¿Quién ha dicho que el mundo en el que vivimos todos debe cambiar? ¿Por qué lo diga yo, debe cambiar? Ah, claro, así me será más cómodo y más fácil seguir ciego y sordo en un  mundo de necios y sordos que hacen un circo para excluir la verdad viviente. Ese tal mundo, por cierto, no existe, es fruto de mi creación, es vivir en la más profunda ignorancia, para seguir a un rebaño que necesita un pastor llamado ego que divide la vida en dos, es caminar con  muerte y enfermedad a la espera de un mal.   Si yo encuentro la paz profunda del Ser, el mundo permanece en la paz profunda del Ser, porque resulta que el mundo que imagino allá afuera es fruto de mi imaginación, tal como lo veo y lo conceptualizo es mi propia invitación para reconocer la propia ceguera, la proyección de mi totalidad a través del auténtico Yo. Yo no soy un personaje en el mundo aparente, ni tampoco soy un cuerpo, algo o alguien que está en el mundo, simplemente soy Consciencia que en todo momento es consciente de sí misma y que en la Presencia es hallada. Yo Soy quien veo aparecer y desaparecer toda la manifestación dentro de este espacio vasto de la Consciencia siempre presente. Si rechazo la invitación para verme y reconocerme a través de todo, no podré agradecer nada de la manifestación que se me regala, porque incluso la calle que está pensada para pasearme en ella, ni la veré, imaginaré que la vida me debe cosas o que todo está por hacer.

 

Recuerdo perfectamente mi sueño de amor llamado "el mundo y yo", pero hace tiempo que dejé de molestarme o atormentarme por un simple sueño, por suerte ninguna atadura familiar me aprisiona, ya toda apariencia surge y regresa a la Nada. Aparentemente, sólo aparentemente, fui la única mujer que no quise vacunar a mi hijo en la escuela, sentí una presión enorme de la sociedad, porque resulta que vacunar a un cuerpo para meterlo en medio de un rebaño de cuerpos enfermos que se hacen llamar algo o alguien, viviendo a la espera de un mal, por estar llenos de fantasías y miedos absurdos, se le llama valor. Todavía hoy, después de unos aparentes 30 años, a la madre que no vacuna a su hijo por confiar ciegamente en la Vida, se la llaman loca. Necesitamos una vacuna para la enfermedad mental, eso sí, pero como no podemos inventarla, tratamos a la herramienta -cuerpo- como si fuese a comerse el mundo sin darse cuenta que es el mundo aparente, que vive a la espera del mal, que se la come a ella.

 

Lo que llamo el mundo ya está realizado ¡siempre! No tengo ni que pensar para ver, comprender y agradecer todo lo que me regala la Vida que se vive a través de mi, a cada instante. El día que ese organismo corporal desaparezca, al mundo no le faltará ni le sobrará nada, continuará igual de feliz que el día que aparentemente el cuerpo apareció, porque lo vea o no lo vea el ego o el personaje que inventamos, el mundo no existe, sólo es un concepto, una palabra que intenta definir una totalidad, una inmensidad que ningún concepto, ninguna idea, ninguna noción o ninguna enseñanza puede, pudo o podrá definir. La existencia es indefinible, inexplicable. Se siente, se intuye y se sabe todo, más allá de la mente repleta de miedos absurdos para una vida venidera. La Vida está felizmente liberada y realizada, porque aunque la mente lo vea todo como un drama, la existencia sigue ahí, siempre ahí, sin tiempo y sin nombre, exactamente igual de feliz y liberada, absolutamente incondicional con aquella criatura que se abre a ella. No es de extrañar que veamos suicidios en el mundo, hay mentes que no pueden soportar la ceguera de creerse propietarios de una vida. El miedo lo genera la mente, no la Vida. Seamos honestos de una vez por todas, sino la herramienta será utilizada para la investigación de aparentes carniceros o mataderos de hombres y mujeres que juegan a trabajar duro a luchar y a competir para sentirse importantes o propietarios de una vida dentro de un mundo inexistente, que sólo nos sucede en la consciencia.

 

El día que dejé a ese tal mundo que yo imagino allá afuera, en paz, en manos del poder que lo creó, empecé a ver el mundo nuevo y reluciente ante mis ojos. Todo es un regalo cada día, ya no puedo hacer otra cosa que agradecer los dones, los milagros y las sorpresas que me ofrece la vida a través del mundo que tanto y tanto anhelé cambiar o mejorar.

 

Por un momento imagina que todo lo que ves del mundo aparente, lo vieses sin conceptos ¿qué es lo que verías? El todo y la nada ¿verdad? ¿Tu crees que Eso que Es, lo puede salvar, cambiar o ayudar unos simples conceptos, unas simples enseñanzas, unas simples religiones organizadas o unas simples políticas que utilizamos para personalizar la existencia? ¿No será que todo el conocimiento intelectual que creemos necesitar para sentirnos importantes dentro de ese tal mundo en el que vivimos todos, es lo que más impide que veamos la maravilla eterna de la Vida?

 

¿Sabes lo que más nos ha confundido a los seres humanos? El intelecto, la creencia estúpida de que la vida es algo personal o que necesita de nuestras ideas preconcebidas para realizarse, la idea absurda de que el mundo te necesita a ti, a mi, o a él para cambiarlo o mejorarlo. El mundo es el que nos cambia a nosotros. Todas las enseñanzas duales nos han separado y nos han confundido a más no poder, pero aún así, nadie está ahí por casualidad, ni por error, no somos la herramienta del pensar para movernos dentro de este paraíso; somos la Luz de la eterna verdad, más allá de la mente no nos sucede nada. Soñamos hasta dejar de soñar para verlo todo con total claridad.

 

Lo que es arriba es abajo, y lo que es abajo es arriba. Lo que está afuera sucede dentro, y lo que está dentro sucede fuera. Sólo el amor a la Vida puede vencer al falso amor y al falso poder. Hay que romper con lo superfluo para poder vivir en la verdad. O somos originales o creemos ser medias naranjas. La otra mitad que te falta eres tu mismo.  No hay error, te lo puedo asegurar, es de la única cosa que estoy segura, porque todo lo demás ni lo sé ni me importa, no me interesa en absoluto, ya no necesito estar informada de gilipolleces que alimentan al ego de la mentira, con sed de fama y glorias personales, forma parte del paripé o del circo que hacemos para excluir la verdad viviente, con tal de hacer ver que no somos capaces de redescubrir nuestra divinidad o nuestra naturaleza original. Ni de estás palabras debes hacer caso, simplemente sé original, no rechaces la verdad viviente en ti. No puedes confiar en nada ni en nadie más del mundo de los egos mortales que divide y rechaza a la Vida. Sólo la Vida sabe, no la mente.

Con todo el amor, más allá de las palabras.