La iluminación.

 

Nadie se ilumina viendo fantasmas e inventando imágenes de luz. La iluminación sucede o no sucede y si sucede es aceptando la realidad, es viendo las cosas tal como son, con la forma natural de verlas, es asumiéndolas tal como se manifiestan en el fuero interno, es no negando, ni retando, ni ignorando la visión de Eso Que Es.

 

La auto observación, la auto indagación, la auto no-negación de la propia película personal llamada “el mundo y yo”, la auto aceptación del sí mismo con todo lo que conlleva asumirse y redescubrirse sin ayudas externas, hace que uno vaya perdiendo el sí mismo, el sentimiento nefasto de propiedad, porque la iluminación es ver con lucidez que somos la Vida, no personas como el mundo de la imagen nos ha hecho creer.

 

Creemos que necesitamos guías, psicólogos, terapeutas, maestros espirituales, religiosos, curas o acompañantes para la iluminación de la mente, pero así puedes pasarte la existencia, sufriendo y haciendo sufrir, y con eso lo que se hace es aumentar el drama eterno de la humanidad, porque delegado a terceros lo que uno debe acabar haciendo voluntariamente en el fuero interno cuando se sienta preparado, es no pasar de la imitación, de lo preestablecido, conocido y popular, de lo que me han dicho y yo muy inocentemente me creí.

 

El maestro para la iluminación de la mente es uno mismo, pero sólo aparece cuando el alumno (el ilusorio yo) se siente preparado; el camino y el destino es uno mismo; el guía es uno mismo; la felicidad sin causa o la paz eterna del Ser es uno mismo; el paraíso eterno es uno mismo; todo y todos es un apoyo para el despertar de la Consciencia. Cuando la Consciencia ha despertado no debe cambiar nada, lo único que sucede es que te das cuenta que no somos nadie, somos la Vida, no somos lo que creímos ser.  La auténtica espiritualidad es ser feliz, es fluir con la inocencia pura del Ser, es SER lo que uno ya Es.

 

Cuando la iluminación de la mente ha sucedido, ya no puedes aceptar la mochila o película personal de nadie, sería una irreverencia total, y lo único que se puede hacer es apoyar el milagro sin fin en el que ya estamos todos asentados, es compartir un conocimiento inherente a todo y a todos que sólo resuena, o no, en el corazón. El drama eterno de la humanidad que no tiene fin, es delegar a terceros que hagan por mí lo que debo acabar haciendo yo, es imitar, copiar o plagiar para no madurar-

 

 

Nadie debería pasar por la noche oscura del alma para la iluminación, nadie debería sufrir ni hacer sufrir inútilmente y aburridamente a nadie, pero si no nos asumimos voluntariamente tal como somos, exactamente tal como somos, a cada instante, con todas nuestras luces y todas nuestras sombras, se sufre y se hace sufrir, porque jamás, jamás, ¡jamás! hemos sido lo que la mente dual e ilusoria inventa o nos hace presuponer que somos, somos Vida inteligente sucediendo.

 

Todos los pasos que hayamos dado hasta hoy, no existen, y todos los pasos que vayamos a dar a partir de ahora mismo, tampoco existen, con lo cual ni siquiera somos la Existencia o la Experiencia. Cuando uno redescubre su luz original, ya no se inmiscuye en el mundo de la imagen.

 

Todos, a un nivel muy profundo, tenemos aceptada la propia experiencia de Vida, con lo cual nadie debería darle lecciones de vida a nadie, ni nadie debería atreverse a vender ayudas o recetas mágicas a nadie, porque en el cuerpo no hay un personaje, nunca hemos sido el cuerpo que utilizamos como vehículo inteligente para hacernos conscientes de nosotros mismos, a través de las señales que nos suceden al cruzar la propia manifestación.

 

Lamentablemente y aparentemente, llevamos siglos y siglos jugando al escondite y a las guerras de poder, al ingenioso juego de la separación o de parecer ser dos, así es como jugamos a comercializar con la existencia y así es como nos convertimos en esclavos de nosotros mismos, como se va perpetuando el drama eterno de la humanidad con aparentes e infantiles injusticias para mantener el ego ilusorio al poder, porque cuando no hay lucidez vivimos con el virus de la imitación o de la información popular en la cabeza, sin auténtico conocimiento, sin ver que nuestra única función es SER.

 

Nadie debe devenir más iluminado, ni más despierto, ni más espiritual, ni más santo, ni más milagroso que este instante presente, totalmente liberado, realizado, reluciente y eterno en el que estamos ahora mismo asentados, tan lleno de amor.

 

La Vida empieza cuando la iluminación de la mente concluye, que es cuando el despertar de la Consciencia se ha consumado, y te das cuenta de ese juego inteligente y magistral de luz y amor al que jugamos de la separación. Nadie muere cuando muere un cuerpo, la muerte es una bendita e inocente ilusión, porque jamás ha habido un alguien en el milagro de la Luz del Ser.

 

Ninguna persona, tampoco yo como persona, puede estar despierta ni puede devenir iluminada, porque el mero ideal o la mera creencia de ser personas ya nos aleja por completo de la verdad inexpresable, de la Presencia del Ser. Nuestra auténtica Luz o naturaleza original no se puede explicar, ni enseñar, ni poseer, ni definir, es lo que ya Somos.

 

Cuando ignoras lo que en verdad somos, te tomas la Vida en serio y no te das cuenta de ese sin sentido de la Vida, no ves que con tanta seriedad y tanto drama se va haciendo un circo necio de buenos y malos. Cuando redescubres lo que en verdad Eres, no sabes si reír o llorar;  lloras al principio por el dolor de la separación, por no haber visto que la Vida se vive a sí misma con total facilidad, y te ríes de ti, por haberte tomado por lo que jamás has sido.