¿Cómo dejar de sufrir?

 

Sólo es muy fácil para aquel o aquella que realmente quiera dejar de sufrir, para los  que imaginan que la vida tiene algún tipo de sentido o propósito, seguirá siendo muy complicado o muy difícil.  Así de claro.

 

Normalmente se sufre para no tener que asumir la propia ceguera o ignorancia conscientemente, por miedo a vivir felices, por miedo a ver que la vida es sabia en todo momento, por miedo a evidenciar que jamás incurre en error ¡jamás!  Por decirlo de alguna manera, sólo sufren aquellos que creen que la vida necesita ayudas o necesita de un diminuto o limitado punto de vista dual, totalmente ilusorio, totalmente distinto a todos los demás.

 

Cuando se ve la vida con la visión lúcida, que es la forma natural de ver y percibir las cosas, te das cuenta que el sufrimiento es opcional. No hay ningún animal de la naturaleza o ningún ser de la creación, a excepción del ser humano, que incurra en el sufrimiento o en el misticismo para salirse con la suya. ¿De qué nos sirve el sufrimiento? ¿De qué nos sirve la mística?  De nada, simplemente para decepcionarnos y poder acabar con lo ilusorio. Si no queremos manipular, enseñar, ayudar o controlar a la vida, si no queremos divinizar a la unidad, más de lo que ya es, se acaba el sufrimiento. Por supuesto puede aparecer un dolor en el cuerpo, pero al ver que no hay nadie en el cuerpo, puesto que un organismo corporal es una simple herramienta que utilizamos para poder vivir gozando de este paraíso, ya no hay algo o alguien que sufra en el cuerpo. Cuando ha desaparecido la ignorancia del personaje ilusorio por el cual nos tomamos, sólo hay inteligencia infinita en movimiento. Cada ser humano es Vida, vida que se mueve y cambia espontáneamente.  En cada organismo corporal hay una inteligencia o sabiduría infinita, pero al creer que la Vida necesita ayudas o favores de personas duales e ilusorias para poder vivir en paz o plenamente felices, hace que se siga perpetuando la rueda eterna del sufrimiento colectivo humano.

 

Sufrir es completamente inútil, pero al no verlo creemos que es imprescindible para evolucionar. Es justo lo contrario. La Vida, totalmente impersonal, desde siempre y para siempre ya está liberada y es felicidad sin causa, ya está realizada y totalmente evolucionada, se vive a sí misma, se experimenta a sí misma a través de la Luz que está siempre presente, pero nuestra mente lo ignora porque está a años luz de la Luz, siempre está viajando entre recuerdos y anhelos, sufre porque imagina o deduce que vivir es algo muy importante,  algo muy dificil, muy serio o muy personal.   Todo fluye, excepto la mente humana que lo divide todo en dos porque personaliza la existencia.

 

Una mente útil y práctica que se ha liberado de lo ilusorio, ha madurado, con lo cual no se moverá de la Presencia, es una mente que no hará sufrir porque está en la unidad. En cambio, una mente dual, inútil, infantil, necia y caótica, se pasa la existencia explorando en las historias habidas y por haber, controlará, rechazará, dividirá y hará lo indecible para que no veas que la Vida no se ha movido de la Presencia. Una mente no trascendida prefiere revolcarse en el fango de la propia ignorancia, antes que reconocer que no sabe nada de nada de esta basta inmensidad que llamamos la vida. Precisamente, cuando te das cuenta de que no eres un puñado de pensamientos, porque eres la Vida que los ve aparecer y desaparecer, es cuando la naturaleza de la liberación de la mente sucede. Sólo cuando la mente se ha rendido al Ser siempre presente, es cuando se acaba con el sufrimiento inútil.  La Vida jamás contempla lo que ya está realizado, ¡jamás!, únicamente contempla y abraza lo que está sucediendo, la propia manifestación. Nadie es un personaje tal y como la mente nos ha hecho creer y muy inocentemente nos hemos creído. Somos Vida espontánea y natural, vida completamente sabia, liberada y feliz, pero al estar convencidos de que somos ilusorios personajes que se mueven en el tiempo, que pueden controlar la atemporalidad o que pueden retar a la Vida, vamos sumando ceguera e ignorancia no reconocida que, aparentemente, se hereda de generación en generación, puesto que es el propio relato personal lo que más nos separa de la realidad, de la verdad inexpresable sucediendo espontáneamente y magistralmente en el siempre aquí y ahora.

 

La Vida no es cosa de tener poderes mágicos, ni de ser más brillante, más bueno, más santo, más espiritual o más especial, tampoco es algo que deba servir sólo para el intelecto, precisamente cuanto más creemos saber, cuanto más inteligentes nos creemos, más lejos estamos de la comprensión lúcida, del corazón del Ser que está permanentemente conectado a la sabiduría infinita, inherente a todos.

 

Es más fácil que Eso que Es lo vea un niño pequeño que todavía no ha personalizado la existencia, que un autodenominado sabio, maestro o iluminado. Aquel que más cree saber más lejos está de lo que Es.  Los más sabios de la humanidad, los auténticos genios, todos han tenido que reconocer conscientemente no saber nada de nada de esta basta inmensidad. Hay que ser nada para recuperar la visión del todo, para dejar de sufrir inutilmente.

 

Cuando a un niño le cuentas que una flor se llama flor, que la hierba se llama hierba, y si le enseñas a conceptualizar un color, poniendo etiquetas de bueno o malo, o le dices que un cuerpo se llama padre o madre, ya nunca más verá lo que Es, ya se sentirá separado de ti y de todo lo demás, sufrirá inútilmente porque creerá que las cosas son conceptos, creerá que la Vida es cosa de enseñanzas y tradiciones o que hay que esforzarse para ser distinto a como se le ha creado. Hay que ir más allá de las enseñanzas heredadas o aprendidas si queremos recuperar la unidad, el don de poder ver y comprender espontáneamente, sin necesidad de enseñanzas duales y patriarcales.

 

Te va a revelar muchísimo más la naturaleza cuando la observas tal como Es, sin necesidad de conceptualizarla, mucho más que todas las enseñanzas duales, caducas y patriarcales que puedan existir en el mundo, puesto que únicamente nos sirven para confundirnos, para perder de vista Eso que Es,  sirven para sufrir y hacer sufrir inútilmente al ser humano.  Toda enseñanza dual, nos da a entender que como personajes debemos luchar para ser mejores o que debemos esforzarnos si queremos alcanzar la gloria, pero la idea misma de ser un personaje ya es totalmente ilusoria. Nada ilusorio puede ver su propia ilusión. La ignorancia jamás reconocerá que es ignorante. Hay que perderse uno mismo para recuperar el paraíso aparentemente perdido, sólo aparentemente, porque jamás hemos dejado de ser Eso que Es, siempre estamos en la Presencia, siempre estamos en casa, siempre estamos asentados en la gloria permanente, todo sucede en el siempre aquí, en el siempre ahora.  

 

¿Cómo dejar de sufrir? Viendo que no eres la mente o un puñado de pensamientos, viendo que no eres el cuerpo o el personaje por el cual te has tomado, viendo que el instante presente ya está realizado y es totalmente indefinible, viendo que no puedes ser antes ni puedes ser después, reconociendo profundamente no saber nada de nada de esta basta y maravillosa inmensidad, sumarte a la maravilla eterna de lo que Es, hasta que puedas fundirte con la Vida siempre presente que no has dejado de Ser.  

 

La auténtica belleza de la vida está en ver que no hay nada que uno deba comprender, ni hay nada por lo que uno deba sufrir o luchar, puesto que la Vida no tiene ninguna meta, ninguna dirección o propósito, está completamente evolucionada, realizada y feliz, en el siempre aquí, en el siempre ahora. Cuando dejamos de buscarla fuera de nosotros mismos, o cuando nos rendimos al Ser siempre presente, más posibilidades hay de poder fundirnos con lo que en verdad ya somos, la Vida. Jamás has sido algo o alguien maligno, siempre has sido Eso que Es, totalmente divino, amoroso e indefinible.

 

Todos los billones, billones y billones de años que la mente ve, al maginar que existen, están concentrados o contenidos en un solo instante de eternidad,  de Luz eterna siempre presente. Todo es una ilusión óptica y racional para la mente dual que pretende personalizar la existencia, todo es para el despertar de la consciencia, simplemente nos sirve para la realización del Yo. La Vida es la única constante e inteligencia que hay, se busca a sí misma inteligentemente, nos grita: ¡estoy aquí! pero no podemos hallarla hasta que no dejamos de buscar y nos rendimos al Ser. Todo lo demás son recetas y sucedáneos para soñar. Cuando por fin dejas de soñar con una vida rosada, mejor que ¡esta! más posibilidades tienes de que te suceda la visión. El despertar es vivir sin pizca de miedos absurdos, es permitir que la existencia sea tal como es.  ¡Magistral!