El Ser humano es infeliz porque quiere, nadie le impone su infelicidad. Reconocer esta realidad es el primer paso hacia el mundo nuevo. La Vida fluye totalmente liberada y feliz, la mente humana quiere gobernar ese fluir constante de la Vida, y hará cualquier cosa, la que sea, con tal de que no veas nunca que es la causante de toda enfermedad y de toda  guerra e infelicidad. La mente no tiene luz propia por eso hará lo indecible para que no vayas al encuentro de tu verdadero ser, puro, inocente, siempre feliz, radiante y liberado. El problema y la infelicidad lo crea la mente, no la Vida que ya le sucede felizmente y conscientemente a cada uno. Hasta que la mente ciega y sorda ante la Vida no se rinde, creará un sinfín de problemas, un caos que lo llamará: -no hay justicia divina-  -la Vida no me ama, o la Vida me debe cosas-  Este es el grave problema del hombre, si es que podemos llamarlo así. El problema de la humanidad es que cada persona que no se haya liberado de su mente ilusoria camina ciega y sorda ante la maravilla eterna de la Vida. La simple idea de que la mente que personaliza la existencia, que no hace otra cosa que crear los problemas, nos ayudará a ser eternamente felices dentro de este paraíso, esa simple idea ya lo impide. La mente no puede hacerse consciente de su propia ceguera e ignorancia porque es ilusoria, no tiene luz propia, vive de pasados y futuros, siempre está ausente, jamás puede estar presente donde se halla la Luz de la Presencia. Para que no la veas si hace falta te llevará a mundos extraños, a dimensiones raras que llamará infierno o paraíso, creará universos desconocidos que nadie más verá, porque nadie ve el mundo como uno lo ve. Todo aquel que sólo haya vislumbrado al Ser pero no se haya liberado de su mente dual, tampoco puede ayudarnos. La mente que divide la vida en dos crea los problemas del mundo ilusorio en el que vivimos todos, para después buscarle soluciones, con tal de adjudicarse el mérito o una autoría que no tiene ni jamás ha tenido, cuando imagina o deduce que las encuentra. Al estar ciega ante tanta maravilla, repite el mismo circo y el mismo drama de siempre, esperar los aplausos si las cosas salen bien y echar balones fuera cuando las cosas salen mal. La mente no puede ver que la Luz viviente en cada cosa y en cada ser, ya es consciente de sí misma en todo momento, ignora que todo está mucho más allá de la comprensión intelectual.

 

Cualquier mente humana que personalice la existencia quiere adueñarse de su creador, crea los problemas, porque necesita satisfacer logros, sueños, éxitos o necesidades personales, con lo cual no verá nunca que la Vida es impersonal, totalmente incondicional con todas sus criaturas. Sueña la mente que personaliza la existencia, no la Vida que ya es consciente de sí misma a cada instante, no lo que en verdad somos. La Vida no tiene ninguna necesidad de satisfacer logros personales ni tiene necesidad de una evolución cultural, ya está liberada y totalmente evolucionada. La Existencia es sin tiempo. Creamos el tiempo porque no podemos admitir que caminamos ciegos ante la Luz, no podemos atrapar el misterio divino de la Presencia, absolutamente radical y consciente de sí misma. A lo máximo que podemos aspirar como seres humanos es en poder recuperar nuestro derecho innato, la visión, nada más, porque lo vea o no lo vea el ser humano, para esta vasta inteligencia, existencia o Consciencia totalmente liberada, tan divina es una caca de vaca como lo es una flor. Todo, absolutamente todo es LUZ, y todo, absolutamente todo es amado por igual. No podemos cambiar, mejorar o empeorar nada a ningún nivel, la mente jamás ha tenido libre albedrío como cree tener, ese es otro invento de los seres humanos que quieren ser más inteligentes que Dios.

 

Este maravilloso drama de la humanidad, sólo es aparente, no existe; hasta que la mente no se rinde, creemos que el drama es real, muy real, porque cada drama personal es la propia invitación para poder recuperar consciente-mente la inocencia perdida y todos los dones innatos. Pero hay algo más en los seres humanos, algo que lo sabe todo, algo maravilloso que puede hacerse consciente de sí mismo más allá de la mente cuando uno se rinde, la sabiduría innata del no saber, el silencio inherente a todos, puesto que somos el único Ser de toda la creación que podemos hacernos conscientes de que todo, todo, todo es Dios, que no tiene nada que ver con el pobre dios inventado que excluye el mal. El mal no existe, es otra invención del hombre para retar a Dios, para excluir la verdad viviente. No hay una cosa llamada bien y otra llamada mal, simplemente hay la maravilla eterna de lo que Es. En realidad, somos divinos, somos la Luz y el Amor de Dios, recorriendo la propia manifestación, pero mientras imaginemos que el ego arrogante, ciego y sordo ante la maravilla eterna de lo que Es, puede ayudarnos, vamos generando drama, el mismo drama de siempre, vamos perpetuando la misma rueda de ceguera eterna que es la causante de la supuesta infelicidad o sufrimiento humano. El Ser humano es infeliz porque no quiere ser feliz, así de claro. La Vida no puede estar ni más presente, ni más feliz, ni más plena, ni más liberada, ni más evolucionada, ni más incondicional con todas sus criaturas, como lo está ahora mismo, no puede ser más maravillosa de lo que Es, y eso tan y tan simple se ve o no se quiere ver. La invitación personal para verlo y comprenderlo lucidamente más allá de la mente que personaliza la existencia, es única e intransferible, nadie puede ayudarnos a recuperar la visión de Dios o la Luz de la Presencia eterna, solamente si nos arrodillamos para suplicarle otra oportunidad, tenemos la posibilidad de recuperarla puesto que la Vida es lo que somos y jamás nos ha abandonado, nos ama incondicionalmente tal como nos ha creado, en todo momento ya es consciente de sí misma, ya nos regala a todos por igual el mismo don; sólo hay que rendirse profundamente para aceptarlo. Nada más. O nos fundimos con el Ser siempre presente, siempre feliz, para poder gozar del paraíso, o somos nuestros peores enemigos, generadores de la propia esclavitud, los generadores de los problemas inútiles sin fin que no hacen otra cosa que impedir que fluya en la consciencia la felicidad sin causa. El ser humano que cree saber más que la Vida es tan arrogante cuando no ve a Dios en él, que inventaría lo que fuese con tal de no admitir su propia ceguera y arrogancia. Pero la Vida o Dios, llámalo como quieras, siempre derribará a cualquier invención del ego ciego o sordo ante la Vida, aunque haya inventando un monumento, la meditación o los rezos que sirven para retarlo, para satisfacer glorias e imágenes personales, porque no necesita nada de nada, ni que lo busquemos en un más allá, ni en nada de nada, siempre sucede magistralmente y felizmente sin ningún sentido o propósito, en el siempre ahora. No hay nada que uno deba comprender intelectualmente, ni hay que rezar para satisfacer logros personales, porque cuando rezamos nos rezamos a nosotros mismos, simplemente TODO ya es la maravilla eterna de lo que Es.

 

Si te adentras en una selva por primera vez, todo te puede parecer muy salvaje e incluso un caos, un abandono total y un desorden incomprensible, pero si permaneces en silencio y la observas sin juicios y prejuicios, aunque los pensamientos estén ahí, poco a poco vas viendo como dentro del caos hay un orden, una maravilla de formas, colores, sonidos, luces, escenarios que se mueven, fluyen y confluyen con un ritmo de extraordinaria belleza, con un equilibro insuperable, todo Es la danza de la NADA en la Presencia de la Vida, todo es inteligencia divina en movimiento, sin ningún sentido o propósito, simplemente Es.

 

La mejor oración del mundo es: -VIDA, hazme nada, haz de mi lo que quieras, hasta que pueda fundirme en ti. Sólo siendo nada puedes ver al todo y tenerlo todo, y puedes amar la propia creación, sin dificultad. Ser nada o nadie no puede forzarse, por nada en el mundo debe forzarse, simplemente es un saber, es un ver y comprender lucidamente y espontáneamente más allá del ego que personaliza la existencia. La Unidad o Dios no nos ha soñado con error. Cada uno es la misma Luz y el mismo amor de Dios. Todo es un regalo divino y precioso en la Presencia del Ser. Nadie es culpable de tan maravilloso caos de la humanidad, al contrario, simplemente hay profunda ceguera e ignorancia en la mente humana que personaliza la existencia, es lo único que impide que se vea  con total lucidez la maravilla eterna de la Vida.  La inocencia perdida tampoco es un error, si somos lo suficientemente valientes para aceptar profundamente la propia invitación ¡siempre presente! con tal de asumirnos consciente-mente tal como nos sucede la vida, tal como se nos presenta sin ir en busca de ayudas o recetas externas, así tal como somos o se nos ha creado, con todas nuestras luces y todas nuestras sombras,  podemos  recuperarla. Así ha sido, así es y así será, porque ya somos la Vida, ya somos una creación de Dios, y en cada cosa está el mismo espejo divino de Dios, somos Luz en la oscuridad, lo que tanto anhelamos recuperar para poder fulminar toda tiniebla y toda sombra, hasta podernos fundir con la felicidad sin causa del Ser siempre presente, que no tiene nada que ver con la pobre felicidad efímera y mortal que busca el ego, ni con el  jajajaja exterior para disimular  que por dentro me muero de miedo, porque temo la propia intimidad en la soledad del Ser,  temo a la Vida y temo mi propia sombra. Este es el primer paso antes de rendirnos, ver que nos tememos a nosotros mismos. El ser humano es infeliz e inmaduro porque quiere, así de claro, le ha cedido todo el poder al mundo ilusorio, al espectáculo del caos, porque no quiere ser original, ni tampoco quiere ser realmente libre o feliz dentro de este paraíso eterno que se nos regala, cuando rechaza la propia invitación ¡siempre presente! para asumirse en la unidad, prefiere sentirse dividido y esclavo de su mente dual antes que dejarse abrazar en la unidad con el amor puro e incondicional de la Presencia maravillosa del Ser. Despertar es vivir sin pizca de miedo a los miedos absurdos que va creando la mente que personaliza la existencia, que no es más que sombra. La Luz de la Presencia es radical, la maravilla de lo que Es fulmina cualquier tiniebla o miedo.

 

Si pudiera darte un consejo aun sabiendo que no lo necesitas porque todo es la Unidad, te diría deja de buscar fuera de ti y deja de pagar fortunas a profesionales para acabar viendo que nadie puede ayudarte a ser tu mismo, nadie está capacitado para liberarte de la mente ilusoria, sólo lo hará la maravilla de LoQueEs, la Luz del Ser siempre presente. Ni la mente debe aquietarse para ser vista tal como es. Todo aquel que se haya asumido en la unidad sabe que no puede ayudar a nadie, se ha dado cuenta que no hay nada que se pueda hacer, lo deja todo en manos del creador. Ninguna persona que personaliza la existencia, que cree ser algo o alguien importante que tiene poderes especiales para ayudarte, te puede enseñar a ser tu mismo, ni a recuperar lo que más anhelas recuperar, lo que no se ha perdido nunca. Lo único que puede hacer aquel o aquella que lo ha visto y que sabe que todo, todo, todo, es un auto-recordatorio, es difundir este conocimiento que es inherente a todos, cuando sucede, nada más, aún sabiendo que cualquier ego lo rechazará, porque el ego que personaliza la existencia es especialista en rechazar la LUZ de la Presencia, en cambio si le hablas del morbo de un más allá, de santos o ídolos, si le cuentas alguna historia pasada con sufrimiento, si le explicas cotilleos de enfermedades aunque sean del vecino de en frente, si le regalas una fórmula mágica  para saber si ganará o perderá su equipo favorito de futbol, o si le dices que el político que ha votado le representará bien, estaría encantado, lo que quiere precisamente es sufrir y hacer sufrir porque no tiene luz propia, es un especialista en temas de cotilleos e infelicidad, porque no tiene ni originalidad, es fruto de un copiar y pegar. El hombre sufre porque quiere, así de claro. El tesoro escondido para recuperar la visión y la felicidad sin causa, no es para el ego, hay que ir a la raíz del Ser, está mucho más allá de estas palabras, es único, personal e intransferible, está dentro de uno mismo. 

 

¡Gracias!