Escuchar las señales, es básico y fundamental.

 

 

Miles de velas pueden ser encendidas a partir de una sola, y la vida de esa vela no se acortará. La felicidad nunca disminuirá por ser compartida.

 

Nunca he conocido a nadie tan ignorante del que no pudiera aprender algo, pero, no soy amigo de los necios.

 

Duda de todo. Encuentra tu propia luz.

 

El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato.

 

Hay quienes lamentan su necedad, estos ya no son necios; necios son aquellos que sin conocerse a sí mismos, dicen ser inteligentes.

 

Tu peor enemigo no te puede dañar tanto como tus propios pensamientos. Ni tu padre, ni tu madre, ni tu amigo más querido, te pueden ayudar tanto como tu propia mente disciplinada.

 

No sobrevalores lo que has recibido, ni envidies a los demás. El que envidia a otros no obtiene la paz de la mente.

 

Así como una serpiente muda su piel, debemos mudarnos de nuestro pasado una y otra vez.

-Buda-

 

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No puedes vivir totalmente cómodo en ninguna casa, hasta que no te hayas convertido en la casa, la que se construye desde lo impersonal, que es de nadie. 

 

En mi película de amor, soñada para el despertar de la Consciencia, ocurrió una anécdota que ya es metafórica, puesto que no existe, simplemente la cuento como entretenimiento para la mente. Al compartir un conocimiento que puede llegar a otras luces, la felicidad nunca disminuye, y menos si se comparte desde el Ser, al contrario, ¡siempre! aumenta.

 

La anécdota que a continuación se describe, si la tomas sin intención de poseerla o de personalizarla, simplemente si la recibes por resonancia, podrías llegar a comprender que la Unidad jamás, ¡jamás! se equivoca. Todas las señales que nos mandamos desde lo impersonal del Ser, por insignificantes que nos puedan parecer, son precisas, inteligentes y concisas, jamás hay error en ellas, jamás vas a ver ni un solo fallo cuando la revelación te suceda en el fuero interno, si es que te sucede. No debes ni analizar, ni debes psicoanalizar a la mente, simplemente debes permitir que la película de tu vida se vaya revelando en la intimidad, sin anticiparte y sin demorarte, debes permitir al conocedor de todas las cosas que te vaya liberando de la hipocresía heredada de ese tal mundo necio que se nos mete a todos en la cabeza, que tanto nos esclaviza,  porque solo es ignorancia que muy inteligente-mente quiere jugar a  gobernar, sabiendo que incluso la ignorancia es la Unidad.

 

La anécdota ocurre el día que esa hija de un padre y de una madre terrenal, por la cual me tomé, celebra el enlace matrimonial con el hombre que muy inocentemente se prometieron amor eterno, como no, todo sucede dentro de esa maravillosa eternidad. La fiesta de la boda sucede parecida a las celebraciones que pudiesen suceder en aquellas épocas machistas, oscuras e inconscientes. Los padres de la novia se sentaban al lado del novio, y en este caso la madre del novio se sentó al lado de la novia.  En el banquete nupcial, parecía no faltar ni sobrar nada, todo estaba sucediendo como se había estudiado. Había roces familiares, el padre de la novia y la madre del novio, en su juventud habían sido novios, y al no llegar a entenderse en el noviazgo, ambos se separaron, pero les quedó algo de resentimiento que al parecer solo fue por sus caracteres, al menos es lo que contaron a sus hijos, pero la verdad solo la sabe la Vida impersonal. Ya en estos roces que heredaron sus hijos, no se escucharon las señales, todo tenía que seguir adelante. Era todo muy organizado para que no hubiese ninguna molestia para los invitados, que nadie viese lo que ya se presentía en la consciencia. Se hizo un papelón espectacular, todos contentos y alegres, menos la madre de la novia que no paraba de llorar, parecía que estuviese en un funeral. Todo estaba organizado para que los invitados estuviesen contentos, sobre todo se procuró que esos pequeños roces entre familias no saliesen a la luz. Todo fue fenomenal hasta el final de la fiesta. Como el padre de la novia quería irse pronto a la cama, sin querer esperar a otros familiares, la hija que era la novia en la fiesta, le dejó su coche personal para que pudiese desaparecer a la hora que el padre considerase. Al final de la fiesta sucedió lo inesperado, lo que aparentemente acabaría siendo la gran señal de mi sueño de amor, la señal que el Yo impersonal me mandó para acabar viendo, en mi rendición, que la vida no comete errores ¡nunca! El padre de la novia pidió, casi con exigencias, a la que llamaba su hija, el vehículo personal, y la hija comprendió que ese padre se estaba cansando, aburriendo o lo que fuese, creyó que solo quería irse directo a la cama. Hasta aquí todo muy normal. Pero antes de llegar a su casa, hizo una parada para ir rápidamente a contárselo a los vecinos, tenía mucha necesidad y ansiedad de que sus vecinos conociesen como había sucedido todo, según él claro. Era más importante explicárselo a alguien, que llegar a casa. Así que dejó el vehículo de la hija aparcado, sin ninguna marcha puesta y sin el freno de mano delante de la casa de los vecinos. Al parecer, y según versión de mi aparente madre, se pasó largo tiempo contando muy contento a sus vecinos lo que a ese padre le pareció la gran fiesta de boda de su hija, estaba necesitado de sentirse el protagonista o que algo o alguien le regalase los oídos. Cuando bajó las escaleras de la casa de sus vecinos, al salir a la calle, el coche que lo había dejado aparcado en la calle que hacía pendiente, no estaba. Se asustó, según contó mi madre,  hasta que se dio cuenta que el vehículo estaba empotrado contra una pared,  totalmente destrozado. Esa anécdota puede parecer una simple anécdota ¿verdad? Todos diríamos son cosa que pasan, pobre padre, con los nervios, no se dio cuenta de la pendiente. Pero lo más gráfico de la anécdota es que la hija se fue de viaje de novios a los tres días del suceso y no se enteró hasta que regresó del viaje de novios. A los treinta días más o menos, cuando llegó del viaje de novios, cuando fue a casa de sus padres a recoger el vehículo, lo que era en aquel momento su sistema de ir por la vida, se lo encontró en el garaje, totalmente destrozado, sin haberse preocupado nadie de llevarlo a ningún taller, sin haber comunicado nada a la hija,  ofreciendo orejas sordas cuando esa hija le dijo al padre: -hombre yo no te digo que lo hubieses pagado tú, pero al menos hubieses podido dejarlo en algún taller. La cuestión es que esa era la gran señal que me mandé desde lo impersonal. No la tuve en cuenta, por supuesto, pero me molestó, no tenía ni idea de que la Vida me estaba hablando con mucha claridad, no podía porque la propia ignorancia me lo impedía ver con lucidez, solo lo vería con claridad cuando la consciencia tomase el control de la mente para la unión en matrimonio de ambas polaridades que a todos nos suceden en la consciencia. Era demasiado incómodo todavía para esa Consciencia, tener que reconocer que cuando un hijo de la Vida le deja conducir el propio sistema de ir por la vida a un padre, sobre todo en la ceremonia tan íntima y personal que es la unión de ambas energías que a todos nos suceden en la consciencia, puede ser un peligro irreparable para quienes nos siguen los pasos, a menos que la vida se apiade de quien se lo suplique. No se le debe dejar conducir a nadie, puesto que a la ignorancia no se le debe servir, aunque se autodenomine buen padre, santo o maestro. La ignorancia que pretende conducir o gobernar con inconsciencia lo que es de nadie, acaba machacando el cuerpo de quien sea, exactamente como me estaba indicando la Vida lúcida en la metáfora. Tenía que ser así, para verlo en el despertar. En la metáfora quedó muy claro, el propio vehículo quedó estropeado y estaba aparcado en el garage de la propia casa o Consciencia, donde aparentemente la película de miedo empezó. Tenía que acudir, sin ayudas de nadie, al taller impersonal e inteligente de la Vida lúcida que es de nadie, rendirme al Ser, y en la intimidad, permitir la repación del vehículo llamado cuerpo que solo es de uso y disfrute de la Vida que lo conduce. Como esa anécdota podría contarte miles, pero tardé en darme cuenta de las señales, siempre pensé que en lo popular estaba la verdad. Y no siempre en lo popular encuentras lo correcto, más bien encuentras la ilusión del drama eterno, la propia mentira.

 

La ignorancia al poder, la heredada de generación en generación para lo ilusorio en lo personal, la que sea, no está capacitada para conducir algo tan íntimo, tan sagrado, tan brillante y tan intransferible como es un vehículo inteligente que llamamos organismo corporal, lo que se nos regala a los hijos de la Vida para escuchar todas las señales que provienen del exterior. La ignorancia siempre estropeará, de una manera o de otra, después lo ignorará, no lo reconocerá, y no puedes discutir con la ignorancia porque no te escuchará, no puede reconocer que es ignorante. La ignorancia siempre está pensando en el día de mañana que nunca llega. La ignorancia no puede hacer otra cosa que ansiar el día de mañana, porque no vive ni deja vivir en la eternidad. Si no hay lucidez, la mente hará que se viva ansioso pensando en el día de mañana.  La propia ignorancia, no solo intentó poseer y estropear el vehículo por falta de escucha que no se obtuvo ni pudo ofrecer ese ingenioso padre de la mentira, fue al no escuchar al padre de la verdad, al que ya me estaba mandando las señales inteligentes que no me atrevía a ver ni reconocer, por miedo a romper con los estigmas tradicionales, con la línea imaginaria del bien y del mal, de buenos y malos, de mejores y peores, para no revolucionar las ataduras o los nudos familiares, para no eliminar las absurdas etiquetas de jerarquías ignorantes, es por eso que el necio no puede verse en los iguales, suelta frases tales como: - yo soy tu padre y tu eres el hijo que has venido a servirme. Hay aparentes padres tan machistas, tan necios y pobres ante la inocencia del ser, que solo pueden decir -soy tu padre, creen que la etiqueta ya les dignifica o les hace superiores. Viven sin ver nada más.  Solo en lo impersonal está la grandeza absoluta de todo padre y de todo hijo. Hay que ser muy inconscente para no ver la inocencia de los hijos, tal como es, y como la pisotea el ego ignorante para no reconocer lo que esa hermosa luz nos regala. Solo podrán acceder al reino de los cielos, al paríso eterno que se nos regala, aquellos que se inclinan ante la inocencia pura del Ser, ante quienes nos siguen los pasos, solo esos aparentes padres pueden recibir la paz, la calma, el amor y el auténtico perdón. Después de la muerte del organismo corporal, todo relato desaparece, el sueño hipnótico de la entidad ilusoria por la cual nos tomamos, se esfuma, quedando únicamente SER, lo que no hemos dejado de ser, Vida. Pero recuerda que no debe morir el cuerpo para despertar, para recuperar lo que por derecho de nacimiento a todos nos pertenece, la visión.

 

Las señales que vemos en el exterior, es tal como las tomamos en el interior, es para que la Consciencia pueda reconocerse a sí misma hasta despertar, hasta la realización del Yo. No hay separación entre lo exterior y lo interior, la separación tan solo es aparente. Todo lo que sucede en el exterior sólo es una anécdota de la Unidad, es un espectáculo brillante y vacío, porque simplemente ES, pero no es. La vida impersonal sucede en la intimidad, y se escucha cuando hay rendición absoluta ante el Ser, sin ayudas de nadie.

 

Los vehículos de ruedas que utilizamos para movernos por el mundo de la imagen, los que circulan por las carreteras públicas que son de nadie, únicamente son anécdotas, suelen avisarnos de cómo estamos llevando la conducción, si pública, si privada, si aventurera, si atrevida, si arriesgada, si aburrida, si prestada, si divertida, si inconsciente o consciente del auténtico conductor, si ansiosa o relajada, si incómoda o cómoda, si se conduce para negociar con la existencia para obtener beneficios personales, o si se conduce para el deleite de la vida;  si se conduce para aparentar, o si es para la integridad. Sea como sea, es íntimo descubrirlo, lo cierto es que ni el padre, ni la hija, existen, todo es un juego inteligente de Luz y Amor, únicamente hay vida siendo vida. Mi padre terrenal ha sido mi gran maestro instructor, la apariencia que se me metió en la cabeza de padre, por el cual me tomé, es el padre que precisó esta consciencia para reconocer la propia ceguera ante la Vida, hasta recuperar la visión del Ser en la  Unidad. El padre terrenal era la Unidad haciéndose muy ignorante, ciega y sorda ante mi mirada, para que esa hija, por la cual me tomé, algún día, como decía él, pudiese ver y reconocer de una vez por todas, la propia ceguera e hipocresía humana, hasta ver que no hay error ni omisión con nada ni con nadie, puesto que todo, todo es un auto-recordatorio. Cada uno ya tiene su propia película que puede ser vista y observada cuando se acepta la propia invitación personal, íntima, muy íntima, puesto que nadie más puede acceder a ese lugar sin lugar, para ver y escuchar lo que es de la UNIDAD, nadie más puede ver con total lucidez lo que ya ES. Que se acepte o se rechace, eso ya es impersonal, porque incluso si se rechaza, en el rechazo mismo, también hay perfección. La Unidad no necesita embellecerse, ni hacerse más bonita, ni más buena, ni más hermosa, ni más extraordinaria o más divina de lo que ya Es, ya sabe, ya es, ya señala, ya informa, ya se ve, ya se escucha y ya se intuye, más allá de la ignorancia. Una cosa es que no se quiera ver por la presión de las influencias externas y sociales en la juventud, por los sueños, ideales y los dramas, por miedo a perder la falsa imagen, y otra muy distinta es no querer admitir en edad adulta la propia ceguera ante los hijos de la Vida. No querer reconocer la propia ignorancia a tiempo, es lo que más nos impide vivir saludablemente felices, porque sólo reconociendo las propias miserias humanas, encontramos la grandeza absoluta del Ser, totalmente impersonal e inteligente.

 

No debe cambiar nada precisamente, simplemente abrirse de par en par al Ser, para ver y escuchar en la intimidad todas las señales que nos mandamos desde lo impersonal del Ser, sin ser juzgadas, sin ser analizadas, ya se van revelando. El sueño hipnótico de amor es para que la consciencia pueda despertar a través de la película personal que sucede en la misma rueda eterna de la existencia, una y otra vez, solo cambian los actores, las luces y los decorados, pero todo es la misma rueda de eternidad, lo terrenal del Ser en la  Unidad.  Por amor, adoramos a los padres terrenales, por amor consentimos ser gobernados por la ignorancia al poder, por el amor misericordioso del Ser, servimos a ilusorias personas para que imaginen que son personas que pueden gobernar lo que nadie ha podido, pero solo podemos agradecer tan maravilloso misterio, lo más divino de la Existencia, cuando hay la visión de EsoQueEs. En la Unidad desaparece todo resentimiento, todo rencor, todo miedo a perder y a morir. Se ofrece respeto y silencio al que ha sido un gran y brillante maestro, al aparente padre terrenal y a todo ser de la creación. Cuando el despertar se ha consumado ya solo queda Ser.

 

Todas las señales son brillantes, excelentes e inteligentes en la revelación. Todas son para acabar viendo que la Unidad no comete error. El mal jamás, ¡jamás! puede triunfar, el mal no puede vencer al bien, porque el mal es la propia ignorancia y el bien ya Es la LUZ eterna en la Presencia del Ser. Me acuerdo de dos frase que siempre dijo la apariencia que tomé como madre: Quien bien te quiere te hará llorar. -Sé siempre una mancha de aceite, no tengas miedo a manchar con lo que ya sabes que es la verdad. Aparentemente, solo aparentemente, únicamente llora la identidad ilusoria por la cual nos tomamos, puesto que no puede ver ni reconocer la propia ilusión, hay que ir más allá de la necedad humana que a todos se nos mete en la cabeza, si queremos ver con total lucidez que no hay error. Solo a los corazones nobles, a los que hayan caminado con la integridad por delante, se les regala una segunda oportunidad.  Sólo nos ama sin condiciones el padre misericordioso de la verdad eterna, el auténtico Yo, que ya está permanentemente ahí, dentro de nuestros corazones, el que jamás, jamás, nos hará llorar. Se llora cuando adoramos y servimos al padre terrenal, al instinto básico y reptiliano que solo puede poseer ignorancia, para acumular años, buena image, buena fama o buena reputación, con tal de apagar la luz de la inocencia del Ser. No hay nadie que sea culpable de nada, eso que quede muy claro, la Unidad no comete errores, simplemente hay ignorancia al poder o hay lucidez. Unos aceptan la invitación para rendirse al Ser, y otros prefieren santificar la experiencia sufriendo. No hay más. Pero todo, todo, todo, es por amor, todo es la Unidad. El vehículo coche y el vehículo cuerpo son anécdotas para llegar al Ser, ambos son vehículos de la Vida, o sea de nadie, únicamente nos sirven para el desplazamiento en el mundo aparente de las formas, pero lo que en verdad somos no se ha movido de la Presencia del Ser. Simplemente debes estar abierto a no dejarte encegar por lo que llamaríamos el molesto sistema de ir por la vida. Debes verlo todo con los ojos del amor absoluto de nuestro amado Ser. 

 

El único sentido y propósito que tiene la Unidad es que cada hijo de la Vida pueda regresar a la Presencia del Ser. Y, la única manera que tiene de hacerlo es mandándonos las señales inteligentes en el exterior para después verlas sin juzgarlas en el interior, ya que cada uno es la Unidad que consiente que la existencia sea como ES. Aquel que quiera voluntariamente aceptar la propia invitación, podrá escucharlas y verlas, sin ayudas de nadie. Esta Consciencia hace lo indecible para hacerse consciente de sí misma, para que cada ser humano pueda despertar del sueño infernal,  porque no hay nada por lo que uno deba temer en la Presencia del Ser, hay eternidad, hay la liberación, hay el milagro sin fin, hay la paz, la calma, la inteligencia amorosa e infinita del Ser, hay Eso que nos ama y nos abraza a más no poder. La Vida no es una cosa de buenos o malos, ni tiene nada que ver con lo personal, la Vida es como ES, totalmente brillante, inteligente e impersonal.

 

No sirvas o no seas amigo del ego necio que para mantener la buena fama, la falsa imagen, no adores a la ignorancia que controla o reta a Esa Nada, porque no hay ni un aparente ignorante ante la Vida que no te esté enseñando algo de la propia ceguera ante lo impersonal del Ser.

 

¡¡Gracias !!