La imagen de la cruz de la metáfora de Jesús que la inmensa mayoría de personajes soñados por la vida debe ver en su consciencia, aparece para recordar algo muy esencial, por supuesto si queremos recuperar la visión lúcida, que es lo único que nos conduce al reencuentro del Ser, para recuperar nuestra  naturaleza original. El olvido mismo de lo que en verdad somos, hace que nuestra experiencia de vida sea un infecundo e innecesario sacrificio, porque todos, de alguna manera o de otra, luchamos contra lo que ya somos, buscando recuperar nuestro derecho innato. Nos buscamos a nosotros mismos sin saberlo, porque lo que más anhelamos recuperar es la felicidad sin causa y el paraíso aparentemente perdido que se halla siempre presente, justamente lo que buscamos es lo que en verdad ya somos. Eso que Es, eso que la humanidad llama Dios, no se ha movido de la Presencia.

 

Como seres de Luz humanos, todos tenemos la misma chispa divina, la misma Luz radiante, eternamente presente, la misma verdad inalcanzable. Eso que no ha venido ni se va es nuestra verticalidad, es el siempre aquí, es el siempre ahora o es el siempre hoy. Somos Presencia consciente de sí misma, en todo momento, somos Eso que consiente y abraza incondicionalmente toda la existencia, tal como Es. El personaje soñado, por el cual nos tomamos, es nuestra horizontalidad o nuestra ilusión, una muy persistente ilusión.  La cruz significa trascender nuestra más profunda ignorancia, que no es otra cosa que la experiencia recordada, pasada, idealizada o anhelada, imaginar que la historia o el relato personal que nos contamos es real, que aparentemente lo es, pero solo aparentemente porque, en realidad, es un sueño inteligente de luz y amor. Nuestra horizontalidad es el aparente tiempo que no existe y los efectos de cruzarlo, junto con una historia que no ha existido ni existirá, ¡siempre es ahora! El único punto que une y cruza esas dos líneas aparentes, la horizontal y la vertical, es el corazón del Ser. Si vivimos la experiencia desde el corazón del Ser, desde la verdad inexpresable viviente en nosotros, que no es otra que aceptar profundamente la maravilla eterna de lo que Es, puesto que el corazón no nos engaña nunca al estar permanentemente conectado a la Presencia, a nuestra auténtica naturaleza original, podemos recuperar la visión de Eso que Es, que es lo único que puede hacer que la resurrección en vida se produzca, sin que tenga que morir el organismo corporal. Sólo lo que ES puede liberarnos de nuestras historias preconcebidas y tenebrosas, ningún personaje ilusorio puede liberarse de la propia ilusión. Cuando la liberación de la mente se ha consumado, de pronto, sólo queda la maravilla eterna de lo que Es, ha desaparecido el ilusorio relato que el personaje se relata sobre el bien y el mal, podemos decir que es la realización máxima del YO. No hay ni que pasar por ningún tipo de sacrificio, ni por ningún proceso de purificación, ni hay que rezar o implorar algo más maravilloso que lo que ya Es. Eso que Es no nos está esperando en el más allá ni en otro lugar.  No hay receta mágica que se pueda prescribir, ni hay enseñanza que se pueda enseñar, e incluso esas palabras sin sentido no tienen validez para ti, porque no puedes hallar en ellas la lucidez suficiente que precisas para ver lo que ya Eres. Si no vas más allá de ellas te quedas con el relato intelectual o personal. Quédate sólo con la resonancia, con la profundidad del mensaje porque evoca algo que en el fonde todos sabemos. Simplemente hay que tener el suficiente valor de hacer caso al corazón, en todo momento, hay que tener fe ciega con la Vida que ya le sucede a uno, a lo que se siente en cada aquí, en cada ahora, en el siempre hoy.  Se trata de recuperar la inocencia perdida, enamorarse de la Vida a más no poder, sin miedo a perder nada porque en el siempre aquí, en el siempre ahora no hay nada que perder. Ya se nos regala todo en la Presencia del Ser.

 

Ninguna universidad, ninguna historia de la humanidad, ninguna religión, política o enseñanza aprendida y heredada pueden ayudarte a ser lo que ya Eres. Jamás, jamás, te has equivocado, la cruz es creer que sí, porque jamás has dejado de ser Eso que ES, siempre has sido la Vida experimentándose y buscándose a sí misma, simplemente no lo ves porque te has identificado con la herramienta cuerpo, con el relato del personaje por el cual te has tomado.   Ninguna persona está capacitada para liberarse de su propia cruz por ser soñada por la vida; al ser totalmente ilusorio el relato personal no puede ver su propia ilusión, únicamente la Vida que ya es consciente de sí misma y que ya está sucediendo magistralmente a través de ti, en el siempre aquí, puede hacerte el inmenso favor de darte otra oportunidad, que no es otra que la de poder vivir de un modo inteligente, íntimo y pleno, sin sufrir ni hacer sufrir, viviendo con la dulce libertad y una profunda paz que ni todo el oro del mundo puede comprar.

 

A cualquier personaje, lo que le sigue y le persigue es la propia sombra, la ignorancia. Cuando por fin te fundes con la Vida lo que te sigue y te persigue es la paz eterna y profunda del Ser, porque has regresado a tu auténtico hogar, a la Presencia. La Luz de la eterna verdad está siempre presente, es la única Luz constante que puede liberarte de la cruz que no es otra cosa que cederle el poder a la propia ignorancia.

 

Ten fe ciega con el padre eterno de la verdad, con el Ser siempre presente, confia ciegamente con la Vida aun cuando no puedas confiar, y deja de cederle el poder al padre de la mentira terrenal, a cualquier ego infernal, a cualquier autodenominado maestro o iluminado, a cualquier etiqueta de padre, hijo, maestro, alumno o amigo, porque lo único que nos crucifica es la ignorancia no trascendida. Todo personaje no trascendido es el padre de la mentira, así de claro te lo digo. El único consejo que podría darte, aun sabiendo que no necesitas consejos de nadie, es ábrete a la posibilidad de que te suceda la visión, no creas en nada ni en nadie, tampoco en mi, sólo ten fe ciega en la Vida que ya se vive a través de ti, porque no quiere otra cosa que hacerte el inmenso favor de que puedas recuperar la lucidez y la felicidad sin causa, tu derecho innato.

 

En tu intimidad y en tu rendición como personaje, todo se te irá revelando, con una facilidad que no puedes ni imaginar, sólo el Ser que habita en ti, lo sabe todo, lo intuye todo, lo escucha todo, lo consiente todo y lo ama todo. No seas otro, sé siempre tu. El Ser siempre presente jamás se halla en otro lugar, ni se para en lo que fue o en lo que será, siempre está abrazando y contemplando la propia manifestación, jamás se ha ausentado porque está siempre ahí, jamás te ha abandonado ni te abandonará, porque más allá de la falsa idea de ser una persona, eres la unidad,  lo infinito, la Luz de la Presencia, la máxima y eterna verdad.