La Humanidad está despertando. Hay mucha juventud rompiendo límites, ideas preconcebidas, barreras y normas. Ya está bien que se vea que la vida no es gilipollas tal como ese tal  mundo que imaginamos allá afuera pretende hacernos creer. La Juventud está impulsada por la Vida, únicamente es aparente, pero toda esa aparente juventud nos sirve para hacernos ver, más allá de lo preestablecido, que: la Vida jamás nos ha soñado con error y jamás nos crea con pecado. Precisamente, cuando aprendemos a amar nuestros límites sagrados, todo aquello que la sociedad excluye, controla o rechaza, es cuando se nos cae la venda de los ojos y podemos ir más allá del relato preconcebido sobre el bien y el mal, mucho más allá de nuestros supuestos límites.

 

Somos alegría encarnada, ¿de qué nos sirve pues el sufrimiento inútil? o ¿de qué nos sirve no hacer lo que más nos gusta hacer? A todos se nos regala la misma oportunidad de oro para poder romper juicios y prejuicios preestablecidos e innecesarios. No hay ninguna norma establecida en la naturaleza, ni ninguna Ley que les haga suponer a los seres vivos de la creación que deben luchar inútilmente contra ellos mismos. Solo hay una Ley universal que es inherente a todos, ser felices dentro de este paraíso.  Luchar contra lo que uno ya Es, competir, controlar, rechazar o dividir nuestra auténtica naturaleza original es lo que más nos aleja de la felicidad plena.

 

Se ha pretendido racionalizar y conceptualizar tanto a la Vida, se ha intentado instruirla y controlarla tanto, rechazando las energías femeninas que a todos nos suceden en la consciencia que, todavía hoy, la inmensa mayoría de seres humanos adultos en lugar de comportarse como seres vivos, alegres y vitales parecen máquinas de trabajar duro, parásitos de miedos enfermizos y tristes robots de pensar.  

 

No es de extrañar que haya tantas y tantas religiones organizadas que rezan para seguir controlando la ilusión del mal, especulando, retando, preconcibiendo y rechazando la Vida tal como Es, tal como se nos presenta. La gran mayoría de adultos resentidos con ellos mismos, prefiere matar su auténtica naturaleza original, asesinar su alma, antes que resucitar en vida, antes de que les caiga la venda de los ojos para poder vivir felices con la Vida tal como Es. Hay gentes que antes de ser plenamente felices dentro de este paraíso eterno que se nos regala gratuitamente a todos, prefiere victimizarse a más no poder, enfermar, sufrir y hacer sufrir.  No podemos cambiar nada a ningún nivel, pero sí podemos aceptar la propia invitación que se nos regala a todos para asumir la unidad y de este modo ser felices. Lo único que uno debe recordar es que somos UNA existencia que ha olvidado que sólo hay UNA existencia. El mundo que soñamos nos ayuda a recordarlo para poder despertar, para poder abrir los ojos ante esta basta y maravillosa inmensidad que no se ha movido del lugar en el que uno ¡siempre! está.

 

Si tu te vendes, el mundo te compra. Si tu compras el mundo te vende. Si no necesitas nada lo tienes todo. Si tú no crees ciegamente en la vida que se vive a través de ti, estás regalando un extraño poder al mundo aparente que jamás ha tenido ni jamás tendrá sobre ti. Un mundo que lo creaste tú, sólo tú, porque si dejas de imaginarlo allá afuera, tal como tu lo imaginas, verás que ese tal mundo no es real.  

 

Ahí lo dejo, de ti depende, sólo de ti depende abrirte de par en par a la Vida.  Ser feliz o sufrir sólo depende de ti.  Si haces caso a tu mente que está años luz del corazón del Ser, por supuesto sufrirás, muchísimo más que aquel que hace caso al corazón del Ser siempre presente que está permanentemente conectado a la sabiduría infinita, inherente a todos. Sólo sufre aquel o aquella que no quiere ser lo que ya Es, aquel que rechaza sus energías femeninas. Hay tanto pavor a romper moldes y prejuicios para que ambas energías puedan fundirse en una, que por eso hay tantos hospitales, farmacias y tantos profesionales que viven comercializando con la imagen y la salud, viven del miedo, sólo viven de los miedos que tu proyectas. Despertar es vivir sin pizca de miedo a la Vida, puesto que Vida es lo que somos, y no ha habido nadie que haya podido mejorarla ni lo habrá.   O te cae la venda de los ojos para permitir que la alegría te suceda, o permaneces ciego y sordo ante esta basta y maravillosa inmensidad. Así es, así ha sido y así será. La Vida no es ilusoria, la mente sí. Y eso se ve o no se quiere ver. ¿Qué miedo puedes tener en el siempre aquí? Ninguno, lo mires por donde lo mires, no puedes ser antes ni puedes ser después que este instante vivo y eterno que ya está absolutamente realizado, totalmente indefinible y feliz. No tienes ni que luchar, la Vida ya lo está haciendo todo por y para ti.

 

O te abres a la felicidad sin causa de la unidad viviente en ti, ¡siempre presente!, o te quedas encerrado en el armario de la dualidad enfermiza y mortal que tiene miedo a vivir feliz, por la ridícula idea de la ilusión del mal, por la estúpida idea de que hay un más allá. No hay más. Nadie puede ayudarte a ser lo que ya Eres. Sufre el que quiere ver dos en él o el que quiere ver separación con todo lo demás. Es feliz aquel que se ha fundido con la Vida, con la maravilla eterna de lo que Es.

 

Estos escritos sin sentido no tienen ni que ser pensados, fluyen, surgen del silencio, suceden con una facilidad que ninguna mente que personaliza la existencia podría superar. Cuando uno se ha fundido con la Vida, lo que menos importa es hacer años o el día que muera el organismo corporal, lo único importante es vivir plácidamente feliz, sin morir en mi.

 

Permite que el amor incondicional del Ser te sacuda para romper tus límites, hasta que puedas ver la Vida tal como Es, puesto  que no tiene nada que ver a como la imaginamos. Es un auténtico paraíso. La paz eterna se instala como una sonrisa en aquel que ama la vida tal como le sucede, tal como Es.