Eso que ES, lo que tanto anduve buscando, vino a mi encuentro, vino a rescatarme cuando dejé de buscarlo, y todo aquel que tanto anhelé ayudar, controlar o cambiar se ha convertido en Mí.  

 

Toda religión organizada de este mundo, contiene en ella la esencia de la verdad inalcanzable, y aunque sea pura imaginación cualquier historia o metáfora que se nos implanta en la cabeza, sin su contribución en el mundo dual aparente en el que vivimos todos, nuestros actos o acciones se verían privados de fundamento moral, la aventura del vivir sería una selva sin orden y sin ley. Y aunque se haya adulterado la esencia de la verdad para hacer un circo necio, la Vida sería una pesadilla con más tragicomedias que nunca si al hombre se le dejase con su aparente libre albedrío o con la imaginación al poder, todo se manifestaría sin un orden establecido. El hombre necio no vería nunca su inmoralidad y convertiría ese tal mundo en el que vivimos todos en una pocilga, en una catástrofe mucho más desordenada y mucho más caótica e incoherente de la que hoy en día podamos ver. La Unidad no se equivoca nunca, jamás comete errores, se equilibta a sí misma constantemente, por eso mantiene vigente y organizada la Ley de los opuestos para todo aquel o aquella que camine ciego y sordo ante la Vida, no duda ni un solo instante en sostener una doctrina que es inherente a cada hombre y a cada mujer, esa doctrina es: ama al prójimo como a ti mismo.     

 

¿Cómo podía yo decir que amaba al mundo en el que vivimos todos, sin haber amado mi totalidad?  ¿Cómo puede uno decir que la Ley de los opuestos no es justa ni necesaria, si es inherente a todos los seres humanos, si es divino que nos suceda a todos a la vez?  ¿Cómo podemos imaginar que amamos al prójimo, sin antes reconocer y amar ambas polaridades por igual, exactamente por igual?   Mientras haya rechazo y pavor a la polaridad que llamamos mala o negativa, veremos maldad y caos por doquier, porque proyecto al exterior aquello que no quiero ver ni reconocer en mí. Incluso una simple batería necesita ambas polaridades para poder dar LUZ. El despertar es como un parto, duele al principio, sólo antes de dar a luz, sólo cuando no vemos que ya somos esa única LUZ.

 

La Ley de los opuestos, hace que todo el mundo nos vea tal como somos o tal como nos comportamos, menos nosotros mismos. Hasta que no me arrodillé para verme a mi misma y hasta que no dejé de buscar, regalar o implorar soluciones mágicas, no pude ver ni reconocer con total lucidez mí totalidad. Si camino por la Vida sin amar ambas polaridades por igual, creeré que hay en mí dos luces, una buena y otra mala, estoy interrumpiendo dar con esa única LUZ, vivir con total lucidez, amar con auténtico amor. Hasta que ambas polaridades no se unan en matrimonio en el sí mismo o no se fundan en una, vemos sin lucidez, amamos sin auténtico amor, entonces creamos e inventamos fantasmas, dioses rigurosos, extra terrestres, películas de ficción, cielos e infiernos, ángeles y demonios, buenos y malos, justos y pecadores, y por supuesto todo tipo de imaginaciones que inocentemente personalizamos al no ver que el ilusorio yo por el cual nos tomamos o la imagen que tenemos de nosostros mismos, no tiene luz propia, no sabe ni comprende que no existe todo lo que imagina, incluso podemos llegar a imaginar que hay un más allá, porque sin auténtica comprensión y sin auténtica compasión hacia uno mismo, no podemos ver con total lucidez la grandeza absoluta del Ser siempre presente que está siempre ahí, siempre ahí, es ESO de nosotros que habita en el epicentro de nuestro SER. No hay dos luces dentro de un cuerpo, somos una Consciencia que ya es consciente de sí misma en todo momento, que nos mueve hacia adelante con una única Ley Universal, inherente a todos, a todo sin excepción. Sin ver ni reconocer nuestra más profunda ceguera e ignorancia ante la Vida, no podemos liberarnos de esa Ley de los opuestos que nos esclaviza, que aparentemente nos enferma, porque vivimos sin ver que es vital e intrínseca a todo.

 

Si yo me veo a mí tal como soy, exactamente tal como soy, sin excluir ni rechazar nada de nada de lo que vea aparecer y suceder dentro de esta vasta inmensidad llamada intimidad, podré reconocer para que me sirve la película divina llamada “el mundo y yo”, entonces empezaré a tener en consideración todo punto de vista de cada ser humano, no antes. Tal vez no compartiré su relato, pero lo comprenderé, lo respetaré y lo amaré porque está sucediendo a través del todo que hay en mi,  ya no tendré ningún tipo de necesidad ni de intención de mejorar, curar, ayudar o cambiar nada de los seres humanos, porque cada ser humano es muchísimo más que un cuerpo efímero y mortal, muchísimo más que un simple relato en la cabeza, y muchísimo más que un cúmulo de imágenes y palabras. No hay auténtica humildad ni auténtica compasión hasta que uno no se incluye en la más profunda humildad y compasión. Dejar de buscar y dejar de ofrecer soluciones mágicas al exterior para ayudar a personajes ilusorios a permanecer en lo ilusorio, hace que veamos que somos la Vida. Estamos siendo vividos por la Vida, que ya nos está empujando a todos a la vez hacia adelante, jamás se detiene en el pasado, ni jamás se detendrá en un futuro, porque el tiempo no existe, es totalmente ilusorio. Simplemente hay que reconocer la más profunda ceguera e ignorancia ante la Vida, permitir que esta maravilla nos suceda sin interrupción con auténtico amor. SI realmente se quiere la paz del mundo y amar al prójimo como a uno mismo, (no más, ni menos, ni peor,  ni mejor que a uno mismo, sino como a uno mismo) debemos empezar y terminar por nosotros, dejar el mundo en paz, tal como está, en manos de su creador, porque precisamente el mundo nos está ayudando a despertar del drama eterno sin fin, a todos, a todos sin excepción.  Cuando la auténtica humildad y la auténtica comprensión se suman, surge de la Nada una nueva luz y un nuevo Amor, una fuerza que se hace irrompible, una fuerza divina que es inherente e intrínseca a todas las criaturas del Universo.  Cuando el despertar se ha consumado te das cuenta, con total lucidez, que no le ha sucedido a nadie, porque únicamente hay Vida siendo Vida, nadie que tenga o viva una vida en propiedad. 

 

La auténtica libertad reside en permitir la realización del auténtico YO, para llegar a ser una flor, un árbol, un animal, el mundo, el prójimo, lo que sea que se manifieste, porque en realidad cada uno de nosotros es el UNO, la máxima verdad, lo inalcanzable, ESO absoluto que no se ha movido ni un instante de la Presencia, ESO que abraza y ama todas las manifestaciones, todas las criaturas, todo lo conocido y todo lo desconocido.  Cuando desaparece ese maravilloso caos sin fin del ilusorio yo,  aparece el milagro sin fin del auténtico YO, del Ser siempre presente.

 

Cada ser humano nos está regalando lo más brillante y maravilloso de él, por supuesto si sabemos verle más allá de la imagen que tenemos de él, mucho más allá de las pobres palabras aprendidas y mucho más allá de un relato personal.  Todo es lo mismo, sólo hay una maravillosa y única Eseidad que llamamos UNIDAD, VIDA, Existencia o Dios, llámala como quieras.  Cada uno es Nada y es Todo. Al final ves con total lucidez que no hay ni bueno ni malo, ni mejor ni peor, ni justos o pecadores,  hay ¡siempre! la maravilla eterna de lo que ES. El mal jamás podrá vencer al bien. El mal no podría moverse sin el bien. El ilusorio yo, ese personaje que aparentemente inventamos, lo ve todo el mundo, menos nosotros mismos, es lo que llamaríamos el diablo, la cruz, el sufrimiento, las tinieblas o el mal, porque es lo que quiere adueñarse de lo que en verdad somos, pero jamás, jamás lo conseguirá, porque ESO que ES, es nuestro bien absoluto, la máxima LUZ o realidad, lo que no hemos dejado de ser. Todo está más allá del relato que nos contamos y mucho más allá de la imagen que tenemos de nosotros mismos, mucho más allá de las pobres palabras aprendidas, copiadas o imitadas. Todo YA ES. Somos totalmente indefinibles, totalmente originales, únicos e impersonales. Somos totalmente atemporales e inmortales. Somos Vida siempre presente, no personajes siempre ausentes.

 

No pude ver como lo podrido se apoderaba divinamente de mí, hasta que no deje de buscar al exterior, hasta que no me arrodillé para implorar la visión del SER, entonces es cuando se me regalo la segunda oportunidad, la visión del único SER, de la UNIDAD. Sin ti, sin él, sin el mundo aparente, no podría ver el milagro sin fin sucediendo magistralmente a través de mi. En realidad, yo soy tu mismo. 

 

Cuando uno reconoce que es Nada, sólo puede compartir un conocimiento que es inherente a todos, ¡a todos!  puesto que la Vida es de nadie y para nadie, uno ya no puede hacer nada más, simplemente puede agradecer a la Vida por tan magistral y tan divino misterio sucediendo tan maravillosamente bien, tal como ES, ya todo es un regalo divino y bellísimo en la Presencia del Ser. 

 

¡¡¡Gracias!!!