Toda la experiencia es la iluminación, es un asunto de luz y amor con la existencia. Todo lo que se manifiesta y se experimenta en lo personal es para el despertar de la consciencia humana. A todos, la Vida, nos regala la misma invitación, que se acepta o se rechaza, no hay más. Aunque todos seamos la misma Vida, siempre presente, la invitación es personal e intransferible, está al alcance de todos, no hay ni que rezar para aceptarla, está siempre ahí, en el centro de cada corazón humano, no es exclusividad de nadie. El despertar de la consciencia no es para unos elegidos o para los más buenos, los más santos o los místicos, si se quiere trascender lo ilusorio, simplemente hay que estar abierto a la posibilidad de que la liberación de la mente humana suceda, hay que tener el valor suficiente para asumirnos tal como somos, sin ayudas externas de nadie.

 

No hay suficiente Luz ni suficiente Amor si sólo amamos y asumimos una de nuestras dos polaridades. Cualquier ser de la naturaleza se asume tal como es, es NoDual, a excepción del ser humano, porque el humano es el único ser de la creación que puede hacerse consciente de que vive en él la Unidad, Eso que ES, eso que la humanidad ha llamado Dios. Sólo con la ayuda de la Vida ¡siempre presente! que se experimenta a sí misma, podemos liberarnos de todo lo fantasioso, de aquello que llamamos tinieblas u oscuridad. La Unidad viviente no excluye, no divide, ni separa, es todo lo que es y todo lo que no es, todo lo conocido y todo lo desconocido.

 

El peor enemigo del hombre, el peor de todos, se llama "yo mismo”. El Ser humano lucha consigo mismo para ser de una determinada manera, pretende ser más bueno, más divino, más santo y más especial que la unidad viviente, que la Vida siempre presente, simplemente quiere ser diferente a cómo lo ha creado Eso que Es. Vive desparejado, disconforme, contrariado y enfrentado consigo mismo, con lo que Es, con su auténtica naturaleza original, y casi siempre desafía o reta a la unidad, a eso que la humanidad llama Dios, le reza y le suplica porque se enfrenta, excluye y rechaza lo que ES, lo que se le manifiesta,  implora a la unidad viviente que ya le sucede, porque divide y separa lo que la Vida le presenta.  Ahí está el dilema o el drama eterno de la humanidad, porque el olvido mismo de nuestra auténtica naturaleza, de  lo que en verdad somos, el rechazo del Ser siempre presente, tal como Es, es la causa de toda violencia, de todo mal, de toda tiniebla, de todo caos, de todo conflicto y de toda guerra.

 

Nuestro verdadero Ser es puro, inocente, jamás ha sido un pecador, jamás ha incurrido en la irresponsabilidad, porque no hay en Él error ni pecado, ni meta o dirección, hay en Él divinidad, Presencia y perfección, y sobre todo ausencia de conceptos y palabras, porque es sabiduría infinita, es silencio eterno del cual fluye el amor incondicional. Jugamos con las palabras que el aparente mundo nos regala para ver y comprender más allá de ellas, pero jamás alcanzaremos la comprensión lúcida si nos quedamos con lo heredado y aprendido, debemos ir más allá de lo intelectual para conectar con nuestra sabiduría innata, si queremos erradicar lo ilusorio, si queremos ver y reconocer a nuestro peor enemigo, (yo mismo). Nuestro diminuto yo, defiende un limitado punto de vista ante esta basta inmensidad que llamamos la Vida y, precisamente, es la causa de todo sufrimiento humano. Nuestro auténtico Yo está siempre presente, totalmente liberado, realizado y completo, no debe defender nada porque no precisa satisfacer necesidades personales.

 

Para ver y comprender lucidamente, más allá de la mente ilusoria, simplemente debemos rendirnos profundamente, aceptar nuestra pequeñez, no importarnos ser simples herramientas de uso y disfrute de la Vida, puesto que, en nuestra rendición íntima y profunda, es cuando vemos y comprendemos que, en nuestra diminuta e insignificante comprensión, está la grandeza absoluta del Ser que en verdad ya somos.   Para fundirnos con el Ser, uno debe abrirse a la posibilidad de que la Vida trascienda lo ilusorio, a la maravilla eterna de lo que Es, para permitir que la liberación de la mente se produzca, sólo así podemos recuperar nuestro auténtico hogar, la Presencia, sólo así se nos da otra oportunidad para  poder vivir sin sufrir, con la dulce y dichosa libertad del Ser.

 

La NoDualidad significa asumir la unidad viviente, ver y comprender que no existe separación, división y fronteras con nada ni con nadie, puesto que no somos simples personajes como hemos creído ser, somos Eso que Es, eso que la humanidad llama Dios. Eso que ES sueña un personaje por el cual nos tomamos, personaje que acaba siendo el peor enemigo del hombre porque, aunque el sueño del ilusorio personaje parezca real, jamás podemos comprender o ver lucidamente si no vamos más allá de él. En el siempre aquí, en el siempre ahora, nuestro pequeño yo no tiene nada que hacer, no puede alejarnos o acercarnos más de nuestro verdadero Yo, de la Presencia Consciente del Ser, de lo que en verdad ya somos, totalmente indefinibles, totalmente divinos y liberados.

 

Somos la misma Luz y el mismo Amor. La Vida es magistral, ¡siempre!  jamás incurre en error, sólo hay que estar dispuestos a la posibilidad de que la visión lúcida nos suceda, nada más, puesto que es la forma natural de vivir y de ver las cosas tal como son, nada que ver a como las imaginamos. La visión del auténtico Yo, de  Eso que Es, es a lo máximo que podemos aspirar como seres humanos.