Conoce el Ser tal como ES en ti. En otras palabras, cumple con tu compromiso de amor incondicional en la Unidad,  con lo que está en todos los seres de la humanidad.

 

Si te compadeces de la humanidad o del mundo aparente, pero no te incluyes a ti en la compasión, no puedes decir que eres comprensivo ni compasivo con todos los seres humanos. No hay altruismo, ni piedad, ni sensibilidad, hasta que uno se reconoce tal como es, en su totalidad.

 

La capacidad de resistir, la valentía de asimilar y la madurez de aceptar profundamente las cosas tal como nos suceden, sin ir en busca de soluciones externas, sin necesidad de pedir favores, sin necesidad de ayudar para no verse uno mismo, no es otra cosa que aceptar la propia invitación personal e intransferible tal como nos la presenta la Vida, para verse y reconocerse uno mismo en su totalidad. Si uno se adapta a un mundo profundamente necio y enfermo para seguir con la imitación, es más de lo mismo, es querer permanecer dormido con siglos y siglos de drama eterno sin fin, sin trascender. Nunca deberíamos intentar imitar a otro, ni seguir sus pasos, pues cada uno tiene su propia invitación, única e intransferible, para recorrer la propia manifestación con los propios pasos. Tu invitación no es la mía, ni la mía debe ser la tuya.

 

Una vez que has recuperado tu auténtico caminar, tu auténtico YO, ya no tienes que hacer otra cosa que dejarte llevar o dejarte sorprender en la aventura del vivir, ya puedes quemar todos los libros, todas las enseñanzas y todas las estampas, puedes deshacerte de todas aquellas cosas que en realidad sólo sirven para permanecer ciego ante el drama y la vida, sencillamente es un dejarse llevar hacía la liberación de la mente. Una vez que has encontrado al auténtico Ser ya nunca te apartes de Él.

 

Tu historia personal es conveniente para ti, es exclusiva; no le conviene a nadie más, a ningún otro ser humano, simplemente tienes el compromiso real con tu experiencia, no con la mía ni con la de nadie más, únicamente es a través de ella cuando te das cuenta que la verdad inalcanzable es vida siendo vida, vida en movimiento, vida ordinaria y espontánea, vida que no tiene lugar concreto donde reposar. No hay templo, ni monasterio, ni religión, ni maestro, ni libro, ni enseñanza ni personaje que te pueda conducir a la verdad inexpresable.  Simplemente ESO tan vital en ti, es lo que eres realmente, y Eso está en tus miedos, en tu resentimiento, en tu rencor, en tus mentiras, en tu odio, en tus vergüenzas y venganzas, en tus ansiedades o agonías, en tus enfermedades o locuras. La real compasión sucede cuando hay comprensión lúcida de que tu eres todo eso que no querrías que ocurriese, se moviese o sucediese en ti, absolutamente todo, sea lo que sea que cada ser humano o cada cosa de la existencia pueda despertar en ti, es únicamente para el despertar, para verte tal como Eres. Sólo puedes comprender la Unidad si sabes verlo todo tal como se manifiesta a través de ti, sin juzgarlo, sin condenarlo y sin rechazarlo.

 

Toda forma que intentas dividir, excluir, rechazar o separar engendra total conflicto, muchísimo más del que puedas imaginar, porque insistes en la Ley de los opuestos, en en drama, sin ver que eres el responsable único, no sólo de ti, sino también de tus hijos y de toda la humanidad, porque mientras no lo comprendas profundamente, no solo con palabras imitadas o heredadas para lo intelectual o personal, sino con la experiencia íntima y profunda, deberás sentirlo todo en tu propio cuerpo, con la propia carne según tu visión limitada de la vida. Se trata de ver tus fallos, tus manías, tus adicciones, tus miedos, tus apegos, tus límites, todo lo que no soportas ver en los demás que en realidad te están apoyando a reconocer ESO que ES ya en ti. Si no reconoces tu totalidad llamarás karma, camino, cruz o sacrificio a la propia ceguera e ignorancia, y seguirás apoyando el caos, el drama y la guerra de ese gran conflicto mundial organizado.

 

Si quieres acabar con el drama eterno, debes recuperar la comprensión lúcida que sucede sólo con la más profunda rendición y aceptación de uno mismo, que es cuando uno deja de buscar y lamentarse. La observación profunda de uno mismo, importa muchísimo más que cualquier respuesta a preguntas necias para seguir perpetuando la dualidad de un drama interior no trascendido.

 

No debe cambiar nada de nada en absoluto, sencillamente contemplando la existencia inmutable y divina en el interior, te reconocerás a ti mismo. Si sólo contemplas la existencia exterior la llamarás Dios, pero si lo ves lúcidamente en tu interior lo llamarás Yo mismo, puesto que cada uno es el auténtico Yo, la misma realidad que hay en ti, en mí, o en él, y en todo. Yo Soy Eso que ES, tú Eres Eso que ES, la máxima realidad. Incluso en las muertes o en las guerras, en las enfermedades, o en los más caóticos de los dramas, recuérdate a ti mismo yo soy el Yo SOY, yo soy Eso que ES, simplemente Yo Soy este instante tan vital, tan vivo y presente. Nada ni nadie puede mover al auténtico Yo Soy, porque es la única constante y la única fuerza Universal que se manifiesta, con la única Ley Universal que hay, que no es una ley humana, ni un poder humano, ni una libertad humana, todo está muchísimo más allá de la mente que personaliza la existencia.  Que el ser humano tenga pavor a esa fuerza es porque ha imaginado que él no es Eso que ES, es porque ha dejado de confiar ciegamente en la única fuerza Universal, en el milagro máximo, en el milagro constante donde suceden todos los regalos, todos los dones y todos  los milagros.

 

La verdadera humildad es comprender que soy todas las cosas, a partir de ahí es cuando uno ya puede suplicar al Ser siempre presente su segunda oportunidad, porque asumirse en la Unidad, tal como uno ES, es la auténtica moral para el mundo, el auténtico amor a la Vida, la verdad de todas las verdades y el AMOR de todos los amores.

 

Amando nuestras más profundas miserias humanas, nuestras dos polaridades por igual, hallamos la auténtica humildad y la auténtica compasión. Sólo así podemos redescubrir la grandeza absoluta de nuestro auténtico Ser. Yo soy tu mismo. 

 

Simplemente recuerda una simple comprensión lúcida: Todos los templos exteriores se mantienen erguidos para que veas más allá de la imagen, para que comprendas que a lo largo de los siglos nadie ha podido salvar el drama eterno de la humanidad rezando o suplicando para que se nos aleje del mal.  La Unidad los mantiene así de impresionantes para que no te dejes impresionar más, porque aunque en las religiones organizadas y en los maestros organizados, haya la esencia de la verdad inalcanzable, las mismas palabras e imágenes, sus propias enseñanzas duales y excluyentes para personalizar la existencia, ya la ocultan y nos confunden, nos separan y nos oscurecen a más no poder, es así como debe ser para poder dejar de buscar fuera de uno mismo. Todas esas luces moviéndose entorno a esos templos exteriores, llámalas: maestros, alumnos, seguidores y adeptos, justos o pecadores, buenos o malos, no hacen más que crear las propias tinieblas, que el corazón del Ser las cruza para que podamos liberarnos de la propia ilusión y ceguera si nos asumimos tal como somos. Cuando dejamos de buscar al exterior podemos regresar al auténtico hogar, a la Presencia del Ser. El templo sagrado está en el interior.

 

En la Presencia del Ser, cada cosa, cada instante, cada ser, cada sentimiento, cada sensación, cada situación es un regalo. Todo es un regalo bellísimo que únicamente se puede aplaudir y agradecer.

 

¡Gracias!