Las dos naturalezas de la Vida.

 

Ininterrumpidamente y sin poder detenerse, lo que rige y ordena toda forma de vida de la creación, desde lo más nimio y diminuto, sea polvo, sea un dato visible o invisible a los ojos humanos, sea un brevísimo pensamiento, un detalle, una coma, una grafía o un carácter, sea la célula más microscópica que hay, lo más limitado, breve, efímero, cerrado y fugaz, a lo más inmenso, ilimitado, duradero, grandioso, abierto, espacioso, vasto y colosal, ….lo que rige y ordena tan maravillosa danza de la Nada, es la Ley Universal de los opuestos, lo que llamaríamos las dos naturalezas de Dios.

 

La Ley de los opuestos es para establecer un orden perfecto en el Cosmos, en el Universo y en el mundo de las formas. Lo que sea que aparezca y desaparezca dentro de la Existencia eterna que es de nadie, es lo que hace que se mantenga un equilibrio indiscutible, una harmonía incuestionable y constante, instante a instante.

 

La Vida inteligente se autoconstruye, se autodestruye, se auto-reconstruye y se auto-redestruye a sí misma, constantemente, para que este concierto de formas, este baile o ritmo maravilloso de cosas, sea ordenado, con simetría y perfección, tal como lo vemos en el Universo y en la naturaleza, y no puede dejar de operar en todas partes dicha Ley de la atracción. Lo que es afuera es adentro y lo que es adentro es afuera, lo que es arriba es abajo y lo que es abajo es arriba, con lo cual, en cada ser humano están operando las dos naturalezas de Dios, y sería así: hay el falso e ilusorio yo y el auténtico Yo Soy; la eterna naturaleza del Ser y la fugaz y efímera naturaleza humana; la luz atemporal de la Presencia y la oscuridad del tiempo o profunda ignorancia del personaje; lo limitado y lo ilimitado; lo cerrado, efímero y finito, y lo abierto, vasto e infinito; El Silencio sabio que resuena en el corazón y el ruido caótico y necio de la mente; la polaridad positiva y la polaridad negativa; el amor incondicional del Ser que lo ama todo y el amor limitado, insensible, violento, resentido o condicional de la mente ilusoria; la bondad y la maldad; la luz original de la verdad inalcanzable y la hipocresía o mentira humana; el fascinante espectáculo exterior o metáfora del mundo de la imagen o conceptual, y el mundo real que no tiene nada que ver a como lo crea, lo inventa, lo imagina o lo conceptualiza la mente ilusoria; -la creencia absurda de ser algo con libre elección, (la creencia que más caos, drama, daño o sufrimiento ha provocado a la humanidad), y la certeza absoluta de no ser nadie ni saber nada de lo desconocido del vasto Ser; -el drama eterno de la separación y el milagro sin fin de la Unidad, en el que ya estamos todos asentados.  Así es, así ha sido y así será eternamente, por los siglos de los siglos, porque todos y absolutamente todo, está regido por la Ley del Universo, por la ley de la atracción y opuestos. Se atrae lo opuesto para verse uno mismo, se precisa el espejo de todo y de todos para ver y reconocer la Unidad en todo, se precisa lo exterior para ver y comprender lúcidamente que no hay separación con lo interior; la separación tan solo es aparente, dado que cada uno es la Unidad. No soy yo que aparezco en el mundo, es el mundo lo que aparece y desaparece en Eso que yo soy, pero incluso el mismo concepto "mundo" y el mismo concepto "dios" ya nos aleja por completo de nuestra auténtica Luz o naturaleza original.

 

La Unidad no es comprensible lúcidamente desde el intelecto que personaliza la existencia para usos personales, debemos ir más allá de él, porque en nosotros hay un sabio que sí sabe y sí comprende lúcidamente por sensibilidad y por resonancia. No sería coherente existir o vivir sin la sabiduría innata y sin la ley de la atracción. No hay separación con nada ni con nadie, porque todo es la Unidad y todo se atrae entre sí, tanto para bien, como para mal, ya que la Unidad está por encima del bien y del mal.   Se precisan ambas naturalezas de la Vida o de Dios, llámalo como quieras, porque hace falta la aceptación profunda de ambas polaridades para la auto realización del Ser, tanto la negativa como la positiva, tanto la masculina como la femenina, tanto la razón como el corazón. Se precisa asumir la totalidad para reconocer al auténtico Yo Soy, para devenir una sola luz.  Cuando uno encuentra su auténtica luz original ya no tiene que imitar o copiar a nadie, ya no tiene que rezar a dioses ni inventar metáforas para vivir hipnotizado, simplemente ya ES lo que ya Es, no tiene que adorar a ídolos, deja de inmiscuirse en el mundo de la imagen, porque deja de apoyar el drama eterno de la separación, ya ha visto y ha asumido la Unidad, ha recuperado la luz de la Presencia que ve, acoge e ilumina el mundo real.

 

Si uno quiere recuperar su verticalidad para vivir en la Presencia del Ser, con la visión natural del auténtico Yo Soy, que llamaríamos la visión de Dios, que es a lo máximo que podemos aspirar los seres humanos para vivir una existencia liberada, debe suplicar su segunda oportunidad al Ser Absoluto, porque en cada humano hay un necio y hay un sabio, instante a instante, y el necio no puede hacer nada para ver y reconocer su necedad, lo ilusorio no puede hacer nada para ver que es ilusorio, (la ignorancia no puede hacer nada para ver que es ignorante, por eso es ignorante) simplemente se precisa dicha necedad humana e ilusión, la más profunda ignorancia ante lo Absoluto, para hallar la visión natural y original del auténtico Yo, que ya está viviéndose a sí mismo, instante a instante, sin que nadie lo pueda detener, alcanzar, poseer, atrapar, aprehender ni enseñar, porque desde siempre y para siempre hay la verdad inalcanzable viviéndose a sí misma, Vida inteligente siendo Vida, puro Ser.

 

La visión natural de LoQueEs es atemporal e impersonal, sirve para asumir la totalidad, sirve para reconocer la Unidad en todo, hasta ver lúcidamente las cosas tal como son, que no tienen nada que ver a como las personaliza el personaje o falso yo, es a lo máximo que se puede aspirar para la auto realización del Yo Soy.

 

La mente ilusoria o falso yo, sólo quiere ver una sola cara de la misma moneda o del mismo sueño personal, creará e inventará lo que sea para negar y retar al Ser, con tal de que no veas que ya eres la Unidad, lo que más buscas; pero hay que saber que incluso una linterna para dar luz, necesita una batería con ambas polaridades, la positiva y la negativa, con lo cual cada ser humano tiene ambas polaridades, la positiva o masculina; pensamientos, metáforas, creencias, la hipocresía y la hipnosis de la mente ilusoria o falso yo, y la polaridad negativa o femenina: sentimientos, emociones, intuiciones, percepciones y sensaciones. Ambas polaridades deben unirse o fundirse entre sí para recuperar la sabiduría innata que habla desde el corazón puro e inocente del Ser. Si no se admiten dichas polaridades tal como son, tal como se mueven, por igual, hasta que puedan unirse en matrimonio en el fuero interno, de manera intransferible, íntima y plena, es muy difícil andar por el mundo real, liberado, con consciencia plena y luz original. Todo y todos es la Unidad, la misma inteligencia, la misma Luz. Cada uno tiene su propia invitación intransferible, única y personal para cruzar e iluminar la propia oscuridad, que la aceptará o la rechazará, pero sea como sea, todo y todos es la Unidad, Vida inteligente sucediendo magistralmente para nadie.

 

Vivir es lo más fácil del mundo que hay, cuando todo es visto con lucidez, porque sólo hay dos maneras de vivir la vida, con ignorancia e insensibilidad o con lucidez y sensibilidad. Simplemente se ve y se sabe o no se ve y se ignora.

 

¡¡Gracias a todo y a todos!!