Del odio al amor.

 

Hay periodos de amor natural, y hay episodios de odio aparente; una linea invisible lo separa. Todo es AMOR.

 

Si uno va profundizando en su Consciencia, y se pregunta ¿”quién” es el que ama o el que odia? ¿Quién es el que posee el tráfico de emociones, sentimientos o sensaciones que aparecen de la Nada y desaparecen en la Consciencia? ¿Quién es el que experimenta el dolor emocional o físico? ¿De dónde viene cualquier sentimiento o emoción?

 

Una vez hay una dedicación plena a LoQueEs, todo devine una auténtica espiritualidad o meditación. No hay que parar la mente, ni deben desaparecer los pensamientos o emociones, no hay ninguna razón por la que uno deba cambiar los sucesos impersonales que le suceden en la consciencia. Solo con ver que cuando uno hace una pregunta, el uso mismo de la palabra en voz ya es la expresión de lo infinito, no se necesita la respuesta, porque lo que se responde, la mayoría de veces, es una negación a lo que ES. No se necesita la respuesta, pero su escucha, si es que sucede, es también la expresión de lo infinito, de lo desconocido del Ser.  Todo es Ser, no hay nadie que pueda hacer que LoQueES sea distinto a como Es.

 

Si la emoción o sensación que aparece en la Consciencia es odio, no debe cambiar por nada ni por nadie, en absoluto. No debe desaparecer antes de que la mente pueda poseer dicha emoción o sensación. El odio mismo (rabia, resentimiento, rencor, rechazo, miedo, etc.) conduce al amor incondicional. Todo es amor si se ve como LoQueES. ¿Quién es el que odia, si en lo infinito del Ser no hay nadie que pueda odiar a nadie? En el instante presente, en el siempre ahora, no hay tiempo ni personajes, sólo hay Vida. Sólo siente odio el ilusorio yo, porque se ha tomado la existencia como algo personal. El odio no es malo si lo asumimos y permitimos que se libere por sí mismo, asumiéndolo, sin que sea  tomado como una energía inútil en lo personal, con lo cual el odio puede estar ahí, entrando y saliendo de la Consciencia como una emoción más.

 

El buscador no puede buscar algo mejor a fin de descubrir al no buscador.  La Vida es como ES, no hay ni que buscarla, ya ES. No obstante, la experiencia de cada uno es única y exactamente apropiada para cada uno, eso es el golpe de ingenio del Ser. Yo no tengo que aceptar la invitación de nadie, ni la experiencia de nadie, ¡sólo faltaría! y si eso incluye sentir odio, entonces eso es lo que acontece para mi mejor bien, para ir más allá de las emociones y los sentimientos que son de nadie, que mi mente se apropió o poseyó.

 

Todo lo que está aconteciendo en el exterior, es metafórico, es para vernos en la Consciencia, tal como somos, tal como pensamos, tal como sentimos; todo lo que está aconteciendo aparentemente en el mundo de la imagen, es la propia manifestación,  la propia invitación, incluso morderse las uñas si sucede, jugar si sucede, sentarse a meditar si sucede felizmente, dormir, comer deprisa o lentamente, lavarse las manos, hacer las necesidades en el baño, aburrirse, no hacer nada,, etc. Es sólo la intención del ilusorio yo, con su expectativa para que la Vida sea diferente, poner ideales a las cosas y sucesos, lo que obstaculiza nuestra auténtica comprensión.

 

Si a lo largo de la aparente experiencia me he sentido rechazada y odiada por mi aparente padre, es normal que el odio y el rechazo esté ahí, no hay un tu separado de un yo haciendo nada, no debo hacer nada para que desaparezca la sensación de odio, sí o sí, antes de que emerja la comprensión. Tal vez, ese supuesto padre se empeñó en personalizar la existencia, lo que es de nadie, se empeñó en amar lo que no quiso, no supo, o no pudo amar, y, la aparente hija, por amor a la Vida, lo tomó como suyo. El odio es impersonal, no es ni mío, ni suyo, ni tuyo, debe permanecer hasta que la comprensión lúcida pueda emerger a la luz.

 

El amor es comprensión. La ignorancia es odio. Todo lo que no es conocimiento lúcido, todo lo que no emerja de la raíz del Ser, está muy lejos del auténtico amor.

 

La profunda ignorancia no es amor. El amor incondicional lo ama todo, todas las formas de vida que aparezcan y desaparezcan en la propia invitación. Yo no tengo que amar a nadie porque cada uno es nadie apareciendo y desapareciendo en la Consciencia, cada uno es el amado, lo infinito del Ser. Tampoco debo perdonar a nadie porque el perdón ya es inherente a todos, desde siempre y para siempre sólo hay Ser, totalmente impersonal. Todo es el amado que todos buscamos más allá de la mente que personaliza la existencia.

 

Después del despertar lo que hay es Vida, únicamente Vida, sin nadie que pudiera haber logrado algo por sí mismo, ningún suceso. Yo ya no puedo hacer nada por ti, ni por mí, ni por nadie, simplemente puedo compartir este conocimiento que es inherente a todos y que apunta hacía lo que ES, porque así sucede, no porque lo elija yo, sabiendo que la mente no lo puede comprender, únicamente debe escucharse la resonancia en el corazón.

 

Yo, tal como ahora yo soy, no puedo adjudicarme, ni para bien, ni para mal, los sucesos que acontecen para nadie. Simplemente yo soy lo que Yo Soy, ni mejor, ni peor que tú, ni que nadie.

 

Cuando la Luz del Ser, de la Vida, abraza la propia oscuridad, la necesidad de pedir ayudas externas va disminuyendo paulatinamente, pero no acontece la plena realización del Yo, hasta que uno no se funde con el Ser. Entonces la Luz disipa el odio y lo transforma en conocimiento, en auténtico amor.

 

¡¡Gracias!!