Elogio a la muerte.

 

Toda muerte es una celebración para la Vida, se apagan las luces y los decorados de la más profunda enfermedad o de la más profunda mentira y ceguera ante la Vida, y se enciende la Luz radiante, saludable y amorosa de la eterna verdad.

 

Honrar o enaltecer a la muerte es lo mínimo que se puede hacer para la Vida. Sin Vida no habría ni nacimiento ni muerte de la herramienta que llamamos organismo corporal.

 

Respetar, agradecer, reverenciar,  favorecer, premiar, festejar y alegrarse con el nacimiento de un organismo corporal, es exactamente lo mismo que debería suceder ante cualquier muerte, pero lamentablemente eso tan simple y tan maravilloso, el ego necio prefiere ni verlo, por eso es necio, prefiere el drama de lo popular, porque si se viese la muerte tal como es, se acabaría tener que dramatizar la existencia, tal como dramatiza la ignorancia ante cualquier muerte de una herramienta que hemos utilizado siendo la Vida. No hay que hacer tan espectacular teatro consumista ante lo que es una celebración para la Vida. No hay que hacer tanto lloriqueo. No hay que comprar seguros de vida para saber vivir en paz y saludablemente felices, sin miedos a perder ni a morir enganchados en el cuerpo

 

Cuando muere un cuerpo no muere nadie. Solo faltaría. La Vida, desde siempre y para siempre es de nadie y se vive para nadie. Yo no soy propietaria de una vida, ni vivo una vida, Yo soy la Vida ¡siempre presente! que ni ha nacido ni morirá. Cuando nace un cuerpo, sólo es la herramienta que utilizamos como vehículo para escuchar las señales que le mandamos desde lo infinito e impersonal, para aventurarnos a vivir sin miedos a nada ni a nadie, sin miedos a perder ni a morir. Todo y todos es para el despertar de la Consciencia.  Si llamamos conocimiento a lo que me han dicho y muy inocentemente me he creído, si llamamos cordura a no hacer nada de nada para conocer la Vida tal como Es, si no llegamos nunca a la raíz del Ser, entonces hay que dramatizar, santificar la experiencia dramatizando ante la muerte de un organismo corporal, porque solo sufre y quiere hacer sufrir la ignorancia al poder, el ilusorio yo creado por el ego que pretende poseer la Vida, haciendo un comercio consumista con la Existencia, incluso en un funeral. Un sabio jamás sufrirá ante una muerte, ni hará sufrir a nadie. Solo el ego necio y recalcitrante que está muerto de miedo a perder y a morir, debe presenciar la muerte y el drama una y otra vez, debe acudir a los hospitales y oler su más profunda enfermedad, lo que ha creado para ver que tienen fecha de caducidad.

 

La muerte de cualquier cuerpo humano utilizado como herramienta de uso y disfrute de la Vida, es fresca y natural si se ha rendido el ego ilusorio, posesivo, inmaduro o manipulador que pretende gobernar o poseer la Existencia que es de nadie. Se puede morir sin que se tenga que retener los nudos o las ataduras tradicionales y familiares, hijos, matrimonios, abuelos y padres, todos metidos en la cabeza. La muerte sucede sin hacer ruido, íntimamente y sin necesitar asistencia o público llorando alrededor, sin familiares rezando y suplicando, todos con miedos metidos en la cabeza, sucede sin sufrir y sin hacer sufrir inútilmente, precisamente porque la misma muerte es preciosa, dulce y silenciosa, totalmente complaciente para los corazones justos y nobles ante la Vida, totalmente agradecida para los que se han sabido mantener fieles y sensibles a las señales que les manda la Vida impersonal, para los que no han empastillado o adormecido el cuerpo con tal de no escuchar las señales,  totalmente justa para los serviciales ante la inocencia pura del Ser. Sólo muere la ilusión de ser alguien muy importante, necesario o necesitado, solo muere la ignorancia al poder del ilusorio yo por el cual nos tomamos antes del despertar, no la Vida.

 

En una milésima de fracción de segundo sucede la muerte, es más, ni sucede, simplemente la Vida prescinde del cuerpo que se ha utilizado como vehículo para el despertar de la Consciencia, no para comercializar con la existencia para obtener beneficios personales, ni para poseer o retener lo que a nadie le pertenece.

 

No es de extrañar que se haga tanto circo o tanto drama ante la muerte, sobre todo cuando se vive con miedos, con la creencia estúpida metida en la cabeza de ser algo o alguien muy importante que puede dirigir o mover a esta vasta inmensidad que llamamos mundo o Universo. Solo el ego necio que vive para el mundo de los ciegos, para los que únicamente prefieren mantener la falsa imagen, teme a la muerte y tiene pavor a perder. Porque el sabio, el que ha visto que la Existencia significa Existencia, el que se ha abandonado al Ser ¡siempre presente! para vivir la aventura en lo desconocido, sin sentido y sin propósito, sabe perfectamente que la muerte es una ilusión. No muere nadie cuando muere un cuerpo, jamás ha muerto nadie. Solo desaparece el relato personal metido en la cabeza, es lo que queda en el cementerio o en el crematorio. No existe un más allá. ¡Siempre está presente la Vida! Solo hay Vida siendo Vida, eternamente presente, eternamente preciosa y maravillosa en la Presencia del Ser. No ha habido nunca un antes ni habrá nunca un después. La Existencia es Existencia. No existe la ilusión del tiempo ni meta a la que llegar. La rueda eterna de la película entre nacimiento y muerte en la Existencia, simplemente es un juego inteligente y magistral de Luz y Amor. Insisto en decir que el tiempo no existe, ni los personajes que aparentemente se mueven en el tiempo, tampoco, es un sueño personal. Nadie puede mover ni cambiar a esta vasta inmensidad ¡siempre presente! que llamamos la Vida. Con lo cual, no hay que hacer tanto drama, porque cuando muere un cuerpo no ha muerto nadie, solo se deja de utilizar la herramienta para la experiencia en lo terrenal del Ser.

 

No debe morir el cuerpo para resucitar o para el despertar de la consciencia, para recuperar el paraíso aparentemente perdido. Debemos comprender lucidamente lo que no somos, hasta ver con total lucidez lo que no se ha dejado de Ser. VIDA, únicamente Vida, únicamente este instante de eternidad, una LUZ eterna siempre presente que nadie la mueve, nadie la moverá, nadie la puede retener o poseer, ni nadie la comprenderá, ni la gobernará o la cambiará, ya ES. Hay que dejarse morir en vida, hasta perder todo lo conocido, hasta desaparecer el personaje ilusorio por el cual nos tomamos, para volver a empezar en lo desconocido, totalmente liberados de ataduras tradicionales, familiares o superficiales, simplemente viviendo la Vida lúcida en lo que ES, si se quiere recuperar lo que siempre nos ha pertenecido, la visión de EsoQueES, que es a lo máximo que podemos aspirar como seres humanos para saber vivir la aventura plácidamente liberados y agradecidos, sin miedos absurdos a morir ni a perder. No hay un personaje o un relato metido en el cuerpo, hay Luz eterna iluminando la propia oscuridad. El misterio de la existencia es para re-descubrirse en la intimidad, no es para hacer un circo necio de buenos o malos, o un comercio para que la imagen falsa que ha construido el ego para gobernar lo que nadie ha podido. El despertar siempre es de manera íntima e intransferible llegando a la raíz del Ser, nadie nos puede ayudar, puesto que el relato personal, lo que llamamos la propia experiencia con la creencia infantil de separación y división, con la ilusión de ser algo o alguien metido en la cabeza, es la propia película que precisamos para el despertar de la Consciencia, sin ayudas externas de nadie, sólo con la maravilla eterna de lo que Es, viviendo en lo desconocido, en el siempre hoy, en el siempre ahora, en el siempre aquí, en lo que ES. En la Presencia del Ser descubres la ilusión, o lo que es lo mismo es el final del sueño de amor, es el fin de la ilusión de la muerte, solo así ves con claridad lo que no hemos dejado de Ser.

 

Somos el paraíso, no somos tan dramático teatro ni tan fastidioso infierno que heredamos de un mundo necio que a todos se nos mete en la cabeza. Cualquier ego, sea el que sea, el ego que se haga denominar algo o alguien, aunque se haga llamar santo padre de la humanidad, es ego necio que precisa adeptos y seguidores para hablar de bondad y de maldad, es ego que necesita rezar sin ver que cuando uno reza se está rezando a si mismo. El ego que debe imaginar cielos e infiernos, ángeles y demonios, justos y pecadores, buenos y malos, es ego ilusorio ante la Vida, porque fíjate tú, todo aquello que se mueve y cambia es de la naturaleza de un sueño, no existe, es lo que no es. ¿Dónde está el aparente mundo, ahora? ¿Dónde está el ayer o el mañana? ¿Sabe alguien lo que sucederá dentro de un minuto? La única constante e inteligencia que hay, la única fuerza y constante que lo mueve todo, es esa NADA, es ese Silencio eterno y sabio  (silencioso, pero no mudo) que nos envuelve, que nos exculpa y nos abraza a todos, a todos sin excepción, a todos a la vez, tal como lo está haciendo en este preciso instante, siempre en este preciso instante presente. Cuando permaneces en la Presencia del Ser, ves y comprendes que el perdón es inherente a todos, a todos sin excepción. Somos la Presencia absoluta que permite que la existencia sea tal como ES. Desde el mismísimo momento de nacer el organismo corporal hasta su desaparición, estamos siendo vividos, abrazados y perdonados a cada instante, somos la Vida siendo vida. Toda una eternidad de Luz AMOROSA que ilumina y ama la propia oscuridad o la propia manifestación. Solo muere el ego necio, no lo que no podemos dejar de ser. Incluso es gracioso verlo, el ego crea el dramático personaje que no quiere perder ni morir, y la vida lúcida que ni nace ni muere, lo deja hacer hasta que se rinda y se de cuenta que no tiene nada que hacer.

 

LA VIDA es alegría encarnada. Cuando hay miedo a perder y a morir, no hay vida, hay la ilusión de ser algo o alguien, un personaje que tiene miedo a perder o a morir, un ilusorio yo que intenta mover a esta vasta inmensidad.

 

Vivir no es cosa de cumplir años, vivir sin morir es SER sin años metidos en el cuerpo.

 

En mi película personal, la que he precisado para el despertar de la consciencia de manera íntima e intransferible, la muerte del organismo corporal que llamé mi madre, aparentemente fue dulce, maravillosa y agradecida, transmitió profunda paz a todos, porque se rindió voluntariamente al Ser. En cambio, el personaje ilusorio que he llamado "mi padre", que quiere gobernar y poseer la existencia, desde hace 50 aparentes años, desde que esta consciencia tomó consciencia del comportamiento inmaduro, teme a la muerte, cuenta que va a morir porque ya vive en la muerte, siempre se ha resistido a vivir sin morir.  El aparente personaje que tomé como padre, solo aparente, reza para manipular o para conducir el cuerpo a los hospitales, porque santifica la experiencia sufriendo y haciendo sufrir, queriendo ser alguien con muchos años y buena reputación, no vida con Consciencia Presente. Ni mi aparente madre ni yo misma como personaje hija por la cual me tomé. no podíamos soportar tan infantil manera de vivir, tanto sufrir y tanto hacer sufrir inútilmente solo para aparentar o para complacer al ego ilusorio que únicamente vive para la falsa imagen, creyéndose el centro del Universo. Mi aparente madre murió para librarle de la obligación tradicional y de la necesidad matrimonial que se creó, de la falsedad de creerse un estupendo esposo. La aparente hija por la cual me tomé, dejó de tener en cuenta la etiqueta de padre ilusorio que se auto impuso impuso. Eso ego que heredé, con el que creí y tanto necesité servir, hizo que reconociera mi más profunda ignorancia hasta rendirme al Ser. El supuesto padre que inventé ha ejercido de todo menos de buen padre, jamás ha visto a la aparente hija por la cual me tomé, como una igual. Ha sido mi auténtico maestro para el despertar de la Consciencia, para darme cuenta de la necesidad infantil que nos creamos de necesitar un buen padre que necesita una hija ideal y servicial, porque vivía sin ver que la vida es de nadie, sin ver y comprender que no es cosa de buenos o de malos, ni es cosa de jerarquías conceptuales que nos esclavizan y nos atan a las ataduras tradicionales y familiares. En lo terrenal del Ser, somos hijos de la Vida, no de papá y de mamá. Esta consciencia ha precisado ambas energías para rendirse al Ser, hasta liberarse de la ilusión del tiempo y de la muerte. Totalmente agradecida por tan inteligente y brillante invitación. No hay separación, la separación tan solo es aparente, todo es la Unidad,  pero la invitación para ver que solo hay Unidad, es personal e intransferible, nadie tiene que aceptar la invitación de nadie, ese es el golpe de genialidad de la Unidad. Ni una muerte tuvo que asistir esta consciencia, jamás ha presenciado el último aliento de un organismo corporal, porque su único propósito no era vivir muriendo, sino despertar para la realización del Yo, para vivir sin morir. Sólo presenció el antes o el después del último aliento de un organismo corporal. Ni el personaje papá, ni la mamá, ni la hija, existen, ha sido un sueño de amor, personajes por los cuales me tomé.  Solo hay el auténtico  YO, vida inteligente que la mueve EsoQueEs. Todo se mueve espontáneamente, porqué únicamente hay vida siendo vida, sin nadie que la conduzca, sin meta y sin sentido, sin separación en la Unidad, sin jerarquías o sin títulos de propiedad, tal como vemos la existencia cuando nos proyectamos silenciosamente en ELLA a través de la naturaleza. Todo es aparente excepto la vida. Insisto en decir que no debe morir el cuerpo para despertar en vida, el cuerpo es un vehículo inteligente y maravilloso que si no lo empastillamos ni lo adormerecemos, únicamente escuchando las señales, íntimamente y sin ayudas de nadie, el ego posesivo e ilusorio que divide y separa, se rinde al Ser, y ocupa su lugar la mente lúcida, la mente de la Unidad, entonces se nos regala la segunda oportunidad, de oro, para vivir sin morir, completamente liberados, sin molestar, sin poseer, sin controlar y sin asfixiar inútilmente a los hijos de la Vida que nos siguen los pasos.