportunidad que todos buscamos, fundirnos con la Vida. En una segunda oportunidad, cuando el despertar se ha consumado, no debe cambiar nada de nada, simplemente uno se ha liberado de lo imitado o heredado, sólo así la vida nos va devolviendo todo aquello que nos parecía haber perdido. Hay que atreverse a ser un revolucionario, porque la Vida no quiere otra cosa que hacernos sentir felices, lo vea o no lo vea la mente, lo único que pretende es que gocemos de este paraíso eterno que se nos regala a todos, a todos sin excepción, sin excluir a nadie. En la más profunda rendición lo recuperamos todo.

 

Cuando muere un cuerpo, sólo ha desaparecido una herramienta con su relato personal, nada más. Todo es un sueño, excepto la Presencia. Alégrate si lo ves, porque siempre es hoy, siempre es ahora, siempre es este instante vivo y eterno, siempre estamos en casa, en la Presencia que ya es consciente de sí misma.  No hay que hacer tanto drama para no ser uno mismo, porque sólo es la herramienta o el ilusorio yo lo que sufre y hace sufrir inútilmente, no lo que en verdad somos, el auténtico Yo.