Hoy Es tu mejor día.

 

Todos los misterios del ego desaparecen cuando vives donde nos sucede el milagro de la Luz, en el eterno instante presente. 

 

Ahora es tu mejor momento.

 

Cada instante presente, antes de que puedas conocerlo, antes de que puedas calcularlo, determinarlo, describirlo, definirlo o conceptualizarlo, libremente ha cambiado, atómicamente se ha movido, se ha transformado, incluso ha desaparecido para siempre, sin embargo, es inmortal, ya que siempre estamos siendo vividos en el indestructible e indiscutible instante presente, permanece a pesar de todas las formas habidas y por haber, a pesar de todas las cosas que se mueven y cambian, porque es lo único que es constante, y de lo único que podemos estar seguros. Las palabras no pueden expresar, ni definir, ni cambiar la atemporalidad del Ser, nada puede mover el eterno instante presente, ni tampoco las imágenes logran retenerlo, poseerlo, captarlo o retratarlo. Cada imagen o cada fotografía intenta captar un instante que ya no existe. Eso nos demuestra que la luz eterna de la Presencia de la Vida, es atómica, inexplicable e inalcanzable, y que nadie está capacitado como cree estar para darle lecciones a nuestra eternidad. Ese es el juego inteligente al que jugamos todos, cuando jugamos al escondite de parecer ser dos, creamos la idea preconcebida de que existe un tu separado de un yo, y sólo hay Vida sucediendo, moviéndose libremente y atómicamente. Nadie puede conocer nuestra atemporalidad y eternidad, porque nadie puede sentir por nadie lo que se siente. La Vida se comprende únicamente por los sentidos.    

 

No es posible comprender los misterios de la Existencia, mientras uno se asegura una vida en propiedad para sus usos o beneficios personales, ni mientras uno se agarra al tiempo pasado, presente o futuro para vivir con lo conocido, preestablecido, tradicional y popular.  En lo desconocido vivimos todos, y te puedo asegurar que no nos da miedo lo desconocido, porque siempre vivimos es el eterno instante presente, ya que la Vida es lo que somos, lo que Sí nos da miedo es la creencia absurda y preestablecida de ser alguien que puede mover y gobernar nuestra atemporalidad, el siempre y eterno instante presente.

 

Si tratas de comprender la experiencia presente, con los recuerdos dolorosos, traumáticos o desagradables de tu historia pasada o de tu película personal, en vez de ver que hoy es tu único y gran día, el más luminoso para hacerte conocedor de lo que libremente sucede en tu Ser, te alejas por completo de la experiencia íntima, dejas de vivirla y de reconocerla tal como Es. Y, si tratas de abordar la experiencia que sea, sólo superficialmente, según los recuerdos pasados o según las expectativas, el ego impide que veas lúcidamente como la experiencia ya está completamente aceptada. La Vida existe únicamente hoy, únicamente ahora, en este preciso instante, y en este preciso instante lo que hay es Vida eterna, sanadora e infinitamente amorosa.  

 

La única manera de darle sentido a tan maravillosa danza de la Nada, es aceptando profundamente todos los cambios y todas las experiencias que se te presentan o suceden, buceando en el fuero interno para sumergirse y moverse con ellos, hasta acabar viendo que no hay Nada, nada sin el instante de luz eternamente presente que, por cierto, no puede hallarse allí, ni allá, ni acá, ni en un más allá, ni en ninguna parte. No puedes vivir en ningún espacio concreto, en ninguna posición correcta o incorrecta, siempre estás viviendo desde la verticalidad indescriptible, desde la Luz de la Presencia. No hay camino adecuado que vaya hacia la izquierda o hacía la derecha, hacia adelante o hacia atrás, no hay un arriba separado de un abajo, ni situación que pueda ser más cómoda o menos incómoda, no hay ni bien ni mal, hay simplemente Vida sucediendo, la visión de Eso Que ES, la Luz de la Presencia que ve y conoce que el único significado que tiene la Vida, es estar vivo ahora mismo, en este preciso instante, en este preciso momento que no hay ni que comprenderlo intelectualmente. Llegado a este punto sabes que no hay nada que hacer, porque la Vida se vive a sí misma, no es para usos personales, porque no hay meta a la que llegar, ni camino, ni destino. El Paraíso eterno, es recuperar la luz de la Presencia, el eterno día de hoy, nuestra verticalidad, para dejar de sufrir, para dejar de temer, para dejar de obviar la experiencia, para dejar de rechazar la totalidad. Todo rechazo, toda división, ese no asumir íntimamente la experiencia la como Es, ese no querer ver la otra cara del mismo sueño tal como sucede, es la causa de toda violencia, de todo resentimiento, de toda guerra, de todo odio, de todo comercio explotador de la inocencia, tanto en el interior como en el exterior.

 

Toda persona que no atiende su totalidad en la intimidad, que rechaza la Vida tal como le sucede, tal como ES, no la percibe por sensibilidad, ni la redescubre tal como Es por los sentidos, vive saciando un vacío interior con el consumismo del mundo de la imagen que explota la inocencia del Ser. Una persona así se hace esclava de sí misma, porque la salud que tiene cuando se cree fuerte, joven o lozana, longeva o robusta, es totalmente artificial y superficial, totalmente consumista y sin auténtica sensibilidad para la auténtica curación de la consciencia. La comodidad o la tranquilidad que pueda tener esa persona es sin libertad y sin ser auténtica, es sin poder sentir la plenitud y la realización del Ser.  El mundo exterior es un espejo inmenso del mundo interior, y al revés. En realidad, no hay dos mundos, ni mundo hay, porque el concepto mundo sólo es un concepto que no alcanza definir nuestra totalidad.  

 

La mayoría de veces, no conseguir lo que uno quiere, es señal de suerte, porque viviendo dormidos mirando sólo hacia afuera uno no ve nada, eso si es una desgracia, porque no nos permite vivir despiertos con consciencia plena del siempre día hoy, del siempre ahora, del siempre instante presente. Asumiendo la propia experiencia tal como ES, tal como se presenta, con atención plena, observando y escuchando silenciosamente, es el fin del mundo de ficción. En la Presencia dejan de sucederte los bofetones y los latigazos del ego necio que se hace esclavo de sí mismo por haberle cedido todo el poder a la falsa imagen. La auténtica religión es religar en la intimidad, a través de la propia película personal, única e intransferible, mente con corazón, hasta fundirse en una sola Luz.   

 

Sólo está capacitado para vivir en el ahora, con profunda paz y con una sonrisa en el corazón, aquel que no pide nada para tener una vida en propiedad, ni pide para nadie, aquel que ya no hace planes de futuro, aquel que ha visto que nadie le necesita para vivir, aquel que lo deja todo antes de irse a la cama, aquel que agradece todos los regalos de cada día de hoy, aquel que ha visto que no sabe nada, ni es nadie, aquel que se ha fundido con la Vida porque ha reconocido que su única función es Ser, no tener, poseer o retener. Prefiero la cruda realidad a mundos ilusorios del ego que te impiden Ser. La realidad, siempre, siempre supera la ficción.

 

Todo se merece un grandioso aplauso cuando se ve, porque todo está bien, perfectamente bien. A lo que en verdad somos no le sucede nunca nada, siempre estamos siendo vividos en el eterno instante presente, porque somos la Vida, no personas.

 

¡¡Gracias!!