Amor Incondicional.

 

Ninguna persona puede ver o comprender, desde su visión dual, limitada y distorsionada de las cosas, que todo ser humano ya es el amor incondicional.

 

El amor incondicional no puede sentirse ni verse en el cuerpo, puesto que cualquier organismo corporal crea la idea necia de separación para vivir un viaje en el tiempo. La simple creencia de ser persona, ya es un relato en el tiempo, ya es un condicionamiento que nos incapacita para amar sin condiciones. El Amor puro y sin condiciones del Ser siempre presente, sabe y ve que soy todas las cosas o formas de Vida que hay, sabe y comprende que todo es perfecto y divino tal como se manifiesta ahora mismo, siempre ahora mismo. El Amor siempre contempla y abraza la energía presente, jamás está ausente, nunca se ha detenido en el pasado y jamás se detendrá en el futuro. Así, tal como ERES ahora mismo, siempre ahora mismo, sin mirar atrás y sin mirar hacia un futuro, ya estás siendo abrazado y acogido por el Amor Incondicional del Ser puro e inocente, porque ya eres su mismo amor.

 

No hay marcha atrás para el amor incondicional del Ser, es un amor que está por encima de las acciones buenas o de acciones malas, nos está empujando a todos ¡siempre a la vez!  a caminar hacia adelante, no se detiene nunca en los recuerdos ni en el mundo aparente de los deseos o sueños, y aunque lo abarca todo, todo, todo, todo, uno no puede sentirse amado sin condiciones hasta que no se funda con la Presencia infinita del Ser. ESO que ES ama incondicionalmente al despertado que hay en mí, en ti y en él.

 

El Amor incondicional no es un simple concepto, no es un sentimiento de propiedad en el cuerpo, no es una emoción en el cuerpo, no es un tipo de energía concreta. Está permanentemente presente, pero muchísimo más allá de las formas, de un viaje en el tiempo o de un mundo conceptual y necio que se nos implanta a la cabeza para el despertar de la consciencia, que llama amor a la sensiblería o solo a la manifestación de la bondad. Ese AMOR no tiene nada que ver con obtener logros personales, no es para soñadores o idealistas en obtener sólo éxitos materiales o personales, porque no tiene nada que ver con el mundo de las formas, de la imagen que tenemos de nosotros mismos, nada que ver con un mundo dual que ya le encanta permanecer ignorante ante la Vida. Cuando uno se ha fundido con el UNO, se sabe que el Amor Incondicional no es de este aparente mundo necio en el que vivimos todos, simplemente se encuentra cara a cara con el amor puro e inocente del Ser. Amar sin condiciones únicamente le concierne al Ser, puesto que ese Amor concierne únicamente a nuestra auténtica naturaleza original. Ninguna persona está capacitada para amar así, porque mientras permanezca en el organismo corporal el inmaduro sentimiento de propiedad o mientras perdure el miedo a la Vida, es imposible fundirse con ese Amor puro que lo inunda todo, todo, todo.    

 

Mientras uno imagine que ese amor es algo personal, algo que puede sentirse en el corazón humano de un cuerpo, sin ver que todas las herramientas corporales ya caminan y están movidas hacia adelante por el mismo amor, se pasará la vida sufriendo inútilmente, porque exigirá a cuerpos que se autodenominan personas que le amen sin condiciones, o se exigirá a él mismo poder amar así.  El ser humano fracasa y fracasará siempre mientras no vea que en el cuerpo jamás ha habido algo o alguien propietario de una vida. El cuerpo es una simple herramienta de uso y disfrute de la Vida que se utiliza para el gozo, no para el sufrimiento inútil.  La búsqueda incansable fuera de uno mismo hacia un ideal de vida mejor, adquiriendo conocimiento sólo para triunfar adquiriendo cosas, apegados a las ideas heredadas y preconcebidas sobre el bien y el mal, hace que no se vea con total lucidez que nuestra función no consiste en ser propietarios de vidas para adquirir sólo cosas, sino en SER.   

 

Si sólo queremos logros personales, éxitos, bondades, triunfos, famas, todo lo que a la mente se le antoje para seguir personalizando la existencia a más no poder, con tal de quedarse atrapada o parasitada en el cuerpo, el ser humano no verá nunca, a menos que la vida se apiade de él, que cada día tiene un problema muy importante o muy grave que resolver. El mayor de todos los problemas de la humanidad es pasar por alto la complejidad heterogénea de las formas exteriores, pasar por alto la Ley de los opuestos en el sí mismo, ignorando ¡siempre! la unidad, así como uno conceptualiza la Vida, así será su mundo por dentro y por fuera. El ser humano debería comprender que cualquier manifestación que se rechaza a la ligera, lo verá multiplicado por mil, porque sigue sin darse cuenta que todo sucede a través de él.

 

 ¿Cómo pueden las personas decir que son libres?, si desde su nacimiento hasta su muerte, si no se rinden para la liberación de la mente, se comportan como borregos modelados para servir a un sistema de creencias caducado y machista, totalmente organizado y establecido ya sea por aquella tradición, religión, política o cultura, ya sea para seguir con un relato aprendido sin ir nunca a la raíz del Ser. Si perpetuamos el relato como algo muy importante se irá creando un iluso yo que pretende apoderarse de la Vida, algo o alguien que creerá estar metido en el cuerpo. ¿Con un relato que la mente personaliza para sentirse propietaria de la Vida que ya sucede felizmente, podemos sentirnos libres?  El Amor implica generosidad, libertad, desapego, comprensión, respeto, confianza absoluta con la Vida, no hacer daño a nadie, pero mucho menos hacer daño con nuestras pobres palabras y acciones hirientes, heredadas de generación en generación, a niños inocentes de la Vida que inician su aventura del vivir. Si no nos revisamos por dentro, si no llegamos nunca a la raíz del Ser, vamos perpetuando la misma ceguera, la misma falta de respeto, el mismo apego, el mismo desamor hacia los niños, haciendo lo mismo de siempre, hacerles sentir culpables e irresponsables, perpetuando la idea ignorante de que la vida es cosa de caminar ciegos como borregos para tener solo cosas materiales o propiedades, perpetuar la misma ceguera de siempre con la misma creencia necia de que hay que negociar con la existencia,  rechazando siempre la unidad, hacerles creer que es cosa de reyes magos, principes y princesas, o hacerles imaginar que la Vida es un duro esfuerzo o un sacrificio. ¿Es así como amamos a los más inocentes, con tal de no asumir nunca en la Unidad la más profunda enfermedad, ceguera e ignorancia?.

 

El Amor Incondicional nos viene a decir precisamente que dejemos a ese tal mundo al que tanto queremos todos ayudar o salvar, en PAZ, que lo respetemos, que lo dejemos en libertad, pero sobre todo que revisemos el mundo interior, nuestras pobres mentes duales repletas de palabras y tradiciones heredadas de generación en generación sin trascender para seguir apoyando un drama sin fin.  Lo más maravilloso que podemos hacer en esta Vida para los demás, es dejarlo todo en manos del poder que nos creó, sólo así podemos fundirnos con el Amor Incondicional del Ser, dejar de ayudar a personas ilusorias a imaginar que son personas propietarias de vidas muy importantes metidas en un cuerpo, o que como personajes soñadores podemos amar sin condiciones. Somos la Vida siempre presente, no personas soñadoras, siempre ausentes. 

 

Un cuerpo que se hace llamar padre o maestro de vida, humilla, maltrata, molesta y hace sentir culpable a quien llama hijo o alumno, es un necio,  un irresponsable, un indeseado y un inmoral, y  lo mejor que se puede hacer con un cuerpo así que se hace llamar padre ejemplar o maestro de vida, es matarle en la Consciencia, es deshacerse de él cuanto antes, porque no es suficiente con el simple y pobre perdón humano, no es suficiente que se siga manteniendo el mismo caos de siempre. ¡Ala! pido perdón, pero mañana seguiré igual, te maltrataré a más no poder para que no veas nunca que el que se maltrata a más no poder soy yo mismo. ¿Quiénes nos hemos creído que somos como personajes, qué es eso de hacemos pedir perdón?  Así está el mundo, con tal de salirse con la suya, inventamos el perdón humano para que el padre de la mentira pueda maltratar al hijo de la verdad, y el hijo debe aguantarlo y perdonarlo tantas y tantas veces como se le antoje al padre. Ese hijo, tal vez, más adelante será padre, pero seguirá con la misma tragicomedia de la mentira sin trascender, metida en la cabeza y sin saber por qué y para quien suceden las cosas, por supuesto si no se rinde al Ser.  Si se sigue así, copiando o imitando para satisfacer las necesidades de un mundo necio de propietarios de vidas importantes que se nos implanta en la cabeza, no se ha comprendido nada de las enseñanzas que hablan de la verdad inalcanzable. Yo no soy nadie para perdonar a cuerpos, ni nadie debe perdonarme a mí. ¿Cómo pueden unos simples personajes que son ilusorios, creer que tienen poderes especiales para perdonar a la Vida? Somos la Vida, no personajes, a ver si se enteran algunos cuerpos que se hacen llamar padres ejemplares o maestros iluminados. Ya va siendo hora que se arrodillen algunos cuerpos, de verdad, ante la Presencia del Ser de esos inocentes hijos de la Vida. Si un padre te ha maltratado o te ha humillado a más no poder, y sigue, sigue y sigue intentando dirigirte, controlarte, manipularte o sigue exigiéndote ejemplo de amor y de Vida,  tenga la edad que diga tener, déjalo en manos de la Vida, dale las gracias porque el amor incondicional del Ser que habita en él te ha ayudado a despertar, que sea la Vida la que le haga ver lo que tú no has sido capaz, ni puedes por más que lo intentes. Tu te has proyectado en ese padre para verte a ti. Cada cual tiene su propia invitación, la de tu padre no es la tuya, ni la tuya es la de tu padre, puesto que la haya aceptado o no, sea un padre o quien sea que te haya hecho sufrir inutilmente, vas agradecerle toda la vida que te haya hecho abrir los ojos, puesto que cada cual debe ver hasta qué punto uno ha sido infiel a su verdadero Ser, hasta que punto uno ha preferido proyectarse en la mentira, hasta que punto uno se ha mentido a más no poder con tal de sentirse propietario de cosas, de hijos, de padres o de las formas de vida que sean. El amor incondicional del SER no es de nadie, no es cosa de propiedades y menos es cosa de un mundo necio e inmaduro repleto de cobardía.  El Amor maravilloso, liberado y puro del SER, jamás se equivoca ni jamás te hará sentir irresponsable o culpable. A ninguno de sus hijos o creaciones si se inclinan para pedir su abrazo eterno los dejará sin atender. Yo no soy hija de cuerpos, soy hija de la Vida, y la Vida me ama así, tal como soy y me muestro en este preciso instante, porque más allá de la falsa creencia de ser un personaje metido en un cuerpo, soy la Vida misma.   El Amor Incondicional del Ser está más allá de nuestros pobres relatos personales aprendidos y mucho más allá del corazón humano. Está siempre ahí, siempre ahí, abrazando la propia manifestación, lo inunda todo, porque todo fluye a través del amor incondicional.

 

Todos somos inocentes hasta que la ignorancia intenta apoderarse de nosotros. Para recuperar la auténtica inocencia, uno debe liberarse de todo apego, de aquello que heredó o muy inocentemente se creyó por amor. Debe quedarse prácticamente sin nada para que el auténtico YO pueda amar y trascender la caótica historia personal.  Sólo así es posible la auténtica libertad y fundirse con el auténtico amor. No debe cambiar nada, simplemente dejarse vivir hasta fluir con la libertad absoluta del SER. Estamos siendo vividos por la Vida, nadie tiene una vida en propiedad.

 

A este instante tan vital, siempre presente que ya sucede consciente de sí mismo, nadie le puede llamar padre, hijo, maestro, alumno, bueno, malo o el concepto inventado que sea, con tal de salirse con la suya. Sólo hay Vida siendo Vida. Nadie que tenga una vida ni nadie que pueda mover la existencia, nadie que pueda controlarla, cambiarla, mejorarla o empeorarla, simplemente se ve o no se ve.

 

La existencia fluye sin edades,  sin tiempos y sin relatos, no persigue satisfacer glorias personales porque no las necesita. La gloria más divina de todas, es liberarse del ilusorio yo, permitiendo que el auténtico Yo trascienda el relato personal sobre el bien y el mal, puesto que es lo único que intenta impedir que la existencia maravillosa y divina sea tal como ES. Estamos todos asentados en el milagro sin fin, amados incondionalmente por igual. Cada cosa, cada gesto, cada instante es un auto-recordatorio para recuperar la visión y la forma natural de vivir, para regresar a la Presencia del Ser.

 

¡¡Gracias!!