Cuando por fin se asume la unidad, ya no hay marcha atrás, ya no hay la posibilidad de vivir en la separación, de excluir, dividir o fragmentar lo que se manifiesta en la consciencia, ya no hay manera de separar la vida en dos.

 

A través del organismo corporal, ahora mismo, puedes sentir una sensación de vida, una sensación absolutamente vital y hermosa que llamamos yo existo, yo soy, esa sensación tan vital es únicamente Vida, es nuestra auténtica naturaleza original. Al aprender a conceptualizar la Vida, al ponerle palabras y nombres a todo sin ir a la raíz del Ser, copiamos y heredamos historias que creímos ciertas, e imitamos a los demás, confundiendo esa sensación de Yo Existo, de Yo Soy, con ser un personaje que tiene libre albedrío para vivir una vida a su antojo, una vida en propiedad, pensamos o creemos ser algo o alguien muy importante que puede mover la experiencia de vida como le apetezca, imaginando tener una vida separada de la existencia, de todo lo demás, de todo lo que se manifiesta.

 

Por un momento, deja que haga acto de presencia la imaginación, imagina que a una ola del océano algo o alguien le contase que debe luchar o esforzarse para cambiar su apariencia, su destino o su dirección, que debe ser mejor y más buena que las demás olas; imagina que le indicasen que debe existir con una línea imaginaria que separa el bien del mal, para implicarse con la exclusión, para señalar, criticar o juzgar las olas malas al presuponer que están separadas de las olas buenas; imagina que le explicasen que sólo hay que imitar y copiar a las aparentes olas maestras, como si ella no sucediese en el mismo instante, como si no fuese impulsada por el Océano, como si fuese distinta o fuese otra cosa cosa,  que le enseñasen a idolatrizar a olas más grandes, como si ella fuese imbécil o insignificante; imagina que soñase con llegar al éxito, con tener más prosperidad, más felicidad,  más salud, más divinidad o más de lo que sea, porque cree o presupone que no lo tiene, así se mantendría en el olvido que es océano, que es todo. Imagina que esa ola luchase contra corriente, contra lo que Es, no pararía de sacrificarse inutilmente.  Imagina que esa ola creyese que todo lo que le han contado es real, que debe luchar duro para llegar a ser la más buena, la más santa o la más importante del océano, como si no fuese la totalidad del océano. Cualquier información heredada o cualquier enseñanza aprendida y retenida en la consciencia de esa Ola, haría que personalizase lo que es impersonal, se esforzaría y lucharía contra el océano, contra ella misma, porque lo único que haría creyendo ser alguien con poder de elección o con libre albedrío, es intentar cambiar, controlar o mejorar lo que no se puede cambiar, el movimiento constante del océano de la Vida, lo espontáneo y natural, lucharía consigo misma para poder mejorar lo que ya es perfección, se vería totalmente separada del océano y de todas las demás olas, sentiría un vacío cada vez más intenso que la haría buscar algo mejor que lo que ya Es, creería que debe ser más divina o más espiritual que el mismísimo océano que, en realidad, ya Es, rezaría absurdamente y lucharía inútilmente consigo misma, existiría eso sí, pero creyendo que no es el océano, se esforzaría enormemente para cambiar la verdad inalcanzable,  lo que no se puede cambiar, alcanzar, enseñar, retener, poseer, empeorar o mejorar. ¿Puedes ver por un momento, lo que ha sucedido con la dualidad humana no asumida ni trascendida a lo largo de los aparentes siglos? Al imaginar que somos personajes, luchamos contra nosotros mismos, contra lo que no hemos dejado de ser, Vida Consciente, presente y constante, vida realizada, espontánea y natural, moviéndose a la perfección, impulsando olas, pensamientos, sensaciones, emociones, etc., en el siempre aquí, en el siempre ahora.

 

Todo en la naturaleza es NoDual. Si no nos asumimos tal como somos, de manera íntima, individual e intransferible, con nuestra luz y nuestra sombra, con todo lo bueno y todo lo malo, no podemos evidenciar lo que jamás hemos dejado de ser, ni comprender que todos los personajes soñados por la Vida son lo mismo, exactamente lo mismo, una ilusión, olas, apariencias, simples olas impulsadas, soñadas y creadas por la Vida, olas que no dejan de ser Vida moviéndose, olas dirigidas e impulsadas por lo que en verdad somos, olas para la realización del auténtico Yo. En realidad, la creencia de ser personajes, sólo es una creencia, porque lo que en verdad somos, VIDA, no se ha movido de ahí, de la Presencia.  

 

Esa extraña sensación que habita en el cuerpo humano, ese raro sentimiento de propiedad, desaparece por completo cuando te das cuenta que cada uno ya es la realidad máxima. No hay ni que hacer esfuerzos para ver que la Vida es todo lo conocido y todo lo desconocido, no hay ni que rezar para evidenciar que está siempre ahí, siempre presente. Es tan evidente que sólo hay Vida siendo Vida, Vida impulsando olas, es tan evidente que la Vida es todo lo que se manifiesta. Es tan obvio que la Vida no necesita ayudas externas, ni precisa enseñanzas, ni nadie que le enseñe a ser lo que ya Es, es tan palpable que la Vida lo impulsa todo y lo consiente todo, es tan evidente que nos grita más fuerte que cualquier otra cosa: deja de buscar, estoy aquí mismo.

 

Cuando se asume la unidad, vas viendo toda la manifestación tal como Es, NoDual. Cada cosa, cada ser, cada momento, cada escena es impulsado por el mismísimo Océano que yo soy. La Vida siempre presente lo acoge todo, lo abraza todo sin excluir nada de nadie, puesto que a nadie excluye ni separa, tampoco divide en dos lo que ya Es. Y, precisamente, Vida es lo que somos, la máxima verdad, la máxima realidad, lo que no se puede definir ni alcanzar. Nadie tiene una vida en propiedad, ni nadie vive una vida por la que se deba enfermar, sacrificarse, morir o matar, somos la Vida, absolutamente liberada, realizada e inmortal.  No hay nadie en el cuerpo. Ese efecto de imaginar que sí, de que en el cuerpo habita un personaje con una historia muy importante, un personaje con poder de elección, sólo es un juego magistral e inteligente de Luz y Amor, un vaivén de olas que nos sirven para el despertar de la Consciencia humana. Nada más. El Sol es vida, no tiene una vida en propiedad, un elefante es vida, no vive una vida, una flor es vida, no imita a las demás flores, una abeja es vida, no necesita ayudas externas, un río es vida, fluye a la perfección, todo es Vida en movimiento constante, todo lo es.  Todo es No dual, excepto la mente humana porque aprendió a personalizar lo impersonal. El olvido mismo de nuestra auténtuca naturaleza original ha hecho que la  herramienta de pensar, que debería ser de uso y disfrute de la Vida que ya somos, vea problemas donde no los hay. En la Presencia del Ser, sin relatos absurdos en la cabeza sobre pasados inexistentes o sobre el bien y el mal, simplemente hay lo que Es, una maravilla..

 

La rueda del sufrimiento humano o el drama eterno de la humanidad, es dar protagonismo al  falso personaje, a la dualidad humana, para seguir imaginando o creyendo que somos propietarios de la existencia, propietarios muy importantes que dan rienda suelta a la imaginación para seguir en la separación, no asumiendo nunca la unidad viviente tal como Es.  

 

Ni todo el oro del mundo puede comprar esa dulce libertad y esa profunda paz que se siente cuando te has fundido en la unidad, cuando recuperas la visión de lo que en verdad somos. Por más que reces e implores, por más que medites para que la mente se aquiete, por más que busques recetas y sucedáneos mágicos para sentirte más y mejor, por más que imites y copies de tus ídolos o maestros, si no te asumes tal como eres, si no asumes la unidad viviente en ti, seguirás con el mismo drama eterno de siempre, con un sueño hipnótico metido en la consciencia hasta que puedas, o no, asumirte tal como eres, seguirás con un miedo absurdo metido en el cuerpo, viendo fantasías, fronteras y separación con todo, con lo que en verdad ya eres.  No debes cambiar, debes asumirte, ser tal como ya Eres. La naturaleza de la liberación de la mente sucede cuando uno se abre a la posibilidad de ver la vida tal como Es, no tal como uno la sueña o la imagina. 

 

Así es, así ha sido, y así será. O rompes con la falsa idea de ser algo o alguien muy importante que puede controlar o manejar la Vida a su antojo, intentando cambiar lo que no se puede cambiar, y asumes sin ayudas externas de nadie la unidad viviente en ti,  todas tus olas, todad tus luces y tus sombras, hasta que la mente se haya liberado por completo y así puedas ser feliz, o sigues sufriendo inútilmente creyendo que algún día, el personaje ilusorio por el cual te tomas, lo conseguirá, imposible que lo consiga porque es ilusorio. No hay más. La felicidad sin causa, no puede ser comprada ni poseída, está al alcance de todos, está aquí mismo, siempre está presente, pero uno debe estar dispuesto a ser feliz, a liberarse por completo de lo ilusorio, debe estar dispuesto a dejar de sufrir y hacer sufrir inútilmente para siempre. La Vida sucede magistralmente en el siempre aquí, en el siempre ahora, es tan evidente que la Vida está siempre presente.

 

O ves que eres la realidad máxima, la Vida siempre feliz, siempre presente, o te pasas la vida imaginando que pululan por el espacio espíritus con alas, ángeles, demonios, extraterrestres, cielos, infiernos o santos, imaginando absurdamente que existe el karma, reencarnaciones, un más allá o un dios riguroso que puede empeorarte, ayudarte o salvarte. Ya estás a salvo en la Presencia del Ser, ¡siempre! sólo hay que estar dispuesto a verlo. 

 

La felicidad sin causa está a un paso de ti, ábrete a la lucidez y deja de soñar con una vida rosada, mejor que ¡esta!, más maravillosa que la que se nos regala a todos, a cada instante, totalmente renovada, liberada y realizada. No tienes ni que esforzarte, ni debes asumir la ilusión o la mochila de nadie, cada uno tiene su propia invitación que se acepta o se rechaza,  todo está realizado y  pensado mucho antes que el personaje por el cual nos tomamos pueda personalizar o reinterpretar la existencia. Tu, al igual que yo, Eres la Vida, nadie tiene una vida en propiedad. Todo lo que no es evidente, que no esté presente, es ausencia de Luz, es de la naturaleza de un sueño, dulce inocencia si sucede a través de un corazón noble, o profunda ignorancia si sucede a través de un ego recalcitante. Si nos abrimos a la posibilidad que la liberación de la mente nos suceda se puede trascender lo ilusorio a través de la maravilla eterna de lo que Es, de la Luz siempre presente. Ningún personaje está capacitado porque es ilusorio, porque vive soñando sin reconocer su dualidad.  Sólo la Vida, la unidad viviente, siempre presente, puede trascender cualquier tiniebla, la propia ilusión.  Maravíllate en tu rendición, cuando descubras tan divino misterio sucediendo magistralmente a través de ti. Estamos siempre asentados en el milagro constante, ya se nos regala todo puesto que somos la Vida, y eso se ve o no se quiere ver. No hay más.