Gratitud.

 

Hay muchos corazones nobles que lo han dado todo por amor a la Vida, en beneficio del mundo aparente en el que convivimos todos, que no pueden sentir gratitud, no pueden saberse en el estado de gracia permanente. No pueden porque se sienten solos y heridos por los ataques de la ignorancia humana, pero han de saber que la Vida los ama y los cuida a más no poder, los protege y los atiende para cuando se sientan preparados y puedan suplicarle su segunda oportunidad, o puedan pedirle el derecho de nacimiento de saberse con el don innato de ver y comprender las cosas tal como son, que no tienen nada que ver a como la mente inconsciente las reinterpreta.

 

La Vida socorre y da cobijo a todo corazón generoso e inocente, a todo ser humano que ha intentado hacer las cosas por amor, que por más que haya sido perseguido por la justicia, por más que se haya sentido lapidado o maltratado, por más que haya tenido que mostrar su mal carácter en más de una ocasión, la Vida lo acoge y lo protege con su misericordiosa y clemente compasión.

 

Un corazón agradecido vale por mil, porque todavía hay una inmensa mayoría de seres humanos que, a pesar de recibir todos los dones y todos los regalos que nos ofrece la vida de manera generosa y esplendorosa cada día, no saben ni pueden agradecer nada. Sólo aquel corazón entregado a la Vida que ha experimentado muy de cerca o en la intimidad, el dolor agudo e intenso de la inconsciencia humana, sabe agradecer incluso el aire que respira el cuerpo.

 

Un corazón agradecido que ha reconocido el misterio de su Existencia, es humilde y sensible, es dulce y clemente, es respetuoso y humano, es generoso cuando hay que serlo, ya no podría hacer daño ni a la más diminuta criatura, pero se ha dado cuenta que el respeto máximo que se le puede ofrecer a todo ser humano que está en la misma aventura del vivir para el auto conocimiento del Ser, es silencio, porque es en el silencio sabio e innato, inherente a todos y a todo, cuando podemos hallar el milagro sin fin en el que ya estamos todos asentados.  Eso no significa que la mente deba aquietarse o que no deban sucederse los pensamientos, eso no significa que el ego deba desaparecer, el cuerpo moriría sin pensamientos o sin el movimiento espontáneo de la Vida, eso significa que cada corazón puro e inocente de cada ser humano está permanentemente conectado al Silencio eterno y sabio que nos impulsa a ser como ya somos. Nuestra simple manera de ser es Amor Incondicional.

 

El silencio es silencioso, pero no es enmudecido, habla y resuena perfectamente bien como un bálsamo en el corazón, sólo hay que estar abierto a la posibilidad de saber escucharlo por los sentidos o por los poros de la piel, porque el cuerpo lo utilizamos precisamente para saber escuchar las señales que la Vida nos manda a través de él.

 

En realidad, somos la Vida impersonal, incondicional y neutral, nosotros mismos nos mandamos las señales para atenderlas y escucharlas, pero al habernos tomado por la mente que ha creado una identidad propia, debemos pedirle al Ser nuestra segunda oportunidad, si queremos vivir en un estado de gracia permanente, porque la Vida es eso que somos, eso que nunca ha nacido y nunca morirá.  El relato de la mente cuando nos debatimos entre el bien y el mal, cuando nos juzgamos y competimos, cuando nos auto adjudicamos los méritos, tanto para bien como para mal, que no tenemos, solo lo precisamos para el despertar de la Consciencia, nada más.

 

LA VIDA siempre presente, lo que en verdad somos, nos grita más fuerte que cualquier otra cosa de este mundo aparente en el que convivimos: - Estoy Aquí, deja todo y todos en mis manos y permite que la Existencia sea tal como ES, yo te llevaré, yo te guiaré, yo conduciré tus pasos, te sorprenderé y te haré sentir las sensaciones e impresiones de la inmensa gratitud.

 

Nadie debería amar el mundo de la imagen antes de reconocer su totalidad, primero deberíamos reconocernos tal como somos, aceptar profundamente nuestras miserias humanas, con la ayuda de lo que ES, con la ayuda del Ser siempre presente, y después, una vez liberados de la inconsciencia humana que se hereda de generación en generación, salir a amar el mundo, si así sucede felizmente.

 

Todo, todo, es un auto recordatorio.  Cada uno es el Ser Uno, una maravillosa inmensidad.

 

A cada instante todo está siendo perdonado y redimido. Nadie es culpable de su sueño de amor.

 

¡¡¡Gracias a todo y a todos !!!!