Sólo hay dos maneras de vivir la vida: con gilipollez o con lucidez. La Vida no es cosa de lucha y esfuerzo, ni de sacrificio o sudor, no es cosa de buenos o malos, ni es cosa de obtener poderes o mucha comprensión intelectual para satisfacer logros personales, es cosa de lucidez y de intuición, es ver y comprender espontáneamente más allá del intelecto que personaliza la existencia con tal de hacer un drama o un teatro para excluir la verdad viviente. Sólo el necio que no reconoce su necedad vive con miedos absurdos y aburridos metidos en el cuerpo, imagina que la vida le debe cosas porque siempre vive a la espera de un mal, de una vida venidera o de un más allá, trabaja duro para poderse pagar la propia ceguera o la más profunda enfermedad.

 

No hay ni que negociar con la Existencia, porque no la compra, no la vende, no la mueve, no la gobierna, y no la mata ni Dios, puesto que todo, absolutamente todo es Dios, que no tiene nada que ver con el circo de los dioses inventados y organizados que separan, dividen y excluyen la verdad viviente, para seguir soñando con una vida de príncipes y princesas o de sagradas familias de conveniencias. Sólo el sabio sabe que no sabe nada, puesto que no hay nada que uno deba comprender para poder gozar de la existencia liberada, plena y feliz. La Existencia no es algo personal, es totalmente impersonal, es de nadie y para nadie. 

 

Más vale ponerse gafas a tiempo para poder deshacerse de la propia ceguera y gilipollez, que ir sin gafas para presumir sin lucidez  del caminar de un ciego ante tanta maravilla. 

 

Si no hay el suficiente valor para unir en matrimonio ambas energías en soledad, la masculina con la femenina que nos suceden en el interior, siempre caminaremos divididos, cojos, ciegos, sordos y con gilipollez ante la maravilla eterna de lo que Es. Solo la fusión de ambas polaridades en la intimidad nos regala integridad y visión, lo que a todos, sin excepción, se nos regala si nos arrodillamos ante esta inmensidad para suplicarle una segunda oportunidad, por supuesto si se está dispuesto a recuperar el don innato, la visión y la naturaleza original.

 

Despertar es vivir felizmente la Vida íntima y plena, sin miedos absurdos y con lucidez, siendo original, puesto que con miedos y gilipolleces aprendidas de todos, uno vive dividido, vive sin vivir una vida cobarde, inmadura, aburrida, necia, infeliz e infantil, no pasa de la búsqueda de la felicidad efímera y mortal.

 

Ambas maneras son válidas, las dos son igualmente bendecidas y amadas por igual, porque primero hay que aprender de la ceguera y gilipollez humana, para después recuperar la inocencia perdida, hasta ver con total lucidez que a la Vida, a lo que en verdad somos, no le sucede nunca nada. Todo en la Vida es un regalo divino y hermoso que ni todo el oro del mundo puede comprar. La gilipollez reza e implora milagros, la lucidez se sabe en el milagro constante. La Vida siempre derribará a la gilipollez, en cambio con lucidez ves con los ojos del amor, te has fundido con la vida.