El Silencio.

 

Ante todo, más allá de las palabras, con todo el amor, agradezco tu silencio, gracias a él esta consciencia puede expresarse para hablarle a tu corazón, inherente al de todos.

 

La Vida es irónicamente magistral. Necesita todo lo ilusorio, toda mentira humana, para acercarnos a la única verdad que hay; necesita la hipnosis de la mente para despertar; necesita el drama eterno de la separación, para hallar el milagro sin fin de la unidad en el que ya estamos todos; necesita el dolor, el sufrimiento y la tristeza para hallar la felicidad sin causa; necesita la ausencia de la mente para hallar la luz de la Presencia; necesita el infierno del inconsciente humano para hallar el Paraíso eterno de la Consciencia Universal; necesita el ruido caótico de la mente para hallar el Silencio inteligente y sabio, inherente a todo y a todos, que cuando lo recuperas sucede el arte de dejar fluir y de dejar expresar al Ser, porque el Silencio es como una melodía que nunca termina y nunca enmudece el corazón. La Vida nos hace ver que el corazón tiene razones inteligentes, sobradamente inteligentes, que el intelecto machista, arcaico, caducado y patriarcal que a todos se nos mete en la Consciencia, al poco de aparecer dentro de la rueda eterna de Existencia, no entiende, ni entenderá jamás, porque el ego es total ausencia, siempre suele estar a años luz de donde nos sucede el milagro de la Luz.

 

La Vida, magistralmente inteligente en todo, en un momento u otro de la Existencia, nos hace inclinar y arrodillar a todos, unos se inclinan o se arrodillan para seguir pidiendo cosas, favores, milagros, vacunas y pertenencias, y otros se arrodillan agradecidos por todos los dones y todos los milagros o regalos de cada día, porque el mayor problema que hay en la Vida no es la muerte, es el instinto de posesión y de propiedad, lo que no dejamos marchar, no dejamos ir, o no dejamos desaparecer cuando se va, mientras estamos vivos.  El ego crea el sufrimiento porque crea el sentimiento de posesión y de separación con todo, es lo único que crea sufrimiento, ya que nada ni nadie nos pueda hacer tanto daño como sí el ego llamado yo mismo.

 

Nos pasamos la mayor parte de la existencia sufriendo aburridamente e inútilmente por un yo que no existe, por no decir toda la existencia, porque lo mires por donde lo mires, ¿Dónde están todos los pasos andados de este diminuto punto de vista dual al que llamamos yo? ¿Dónde están?  Si señalamos el cuerpo, sólo hay un cuerpo, y aunque señalemos la cabeza, sólo hay una mente que hace elucubraciones de lo que aparentemente ya sucedió y de lo que nadie sabe si sucederá o como acontecerá. La Vida, que ya es Consciente de sí misma, se vive a sí misma, y nadie tiene una vida en propiedad como cree tener. El único sufrimiento que hay lo crea el ego porque niega lo que ve y no quiere que se vea, porque se le acabaría el reinado de hacer sufrir.  

 

¿Por qué le encanta sufrir a la condición humana? Porque sería feliz, y siendo feliz, sería el fin de todo caos de la humanidad, se acabaría el comercio y el sistema de creencias dual o preestablecido, totalmente patriarcal, machista, arcaico y caducado que a todos se nos mete en la consciencia al poco de nacer. Se acabaría el comercializar con la Existencia que es de nadie, para explotar la inocencia de nuestro Ser. El patriarcado del ego tiene pavor a asumir las energías femeninas de la Consciencia, ambas caras del mismo sueño, siempre ha dicho que para vivir hay que luchar duro con tal de ganarse una vida en propiedad, que para Ser lo que uno ya Es, hay que sobrevivir, suplicar y rezar; que para permitir el Arte de la Vida fluir debe hacerse con sacrificios y sudores, y que para amar hay que sufrir y hacer sufrir.

 

Todo esto que llamamos “el mundo” emerge de uno mismo. ¿Quién conoce el mundo realmente? ¿Hay alguien que esté en posesión de la verdad inalcanzable? ¿Hay alguien que puede caminar con los pies de alguien o que puede definir la vasta inmensidad de su verdadero Ser?  Si nadie se formula la pregunta ¿Quién o qué soy realmente? no se puede reconocer lo que en verdad somos, ni podemos vernos a través del don más maravilloso que se nos regala a todos, la visión extraordinaria que nos hace ver a través de todo, que sólo hay Vida aconteciendo, Ser UNO. Uno debe verse en todas partes para reconocerse, sino se hace difícil ver que la única dificultad que hay en la Vida para vivir en paz, felizmente en paz, es identificarse todo el tiempo con el ego que crea rechazo y separación porque inventa la idea preconcebida de ser alguien que debe luchar duro. va con la creencia de vivir separado de todo, de la fuente de la cual emerge la felicidad sin causa. El amor verdadero es el reconocimiento de nuestro verdadero Ser en todo, porque todo resuena en el corazón del Ser, todo, y nos sirve para ver la unidad en el mundo de la dualidad. La dualidad es, ha sido y será ¡siempre! una ilusión, no hay ningún tu separado de un yo; y la única finalidad que tiene la dualidad, es establecer un orden, para después poder ver lúcidamente que siempre estamos unidos a todo, y, lo único, ¡lo único! que nos acerca a verlo es el Silencio sabio e innato, inherente a todo y a todos.

 

Estas palabras sólo sirven de entretenimiento para la mente intelectual, no tienen ninguna intención de agradar a ningún ego, sólo faltaría, únicamente resuenan o no resuenan en el corazón inocente y puro de tu Ser, porque emergen del silencio innato, inherente a todos. Seamos conscientes, o no, de ello, las palabras no pueden definir ni explicar nuestra auténtica luz original, ni nuestra vasta inmensidad. Sin el Silencio no podríamos ser lo que ya somos.

 

No hay nada que hacer para cambiar el movimiento atómico y constante de la Vida, ni nada que explicar, ni mejor, ni peor, porque no hay nada que comprender para Ser, únicamente aceptar o rechazar la propia invitación para asumir la totalidad, para ser un testimonio con la luz original y liberadora de la Presencia, porque el ego no liberado es lo único que impide la felicidad sin causa, no quiere que se vea que siempre estamos cruzando la propia experiencia desde nuestra eternidad, desde  donde nos sucede el milagro de la Luz, desde de la Presencia.  

 

¡¡¡Gracias a todo y a todos!!