¿Qué es el amor incondicional? ¿Un compromiso, una relación, una emoción, un sentimiento, un saber, un conocimiento, una energía concreta, un estado concreto? Primero decir que hasta que uno no reconoce plenamente quién o qué es, no se puede realizar el Yo,. Hasta que no se haya recuperado la auténtica naturaleza original, lo que llamamos “mi vida” puede ser gobernada por el miedo a vivir, porque vivimos con miedos absurdos que pueden llegar a ser sensaciones sagradas en la Presencia del Ser. No podemos recuperar la visión para ver con total lucidez y fundirnos en el amor incondicional hasta que no dejamos de buscar. Con miedos a la Vida es imposible fundirse con el amor incondicional. Todo miedo es miedo a uno mismo, pues tenemos pavor a perder las cosas que alimentan el impulso de seguir sobreviviendo para alimentar la imagen que tenemos de nosotros mismos, o para continuar buscando logros personales, sin ver que lo que más se anhela recuperar es la impersonalidad de la Vida,  la Presencia del Ser.

 

Las cosas que uno teme pueden ser inacabables, porque si un miedo se va, aparece otro en su lugar. Hasta que no se pierde el miedo a vivir, el miedo está haciendo su función, nos aparta de la presencia del Ser, de la Consciencia que ya es consciente de sí misma. Si hay consciencia presente, Luz, ¿a que puedo temer? En la Presencia el miedo es visto con total lucidez. Si la historia que me cuento hace acto de presencia, tantas veces como sean precisas, ya no engendra miedo, porque al aceptarla y al verla con la Luz de la Presencia, descubro que lo que queda después es una sensación en el cuerpo, por supuesto puede ser muy cruda, pero es vida manifestándose, que si no la etiqueto de buena o mala, simplemente ES hasta desaparecer. Cuando la dejo ser, cuando la permito sin personalizarla, deja de invadirme la consciencia y sencillamente puede ser, puede ocupar su espacio sagrado en la existencia, como lo puede ocupar una alegría, exactamente igual. Cuando ya no lucho contra lo que Es, contra cualquier sensación vital, sea miedo, sea ansiedad, sea lo que sea que le suceda al cuerpo, simplemente admitiendo que en el cuerpo no hay un personaje, queda vida siendo vida. Al no excluir nada de lo que le suceda al cuerpo, lo que sea que aparezca puede tener su propio espacio para moverse hasta desaparecer o quedarse el tiempo que haga falta. Sea lo que sea, es el regalo que puede llevarme a la Presencia del Ser. Al evitar lo que mi mente llama el mal o sufriento y al desear únicamente que me suceda el placer, divido en dos mi auténtica naturaleza original. Si rechazo el mal, si lucho o excluyo lo que Es, lo que hago es generarlo de nuevo, porque al no aceptarlo debe hacer acto de presencia el miedo hasta ser visto por la Luz de la Presencia. El mal, en realidad, es una ilusión, porque cuando no lo rechazo lo que queda es una sensación vital, vida siendo vida dentro de este espacio vasto de la Consciencia que yo soy, que únicamente sucede para el equilibrio constante de ambas polaridades que generan Luz. No soy dos luces, soy Una.

 

Si, por inadecuado que pudiera parecer esa forma de proceder de la consciencia de Unidad, a eso se le llama amor incondicional, no excluir ni rechazar nada de la propia manifestación, incluso cuando sucede el rechazo debe ser permitido sin etiquetarlo de malo, si excluirlo o divirlo. El amor incondicional es permitir que la existencia sea tal como es. Eso es la auténtica compasión, porque hasta que uno no se incluye en la compasión profunda del Ser siempre presente, no podemos hablar de amor incondicional, ni tampoco de serenidad, tranquilidad, paz, iluminación o calma interior ante cualquier adversidad que le suceda a uno. El amor incondicional es lo que permite que la alegría sin causa sea, porque mientras no sé quien soy, estoy perdida o confundida con miedos y sufrimientos absurdos, porque me siento dividida en el mundo aparente de mi creación y por supuesto separada de la fuente de todas las cosas.

 

La Presencia es nuestra naturaleza eterna, al estar siempre ahí, siempre ahí, es nuestra auténtica Luz, pero la interrumpimos la mayor parte del tiempo al vivir en un estado de expectativa, motivada por el intelecto que está siempre a la espera de un mal, puesto que quiere gobernar y comprender lo que no se puede gobernar ni comprender. La mente genera nuestro sueño de amor. Como personas no estamos casi nunca en la Presencia, pero para redescubrir nuestra auténtica libertad, es fundamental que todas nuestras sensaciones sean permitidas por igual, porque es la única posibilidad que tenemos de regresar a la Presencia. Sólo puede hacerse la unificación de ambas polaridades, permitiendo lo que Es, porque en lo que Es, es donde reside la vida espontánea y la auténtica libertad del Ser, es dar la bienvenida a todo lo desconocido, a la sabiduría innata del no saber. Sólo en la Consciencia Presente, la maravilla de lo que es, puede liberarse de la falsa imagen que uno tiene de sí mismo, es cuando sucede la liberación de la mente personal, porque lo que personalizamos o rechazamos es lo que impide que el amor incondicional del Ser fluya. No somos personajes con una historia muy importante en la cabeza, somos la Vida que trasciende cualquier historia o sueño de amor.

 

Cuando hay suficiente valor para que la Vida que ya somos, se libere a sí misma de lo conocido y superfluo, de repente uno descubre que somos la única fuente que hay, la única inteligencia y constante que hay, la fuente creadora de todas las cosas. La Presencia no debería ser confundida con el tiempo, con ser ahora mismo, o con ser aquí y ahora, no es una cosa que pueda enseñarse o hacerse para la persona en el tiempo, es un proceso continuo, íntimo, directo, sencillo, ordinario y muy claro que va más allá del tiempo y lo personal. Es una cualidad de acoger abiertamente todo lo que es y todo lo que no es, para acabar simplemente con la maravilla eterna de lo que Es.

 

El amor incondicional es un desprendimiento de ese algo o de ese alguien que creemos ser, la persona consciente de las cosas que ocurren en el aparente tiempo que no existe, para quedarse únicamente con la Presencia del Ser. Todo ES sin el deseo de llegar a ninguna parte, sin expectativas, sin necesidad de juicios o prejuicios, sin necesidad de comprender lo que no se puede comprender, sin necesidad de conseguir logros personales. Vivir sin miedo es dejar la vida al  Ser, es permitir que suceda lo que sea sin más, porque la Presencia o la Vida es lo que somos, la Luz en la oscuridad. Toda tiniebla es iluminada por la Luz de la Presencia.

 

La Presencia es sin esfuerzo, sin lucha, sin control y sin manipulación, está más cerca que el respirar o el caminar, sólo puede ser admitida cuando dejamos de buscarla para ser reconocida, si no la interrumpo no puedo hacer otra cosa que dejarla suceder, nada sería sin la Presencia. El amor incondicional es no rechazar nada de lo que sea que suceda en la consciencia. Cada uno es la fuente de su propia creación o manifestación. Más allá de la persona por la que nos tomamos que divide, excluye y rechaza, cada uno, en la Presencia, es amor incondicional. Todo es apropiado en la Presencia, no ha habido jamás error, es darse cuenta íntimamente de esta maravilla que nos abraza a todos por igual, con el mismo amor. Todas las cosas o todas las formas de vida que hay fluyen gracias al amor incondicional, pero sólo a los corazones nobles que han hecho de todo y más para encontrarlo, se les da una segunda oportunidad para que puedan fundirse en el amor puro del Ser.

 

El mundo es ilusorio porque es lo que VIVE de pasados y de futuros, de conceptos aprendidos para movernos en lo que no es, en el sueño, es la oscuridad intelectual que personalizamos. La Presencia es la única Luz, inteligencia y constante que hay, es lo que todo ser humano está impulsado a buscar hasta encontrarla, porque consciente o inconscientemente tenemos plenamente aceptada toda la experiencia. Todos somos amor incondicional en movimiento, permitiendo consciente o inconscientemente, al único Ser  que lo impulsa todo. Sólo hay Vida siendo vida. Nadie que tenga o viva una vida. Es la Vida la que se busca a sí misma y lo hace soñando al personaje que imaginamos ser.  En realidad, vivir es lo más sencillo del mundo que hay, es darse cuenta que jamás podemos dar un solo paso sin la Presencia abierta y acogedora, sin el amor incondicional del Ser siempre presente que lo abraza todo por igual. Cuando muere un cuerpo simplemente la historia divina ha terminado, el escenario desaparece, ha acabado el sueño hipnótico de la división que se ha representado, nadie debe pasar por ningún proceso de purificación, todas esas ideas de una vida venidera, de la reencarnación o de un más allá que se implantan en la mente personal, simplemente son ilusorias, es ignorancia de la inteligencia divina descubriéndose o experimentándose a sí misma. Podríamos decir que cada uno ya tiene asegurada su estrella en el firmamento, el infierno no existe, es lo ilusorio, es el propio sueño sin trascender, que sólo puede trascenderlo la Vida, ninguna persona está capacitada porque la simple idea de ser personas que viven alejadas de la fuente  es lo que más lo impide.  Si no se acepta la propia invitación para descubrirlo, es igualmente santificada toda la experiencia, sea incluso un ladrón o un asesino, todo es la Unidad. La Vida es lo que somos, no lo que creemos ser. Cada uno de nosotros es la Vida, Luz en la oscuridad, amor incondicional en movimiento hasta recuperar el paraíso eterno, lo que en realidad no hemos dejado de ser. Todo es Luz y Amor.